lunes, mayo 09, 2011

Homenaje al gran Godino

(texto leído en la entrega del PREMIO FUNDACIÓN ARGENTINA PARA LA POESÍA. LUNES 9 DE MAYO, 2011 – 16:30. FERIA DEL LIBRO – SALA ROBERTO ARLT)



LA POESÍA DE RODOLFO GODINO
por Cristina Piña

In memoriam Javie Adúriz



Hay tareas que uno acepta con alegría y orgullo, pero, en rigor, sin tener verdadera noción de todo lo que implicarán en cuanto a descubrimiento, placer, ahondamiento en la belleza. Y eso fue precisamente lo que me ocurrió cuando respondí afirmativamente al pedido de Rodolfo Godino –transmitido por Lidia Vinciguerra- de que hablara hoy sobre su obra, en ocasión de la entrega de este Gran Premio de Honor de la Fundación Argentina para la Poesía.


Por supuesto que me sentí profundamente honrada de que Rodolfo me eligiera a mí, cuando tantos poetas y críticos de la altura de Carlos Mastronardi, Basilio Uribe, Alberto Girri, Raúl Gustavo Aguirre, Javier Adúriz, Daniel Ponce, Pablo Anadón, Alejandro Patat y Ricardo Herrera han escrito admirablemente sobre él, así como alegre ante la perspectiva de volver a su poesía, sobre la que también he escrito en diversas ocasiones.

Pero lo que no medí fue el impacto interior que significaría releer casi de una sentada la totalidad de su poesía –o casi, pues volví a la incluida en Viaje favorable (1954-2004) y Asunto por asunto (2010)-, el regocijo estético, la sensación de encontrarme con nuevos niveles de significación en una obra que creía conocer y que, retomada después de casi treinta años de entrar en contacto con ella –porque leí por primera vez la poesía de Rodolfo, más concretamente Gran cerco de sombras, en 1982- no sólo me confirmó que Rodolfo es uno de los mayores poetas argentinos del siglo XX, sino que me deslumbró con nuevos destellos de sentido, de belleza y de ética de la escritura.

En efecto, una cosa fue ir conociendo uno tras otro los sucesivos libros que, tras el largo silencio que media entre Gran cerco de sombras de 1982 y A la memoria imparcial de 1995 fue publicando Rodolfo –de Centón (1997) a Lengua diferente (2004)- así como incorporar los que no conocía a través de la antología Curso del 82 y otra bien diferente releerlos todos juntos y casi, como señalaba, de una sentada en Viaje favorable y en el admirable reordenamiento que realiza el propio Rodolfo en Asunto por asunto. Si insisto en la diferencia es porque, más allá de la visión bastante clara que tenía de su obra, gracias a esta lectura advertí con más nitidez que nunca la profunda unidad que hay en su producción, tanto como las modulaciones de lo que podríamos llamar sus grandes preocupaciones –la reflexión sobre la poesía, la relación entre palabra y realidad, el valor de la memoria, la división entre la superficie del poema, que se quiere pulida y perfecta, y la oscuridad hirviente de la psique, la noción ampliada de realidad, el simultáneo terror y fascinación ante la materia, la presencia de la naturaleza, etc.- y las sutiles pero decisivas modificaciones de una poética marcada a fuego por el laconismo, el repudio de lo coloquial en sentido amplio y un trabajo obsesivo sobre la sintaxis.

En estas palabras, por necesidad breves, me propongo dar cuenta de esa simultánea percepción de unidad y modulaciones que me produjo la relectura de su obra, pero antes quiero señalar un par de factores que demuestran hasta qué punto es entrañable y cercana para mí a la poesía de Rodolfo.

La primera, tiene que ver con el hecho de que en dos ocasiones, en el contexto de un concurso, elegí, por admiración y coincidencia en cuanto a la concepción estética el libro que presentó. Un caso es público y notorio, ya que fui jurado de preselección en el Concurso del Diario La Nación de 1994 donde Rodolfo ganó con A la memoria imparcial votado unanimidad en las dos instancias del concurso: preselección y selección definitiva. El otro, secreto, porque casi 15 años antes también elegí Gran cerco de sombras entre los finalistas del premio de Mar del Plata, sólo que anónimamente, in pectore y sin incidencia alguna en el otorgamiento del premio, porque en este caso yo no era jurado sino Federico Peltzer, mi pareja de ese momento.

El segundo es menos literario pero no por ello menos significativo: también yo soy una “hija de Piscis” como diría Rodolfo, por lo que, sin duda, resuenan de manera especial en mí la música y las elecciones estético/temáticas de su poesía.

Yendo ahora a lo que he llamado las preocupaciones y rasgos centrales de la poesía de Rodolfo, creo que Pablo Anadón acierta admirablemente cuando la califica de poesía de meditación, en el sentido de poesía que “piensa el sentimiento y siente el pensamiento” que le da el poeta español José Ángel Valente. En efecto, Rodolfo no cae nunca en la anemia de la poesía que exclusivamente se limita a pensar –como es el caso de ciertos autores con los cuales se lo ha identificado erróneamente- sino que desde el comienzo de su producción y cada vez más acusadamente a partir de Elegías breves y, sobre todo, Ver a través, se permite el vuelo lírico y el temblor de la emoción, así como infundirle pasión a sus palabras, sin que ello implique ceder a los desórdenes y las trampas verborrágicas del sentimiento, sino haciéndolo a partir de una pasión por lo perfecto, que implica someter el mundo interior desbordado a la mediación entre pulsión e imaginación que implica todo poema, como lo afirma, de manera privilegiada, tanto en el “Arte poética” de Gran cerco de sombras como en el poema “Al censor” que abre A la memoria imparcial:



ARTE POÉTICA

El poema busca la mediación:

su móvil aura se anuncia

a la conciencia expandida.

Cuando el desorden refluye,

para encarnarse baja, tránsito

que no cambia ni redime:

sólo hunde la carga que transfiere. (129)



AL CENSOR

Es tan crítica la soledad

donde se cuecen

los signos personales y las rupturas

de la emoción, y tan grave

el decoro, tan torpe,

que el gesto de enviar

estos poemas abiertos

sólo quiere decir estoy vivo,

el escándalo mental encuentra límites

en la poesía, en la mesura

de razón e imaginación. (143)



Pero si el poema es esa instancia de mediación, la experiencia personal que constituye la materia del poema, está a su vez mediada por una distancia que garantiza el equilibrio y que en gran parte de su obra debe establecer, ante todo, la memoria, instancia a partir de la cual se aborda de forma privilegiada la experiencia, según ya está admirablemente anticipado en el poema “Regreso de sombras” perteneciente a su primerísimo producción que recién aparece en libro en el apartado Ensayos de Viaje favorable:



REGRESO DE SOMBRAS

No perdamos la distancia, memoria

que debes describir el leve ruido

de los convidados. (41)



Y, en efecto, en la totalidad de su producción la memoria ocupará un lugar de privilegio, en su carácter de encargada de traer la materia real al poema. Sin embargo, el cumplimiento de esa tarea no es una constante, ya que a partir de 1972 el poeta procura reemplazarla por la “mirada presente” que da título al libro de ese mismo año y que intenta sustituirla hasta A la memoria imparcial de 1995 -es decir, a lo largo de tres libros- como recurso para “preservar el mundo” en el poema, según se ve en el poema “Landscape” de La mirada presente



LANDSCAPE

La extraña ambición de preservar el mundo,

la fijación de rasgos

que incesantemente

son otros y contrarios,

oh ambigua cabeza de la princesa d’Este

sonriendo

en una iglesia solitaria.



Sujeto cambiante y débil instrumento

llevan al reino de la aproximación

donde soñando que una parte

representa al todo

siempre la constancia atrapa un matiz. (87)



Sin embargo, sin duda por la conciencia claramente manifiesta de la variabilidad del sujeto y la debilidad del lenguaje, esa mirada presente queda reemplazada en su obra posterior por la memoria, facultad que, a pesar de todo, no se idealiza, pues se reconocen –y desenmascaran- sus leyes traicioneras y engañosas, revelándola en su carácter de desvío de la mente, ficción compensatoria o fatal que burla toda disciplina, pero que más allá de eso, permite restaurar en su precariedad de impresión frágil y tamizada de emoción, la materia esquiva de la experiencia.

Ahora bien, que la memoria vuelva a recuperarse como factor capital para traer la materia de la experiencia a la poesía, implica una nueva valoración de ella, por la cual se la proclama abiertamente única instancia capaz de preservar el mundo, según se ve en el final del poema:

A CAMPO TRAVIESA



… (Milagro

sometido a lo real

retornando gracias a ti, memoria

protectora del alma, escudo). (218)



Asimismo, dicha recuperación determina simultáneamente que la poesía de Godino adopte un tono elegíaco que, si estaba presente casi desde el comienzo de su escritura, a partir de Elegías breves parece adueñarse de su poesía, sólo que ahora legitimado por el derecho inalienable de la edad, como lo dice en uno de los poemas de este libro, titulado “Convertido en algo que no tiene nombre en lengua alguna”:



Lo elegíaco –el manoseo de las sombras,

aquel sonido falso en el poema joven-

sopla, es real, después de los cincuenta (222)



Y si el tono se vuelve elegíaco y la mirada se dirige hacia un pasado que irá volviendo en cada libro con más peso y voluntad de revelación, lo que antes quiso ser una preservación del mundo ahora parece convertirse, ante todo, en un acuciante examen de conciencia del frágil y endeble sujeto poético. Porque si el sujeto que habla en los sucesivos libros de Godino se ha ido volviendo cada vez más impersonal y lábil y contradictorio –ese hijo de Piscis dividido, escindido en dos peces inconciliables y contrarios en la orientación de sus cuerpos- también está cada vez más fatalmente dispuesto a dejar salir esa verdad interior desprolija y culpable que ha mantenido a raya a lo largo de los años. Así, al cabo de libros en los que sólo se esboza algún poema amoroso –pienso en el hermoso “Amantes” de El visitante (1961)- en Ver a través comenzará a brotar la memoria del amor no sido, para componer, por fin, ese cancionero casi petrarquesco –como lo señaló atinadamente Alejandro Patat- que es Estado de reverencia. En él, el elemento erótico alcanza la densidad delicada y doliente de lo perdido que persiste y la palabra ya no actúa exclusivamente como hasta ahora, es decir como lo que preserva la experiencia, sino con una ambigüedad radical, ya que si por un lado es lo que la hace coagular y persistir:



La extraviada, la invisible

me envió en los años de la dispersión

un retrato de nuestra historia,

una carta donde lo escrito

era tan claro como el sentimiento. ( 278)



por otro, al quedar retenida, interrumpe la unión y la realidad de la experiencia, según lo dice, sesgada y bellamente, el comienzo de la serie de poemas “Estado de reverencia”:



I

Sujeta, impedida

mantuve en mi boca la palabra

que nos hubiera convertido,

la que debió orientar,

conducir

hasta los cuerpos desmañados

agua de unión. (287)



Recién califiqué de “sesgada” la expresión de Godino y creo que lo es, en el más alto sentido de la palabra, no sólo aquí sino en la totalidad de su obra. Porque desde el primero al último de sus libros hay en él una conciencia clara de que, como diría el filósofo francés Gilles Deleuze, escribir implica construir una lengua propia, que, en ese sentido, es una lengua extranjera dentro de la propia lengua; hacer vibrar la lengua materna de una forma tal que se aleje de su uso mayoritario, comunicativo, banal y se constituya en lengua menor, no en sentido peyorativo, sino en el de lengua vibrante por la emoción y el afecto.

La forma concreta en que Rodolfo hace vibrar la lengua, la carga de afectos, es imprimiéndole una torsión sintáctica personalísima, inconfundible, que convierte su dicción en una “dicción otra”, su lenguaje en ese “murmullo inmortal” por el cual se está dispuesto a cambia la vida, como se afirma en el “Arte poética” de Gran cerco de sombras.

Podría decir muchísimo más sobre la deslumbrante poesía de Rodolfo Rodino; podría extenderme en el análisis de sus estrategias para escribir desde el límite de todos los opuestos que convergen en su obra; para convocar la doble faz de la interioridad y el mundo, el peso insoportable de lo real y su gloria al presentarse como jardín o nube, para traer las figuras entrañables del pasado –el padre, la madre, la abuela- en poemas atravesados por el amor y la culpa, para exhibir la partición insoportable de la subjetividad. Prefiero, sin embargo, retornar a su palabra y leer, como cierre de mi intervención, uno de sus poemas donde me parece que brilla lo más entrañable de su voz poética y el fragmento final de otro, que siempre sentí como una confesión desgarradora y eufórica:



RIOBAMBA AL 1200



Por tener el corazón expuesto

-lo que muchas veces quiebra la garganta

y engendra opresión o induce al llanto-

quedé impedido junto al delgado tilo de vereda

en el primer día de octubre,



mes generador que abre

levísimos brotes, claras, casi líquidas hojas

que anuncian a quienes puedan ver y oír

los infinitos milagros que en pocas horas

comenzarán a caer sobre la tierra



CANCIÓN EN PISCIS

3

(…)

Agradeces y pagas

un tributo imparcial:

quienquiera que seas

las palabras te mutilaron,

te hicieron libre.

sábado, abril 30, 2011

miércoles, abril 20, 2011

domingo, abril 10, 2011

Pescando al ahogado (diario El Litoral)

http://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2011/04/09/arteyletras/ARTE-01.html

Por Cecilia Romana


“Castellani crítico. Ensayo sobre la guerra discursiva y la palabra transfigurada”, de Diego Bentivegna. Ediciones Cabiria. Buenos Aires, 2010.

Leonardo Castellani nació al norte de Santa Fe, más precisamente en Reconquista, un 16 de noviembre de 1899. De la misma forma que el tiempo se encargó de enterrar la primera fundación de don Juan de Garay en nuestras tierras, los años fueron ahogando la voz potente y original de este sacerdote jesuita, convirtiendo su nombre en una palabra hueca.

Pero Castellani fue un escritor prolífico, insólito en nuestro medio. Un crítico intrépido, cuya audacia le valió el exilio y quizás también, el olvido.

Tomando la posta de su interesantísima visión intelectual, Diego Bentivegna aborda su obra en Castellani crítico. Ensayo sobre la guerra discursiva y la palabra transfigurada, un libro esencial para ubicar a nuestro autor en tiempo y espacio, y confrontarlo con sus contemporáneos, los mismos que lo alabaron o defenestraron, según la época y el momento político que atravesaba el país.

Bentivegna, con un manejo erudito de las fuentes utilizadas, nos muestra el rostro menos conocido de Castellani: sus discrepancias con Borges; sus afinidades críticas con José María Rosa y Leopoldo Marechal, entre otros; sus gustos estéticos que ponen por encima de la poesía de Juan Ramón Jiménez a la de Miguel Hernández, por ejemplo; sus pensamientos sobre el libro como objeto, del que dice: 
“Quien hace una cosa, es suya. ¿Quién hace un libro? Primeramente el autor del libro, a veces con pedacitos sanguinolentos de su cerebro y fibrillas vivas de su corazón. Después del autor, el que hace un libro es el impresor, que le da cuerpo material. Tercero hace el libro el editor, que prestando su capital, hace posible a los otros dos obreros su obra, a veces trabajando él muy poco. Finalmente entra el librero, el cual lo tiene depositado en su casa y lo va vendiendo. La justicia más obvia pediría, pues, que el producto pecuniario de esa producción cultural fuese de mayor a menor en este orden: el autor, el impresor y el libro. ¿Qué pasa? Pasa todo al revés”.

Todos estos rasgos, más una invalorable cronología y la sección que el autor llama “Vademécum crítico”, que reúne textos del propio Castellani, esenciales para una mayor comprensión y penetración en su obra, conforman un volumen breve aunque concentrado que tiene por mayor virtud la de rescatar una figura original de nuestras letras, no sólo en los aspectos reconocidos de su labor narrativa, sino en su perfil ensayístico y crítico.

En la pluma de Bentivegna, estos fascinantes textos acaban por ser una pincelada evocadora del capital literario de todo un período histórico y él, en consecuencia, el arqueólogo que desenterró las ruinas, o el pescador que sacó del río al hombre ahogado.

Castellani sobre Borges


http://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2011/04/09/arteyletras/ARTE-02.html

El libro de Diego Bentivegna “Castellani crítico” presenta un apéndice bajo el título de “Vademécum crítico” con citas en las que recurren Baudelaire, Claudel, Joyce y Marechal, entre otros. Transcribimos aquí las referidas a Jorge Luis Borges.


Agorafobia literaria, Borges
Borges padece de agorafobia literaria: busca los rincones de la literatura; y cuando topa con una gran plaza, la cruza de una disparada frenética. Después que la ha cruzado, describe con ésa su belleza verbal de avezado poeta lo que ha pescado en ella; y la gran plaza (Cervantes, Dante, Quevedo, José Hernández) comienza a achicarse rápidamente y se convierte en rincón; a veces, sombrío. Así Chesterton se convierte al final de una nota en un talento fallido; Belloc en un pensador “derrotado por Wells”; y León Bloy en un hereje. Borges afirma que León Bloy creía ser católico; pero que él sabe que era un hereje. ¡Asombroso! ¿Cómo lo sabe? Pues porque León Bloy cree, lo mismo que San Pablo y otros no poco santos, que vemos a Dios “en espejo y en enigmas”; y que el espejo y el enigma no son sino la Creación y la Historia, las cuales tienen por ende para la fe un valor simbólico. Por eso León Bloy es hereje. ¡Desdichado de mí, yo también!

Inercia literaria. Borges
Borges es un exquisito sofista y un peligroso malabarista de ideas, además de un simulacro de filósofo, y un crítico literario de gran altura, aunque parcial. También es uno de nuestros más indudables poetas. A pesar de su gran ingenio, para el gran público es aburrido; porque el ingenio, la agudeza, la erudición, la retórica y la desesperación pueden simular la vida, no pueden engendrarla. Y así las obras de Borges son, casi sin excepción espléndidamente inertes, como bustos, como camafeos. Son productos mineralógicos: ácidos, sales, cristales, químicamente puros; pueden corroer y deshacer, no pueden alimentar, helás. Pero pueden sazonar, pero pueden desinfectar; pero pueden pulir, como los venenos

lunes, marzo 21, 2011

para chusmear...

Diego Bentivegna en el blog de Link...

http://linkillo.blogspot.com/2011/03/las-travesias.html

lunes, febrero 28, 2011

Hotel Quequén IV, Submarino - NOTA en el diario EL LITORAL, de Santa Fe

http://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2011/02/28/opinion/OPIN-02.html

Encuentro de escritores en Quequén


Un mar de lecturas


De la Redacción de El Litoral

Durante el fin de semana del 20 y 21 de febrero, se realizó en las playas de Quequén -provincia de Buenos Aires-, el tercer encuentro de lecturas en la arena que organizaron las poetas Marina Serrano y Cecilia Romana, fundadoras de la editorial independiente Sigamos enamoradas. Esta vez, la excusa para juntarse frente al mar fue la salida del cuarto volumen del libro Hotel Quequén, que en esta oportunidad presentó textos de una variada gama literaria, que va de la poesía a la narrativa, pasando por el ensayo filosófico y la crónica histórica.
Los escritores convocados en esta oportunidad -Carlos Bernatek, Susana Cella, Enrique Butti, Mercedes Araujo, Cristina Piña, Diego Bentivegna, Juan Bautista García Bazán, Diego Di Vincenzo, Daniel Freidemberg, Elba Serafini, y las nombradas Serrano y Romana- viajaron a las costas bonaerenses para leer sus trabajos bajo la atenta escucha de los veraneantes y poetas de la zona, que compartieron dos jornadas de emoción y buena literatura que culminaron con un frenético baile en el bar del balneario Monte Pasubio, donde se llevó a cabo el encuentro.
Sigamos enamoradas, el sello que crearon Serrano y Romana en el año 2006, y que ya lleva editados doce volúmenes entre poesía, narrativa y ensayo, apostó nuevamente a su viejo estilo: el de llevar a los autores a la playa y hacerlos leer frente al mar para mudar el fenómeno literario desde la urbanidad a la costa y aprovechar la ocasión para entrelazar vínculos entre los autores, que durante esos días desayunan, almuerzan y cenan juntos, en la interesante conversación que surge de la convivencia cotidiana.
En esta oportunidad, además de las dos lecturas oficiales, el evento playero contó con una invitación a escritores que no formaron parte del volumen Hotel Quequén IV, pero viajaron al mar a compartir sus textos. Ellos fueron, Daniel del Percio, Mariana Docampo, Paula Jiménez y Vanesa Guerra.
En la contratapa del volumen que acaba de publicarse se lee, a propósito del título (Hotel Quequén): “En el sótano (secreto) de este hotel funcionó la primera ruleta del país; por las noches, prestigiosos caballeros del siglo pasado apostaron clandestinamente mientras sus familias, ignorantes, gozaban el sueño pesado de un día de playa. Hoy, lejos de ese tiempo y en el mismo umbral, otras voces (contemporáneas pero igualmente enclaustradas) discuten, reflexionan y urden una trama: filosófica, narrativa, histórica, poética. Trama que llega, sin cortes ni correcciones, a imprimirse en este cuarto volumen de Hotel Quequén, Submarino. Un conjunto de ideas casi desapercibidas cuyo destino resultará, quizá, tan azarosos y arriesgado como el de aquellos pretéritos entretenimientos de sótano: la entrega amorosa a un lector dilecto”.


Las artífices del encuentro expresaron su alegría por los resultados y prometieron informar con antelación los datos del próximo, que seguramente juntará otras voces y otras escrituras, en esa hermosa y extensa playa del sur de Buenos Aires en febrero de 2012.

miércoles, febrero 23, 2011

Hotel Quequén IV, Submarino - videos lecturas

Cristina Piña
http://www.youtube.com/watch?v=j-q0KRdhaZY

Cecilia Romana
http://www.youtube.com/watch?v=za58MDnDNS0

Susana Cella

Daniel Freidemberg
http://www.youtube.com/watch?v=SqviaPmLbSc


Juan Bautista García Bazán
http://www.youtube.com/watch?v=vuI-Lla9AHQ

Carlos Bernatek
http://www.youtube.com/watch?v=0McQBzj8Dk8

Marina Serrano

Vanesa Guerra
http://www.youtube.com/watch?v=PU2wxgYacQI

Mariana Docampo
http://www.youtube.com/watch?v=UgkJzs7WIio

(paciencia, tardan mucho en subir...)

Hotel Quequén IV, Submarino - Fragmento IV - Daniel Freidemberg

RESISTENCIA

Daniel Freidemberg nació en Resistencia, Chaco, en 1945 y vive en Buenos Aires. Algunos de sus libros de poemas son: Blues del que vuelve solo a casa (1973), Lo espeso real (1996), La sonatita que haga fondo al caos (antología personal, 1998) y En la resaca (2007). Ensayo y crítica: La poesía del 50 (1982), La palabra a prueba (1993) y Cómo se escribe un poema (con Edgardo Russo, 1994). Es autor de una veintena de antologías de poesía. Dirige la colección de poesía de Editorial Colihue y Bárbara, revista de poesía y ensayo.



AL CAER EL ALBA, ENTRE LA LUZ CENIZA ...


Al caer el alba, entre la luz ceniza,

entre ese modo obtuso que tienen las cosas

de volver en sí,

no es viento lo que sopla, es como un agua opaca

que por detrás de la materia tiembla

como hecha de ecos de una vieja explosión

y, en lo que con la luz se extiende, el alma

intenta, opaca ella también, posarse.

No sé si por la guerra o el amor (ecos

de guerra o amor pesando),

algo retiene el alma tras los ojos.

Los que pasaron hace un minuto gritando

obscenidades, los que dejaron latas de cerveza,

esa mujer que arrastra un perro gordo,

no son ajenos, aunque tampoco la hacen, a la escena.

Miro abstracciones que dejó la resaca:

el mundo, una playa sorprendida por el amanecer.





COMO RESACAS DE LA MAR...

Como resacas de la mar.

Ojos en todas todas las cosas.

Cosas dejadas por el mundo.

Como es dispersa la verdad.



Cosa insistente la verdad,

mira como agua ahí en las cosas

que la resaca nos dejó

cuando se fue a contar otra historia:



necesidades de la historia,

que no acostumbra a preguntar,

y ahí quedaron a su paso

cosas que miran no sé a quién.





De Lo espeso real, Ediciones Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1996.

Hotel Quequén IV, Submarino - Fragmento III



EL MAR DE HERÁCLITO
(fragmento: Hotel Quequén IV- Submarino. Sigamos enamoradas 2011)
http://www.youtube.com/watch?v=vuI-Lla9AHQ


Hay tres fragmentos del filósofo que hablan del mar. Uno dice (61 DK):

«El agua del mar es la más pura y la más contaminada: Para los peces es potable y salvadora, pero para los hombres no es potable, e inclusive es perniciosa.» (Thálassa hýdor katharótaton kaì miarótaton, ichthýsi mèn pótimon kaì sotérion, anthrópois dè ápoton kaì oléthrion).

Lo puro y lo impuro, lo que salva y lo que destruye; el agua o el mar como atributos con sentido religioso, probablemente puedan ser alusiones al dios del vino.



*
Para la Ilíada o la Odisea el mar es lo estéril por antonomasia (Atrýgetos). Al contrario, Dionisos, como el dios de las uvas (Botrys), de los árboles (Endendros), de las flores (Anthios), del crecimiento de las plantas (Auxites) y de los brotes jóvenes (Problastos), representa la vida y sus manifestaciones. Otra cara del dios es la que se relaciona con el mar (Pelagios y Dýalos); él mismo es el marino (Haliéys) y el que se extiende sobre las playas (Akataoîs). Plutarco agrega que los griegos lo consideraban «el señor del vino y de toda la naturaleza liquida» (ou mónon toû oínou Diónyson allà kaì pásas hygrâs phýseos Hélles hegoûntai kýrion…). Es un dios húmedo (Hyés). El podía trasladar su fecundidad al mar: hace crecer de los mástiles de un barco las ramas de una parra como en la copa del pintor Exequias –hace lo mismo en el Himno homérico que lleva su nombre-. Pero también la muerte está en el agua: Su cuerpo que se hunde en el río, después que Perseo lo mata; esa zona se interpretaba como un acceso a las puertas de los infiernos. Y Heráclito decía (15 DK): “... es el mismo Hades (=la muerte) y Dionisos (=la vida), por quien deliran y celebran las Leneas” (…houtòs dè Aídes kaì Diónysos, hóteo maínontai kaì lenaítsousin)



*
Addenda: Atrýgetos, sin cosecha, sin vendimiar; tryx, referido al mosto, también las madres del vino.

Leneas, quizás de lenós, que es lagar y al mismo tiempo ataúd.



*



El mar o Dionisos, como lo más puro (katharótaton). Purificadores (Kathartaí), según Platón, eran los sacerdotes órfico-dionisíacos que prometían la bienaventuranza, la salvación, para los que seguían al dios. Una laminilla de Pelinna remarcaba: “Di a Perséfone que Baco te liberó (eipeîn Persephónai s’ hóti Bákchios autòs élysen)”. Heráclito, tal vez relacionando el lenguaje de los misterios, hablaba de la pureza del agua (13 DK): “Los cerdos se alegran más del barro que del agua clara” (hýes borbóroi hédontai mâllon katharôi hýdati). El mar o Dionisos, como lo más contaminado (miarótaton). Miarós, lo manchado de sangre, y en ese sentido como lo infame y malvado. Consecuentemente o no, Heráclito (5 DK): “Se purifican en vano, ensuciándose con sangre como si habiéndose metido en el barro, con el barro se lavaran...” (kathaírontai d’ álloi haímati miainómenoi hoîon eí ti seis pelòn embàs pelôi aponízoito).



*
Lo acuoso y lo agradable (77 DK): “Para las almas es una forma de deleite volverse húmedas, e inclusive una forma de muerte (psychêsi [phánai] térpsin è thánaton hygrêisi genésthai). El ámbito de Dionisos el húmedo (Hyés), como mortal (oléthrion); el corazón, la sangre, los lugares del placer (terpsin) dionisíaco.

117 DK: «Un hombre, cuando está ebrio, es llevado por un chico, mientras se tambalea sin percibir por dónde va, teniendo el alma húmeda» (anèr hokótan methysthêi, ágetai hupò paidòs anebou sphallómenos, ouk epaíon hóke baínei, hygrèn tèn psychèn). El hombre que vuelve a ser un chico y no sabe adónde pisar -como si estuviera en un barco-. Percibir (epaíon), como la carencia de un alma húmeda (hygrèn tèn psychèn).



*
Addenda II: Las aguas que marean. Corominas: “Saca y resaca, 1492, se aplicaron al flujo y reflujo del mar, cuando éste saca y vuelve a chupar los objetos que están junto a la orilla, de donde resaca ‘retroceso de las olas’”.

“El mar del color del vino” (óinopa ponton).



*
Lo que salva. El adjetivo sotérios aparece solo en el fragmento 61 DK. Sin embargo, en el prefijo del verbo sofroneîn, del fragmento 112 DK, también está: Sôs como lo sano, lo salvado, lo intacto; un pensamiento (froneîn) sano (so-), dicen los traductores. Yo prefiero decir: un corazón sano. Fronéo como derivado de fren, corazón, diafragma, entrañas precordiales. Zolla: El hombre con preocupaciones, decía Ovidio, está como embriagado, tiene las entrañas inmovilizadas (liquifiunt pectora), llenas de agua (lympha). Lymphatus como torpe, temeroso, olvidadizo, inepto. Vaporoso. El fr. 112 DK: “Sentir con el corazón es el valor más grande y la sabiduría, decir y actuar lo que es verdadero percibiendo [estas cosas] de acuerdo con la naturaleza” (sofroneîn aretè megíste kaì sophíe, alethéa légein kaì poieîn katà phýsin epaíontas). La naturaleza se esconde (123 DK) -Dionisos como un señor oculto-. Se percibe (epaiontas), como en el caso del chico que guía al adulto, si se carece de un alma húmeda (hygrèn tèn psychèn); tener un corazón sano (so-froneîn), es lo más grande y es una sabiduría. “El alma seca es la más sabia y la mejor” (augè xerè sophotáte kaì aríste) (118 DK). El señor de la vegetación, del crecimiento de las plantas, que se esconde detrás de los ramajes y de las olas. La luz del día. Lo seco, el fuego, como atributos de otro dios. Más tardía que las laminillas de Pelinna, está la de Olbia del 300 a. C.: Vida-Vida, Apolo-Apolo, Sol-Sol, Orden-Orden, Luz-Luz (Bios-Bios, Apolon-Apolon, Elios-Elios, Kosmos-Kosmos, Phos-Phos). La vida como Apolo y como lo que salva.

Sin embargo, 48 DK: “Vida: es cierto que el nombre del arco es vida, pero su obra es la muerte” (bíos: tôi oûn tóxoi onómato bíos, érgon dè thánatos). Una obra (érgon), la de la arquitectura del dios (Helios y Hefestos), que en la luz del día no da vida. Un mar invisible (Hades como A-ides), que en algún punto da muerte (thánatos). Dionisos y Apolo como hermanos.



*
Addenda III: Mar-Dionisos: thálassa, como una palabra de origen no-griego.

Sol-Apolo: Plotino y Porfirio transmiten algunos fragmentos sobre la temática del resplandor del alma (epháne-augé). Contemporáneamente los Oráculos Caldeos hablaban del fuego, del alma, y del resplandor (augé), reconociendo un origen de estas cuestiones en la sabiduría persa.

Heráclito, transmisor de ideas extranjeras.



BIBLIOGRAFÍA

Burkert, W., De Homero a los Magos. La tradición oriental en la cultura griega, El Acantilado, Barcelona, 2001.
Colli, G., La Sabiduría griega III. Trotta, Madrid, 2010.
Corominas, J., Breve diccionario etimológico de la lengua castellana, Gredos, Madrid, 1998.
Daraki, M., «Oinops Pontos. La Mer Dionysiaque», en Revue de L’Histoire des religions, 199/1, Presses Universitaires de France, Paris, 1982.
Zolla, É., Sobre la desdicha y la felicidad: Morfología del espíritu en la historia de la cultura, Monte Ávila editores, Caracas, 1975.


Juan Bautista García Bazán nació en San Isidro, provincia de Buenos Aires, en 1979. Estudió Filosofía en la Universidad de Buenos Aires y en el Instituto del Profesorado IES N º 1. Publicó artículos en revistas especializadas, nacionales e internacionales, sobre Filosofía Antigua y Medieval.

Hotel Quequén IV, Submarino FOTOS

Domingo por la tarde (lectura), sin nuestro querido Bentivegna

Los altos: Di Vincenzo, Del Percio, Bernatek
Freidemberg, Docampo, Jiménez, Ana Varia, Jorgelina (semioculta) Vanesa Guerra, Sol Beker (sólo se ve un montículo de cabello rubio)
Piña, Adriana Cid (semioculta), Rosana, Dedé, Marta
Abajo: Cella, Butti, Roma y Romana, Juan Bautista GB

lunes, febrero 21, 2011

Nota en Pág12 - Versos con salida al mar

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/4-20824-2011-02-19.html

Sábado, 19 de febrero de 2011
Presentación de la antología Hotel Quequén IV. Submarino



Versos con salida al mar

El libro reúne relatos, poemas y ensayos filosóficos sobre el mar y la playa de Susana Cella, Cristina Piña, Diego Di Vicenzo, Diego Bentivegna, Daniel Freidemberg y Mercedes Araujo, entre otros. Se presenta este fin de semana en Quequén.

Por Silvina Friera



Marina Serrano y Cecilia Romana, poetas y creadoras de la editorial Sigamos enamoradas.Una joven camina por una playa de la costa atlántica. Sortea sombrillas, sillitas, vendedores ambulantes, chicos hinchapelotas que lloran sin parar y piden cosas, carpitas colorinches y al bañero musculoso y bronceado, hasta que logra pisar el agüita de la orilla. “Qué sabia es la naturaleza que inventó el mar”, dice esta criatura imaginada por Carlos Bernatek en el primer texto de la antología Hotel Quequén IV. Submarino, publicado por Sigamos enamoradas, que reúne relatos, poemas y ensayos filosóficos sobre el mar y la playa de Susana Cella, Cristina Piña, Diego Di Vicenzo, Diego Bentivegna, Daniel Freidemberg, Mercedes Araujo, Marina Serrano, Enrique Butti, Cecilia Romana, Juan Bautista García Bazán y Elba Serafini. El libro se presentará este fin de semana en el balneario Monte Pasubio (Quequén), el mismo lugar donde se lanzó la editorial hace cinco años. Habrá lecturas y charlas literarias gratuitas –abiertas y al aire libre–, condimentadas, como corresponde, con cerveza bien fría, licuados, gaseosas y mate, ese combustible indispensable para aceitar la adorable liturgia que se celebra al escuchar la voz de los escritores sobre la eterna cadencia del mar.



Golpe a golpe, peleando en un campeonato de taekwondo. Así se conocieron Marina Serrano y Cecilia Romana, poetas y creadoras de Sigamos enamoradas. Hotel Quequén IV es el sueño cumplido de un puñado de amigos. “Un día estábamos con Marina en la plaza Pueyrredón, en la ciudad de Santa Fe, donde vivo, y se nos ocurrió darle continuidad al proyecto Quequén, que empezó en el 2006 con la antología de poetas argentinos –recuerda Romana–. Pero como esta vez las cosas habían cambiado, porque no teníamos mucha plata para hacer un evento enorme y además yo vivo lejos y todo se complica para organizar, decidimos armar un libro que tomara textos de amigos y que cada uno se ocupara de sus propias correcciones, para después juntarnos en la playa y leerlos. Queremos hacer una fiesta de la amistad, celebrándola con lecturas.”



La expedición de poetas, narradores y ensayistas buceará en el agua del mar, “la más pura y la más contaminada”, según Heráclito, como recuerda el delicioso texto de García Bazán. Tal vez entre lo acuoso y agradable de la experiencia playera encuentren algo más de sí mismos. Y regresen con las manos aquilatadas por esos pequeños hallazgos. Romana sugiere que se puede bosquejar un vínculo entre la Pampa, la Patagonia y la playa. “Quequén no es una playa cool, no es popular a la hora de elegir un destino para el verano –advierte–; de hecho, hay que explicar que queda al lado de Necochea para que la gente se ubique, pero esas playas que han sido la salida al mar del campo tienen un condimento muy interesante del resabio de la Conquista del Desierto, y hasta algo solitario de pampa olvidada, justamente por no ser un destino popular ni de moda para las vacaciones. Pero no hay que olvidar que Quequén es uno de los puertos de ultramar más importantes del país”.



Los textos de la antología tejen una trama narrativa, histórica y poética. En “Una foto”, de Diego Di Vicenzo, el narrador recuerda un fin de semana en Villa Gesell con su ex pareja. “El mar se parece a esto que te cuento en vano. Va y viene; las olas suben y bajan, remueven y limpian”, dice. Susana Cella remata su poema “No mar, hoy” con tres versos en los que vibran un dolor ancestral: “Y ahora, mi hoy de agua extraviada de sal/ no es más que superficie torva donde bolsas de plástico/ navegan por oriente al pudridero común”. El comienzo de “La lengua de las islas”, de Cristina Piña, podría cifrar las coordenadas de un fructífero intercambio: “Se introduce en el lenguaje ajeno/ como un cuerpo que se arroja al mar:/ agua sin remanso ni piedad para el ahogado/ que, con gesto de impotencia,/ lucha en la garganta del deseo”.



La tarea de buscar parentescos entre textos tan diferentes como los incluidos en el libro resulta compleja. “Quizás ésa sea la mejor apuesta: la diversidad, como en una playa donde todos se juntan y se bañan en el mismo mar”, subraya Romana. “La reflexión que empuja el libro podría relacionarse con la posibilidad de aunar voluntades diferentes, de personalidades tan disímiles y maneras de escribir tan variadas, por una excusa común que es la de la lectura a orillas del mar. Y siempre con la idea madre de continuar la saga de Hotel Quequén, que empezó con poesía de nuestro país, siguió con relatos y después retomó la poesía, pero latinoamericana”, aclara.



Serrano –poeta, editora y kinesióloga fisiatra– juega de local. Nació en Quequén, en 1973. Antes de rumbear para sus pagos anticipa que organizarán un mínimo de lecturas formales. El resto del tiempo estará disponible para los debates “naturales”. “Las lecturas son bastante poco protocolares, simplemente ponemos los amplificadores apuntando a la playa, especialmente hacia donde se encuentre la mayor cantidad de gente, y los obligamos a escuchar. Muchos salen agradecidos de haber descubierto algo nuevo.” No hay temas pautados ni una hoja de ruta estipulada de antemano. “Estaremos en la playa, leeremos en bermudas, hablaremos de cosas queridas. Y lo que queremos, la mayoría de las veces, es literatura”, agrega Serrano, autora de Formación hospitalaria y La Diástasis de las Tibias Largas, que en la antología arremete con “Mimimoon”, un cuento que escribió en memoria de los marinos muertos en Quequén, el 9 de julio de 2004.



Hace tiempo que la poesía y la prosa se sumergen por las mismas aguas. “El diálogo es cada vez más patente –plantea Romana-. Lo interesante es percibir el centro de un texto, ya sea un relato o un poema, ver que el mar y la playa están dando vida a la palabra, y que no es necesario separar los géneros si la gracia, al final, está en leer ese centro marítimo que –circunstancialmente– aparece bajo la forma de una poesía, de una narración o de un ensayo.”

miércoles, febrero 16, 2011

cuenta regresiva HOTEL QUEQUÉN IV

Datos útiles:

Sábado, 19 hs. En la playa de Quequén, frente al Balneario Monte Pasubio
Presentación del libro -parte 1-
Lecturas: Susana Cella, Diego Bentivegna, Elba Serafini, Juan Bautista García Bazán, Diego Di Vincenzo...

Domingo, 10:30 hs. (En el mismo lugar)
Lecturas: Paula Jiménez, Daniel Del Percio, Mariana Docampo, Vanesa Guerra...

Domingo, 19:00 hs. (En el mismo lugar)
Presentación del libro -parte 2-
Lecturas: Daniel Freidemberg, Cristina Piña, Carlos Bernatek, Enrique Butti, Mercedes Araujo...

Encuentros y charlas clandestinas: en "La chiruza"

Monte Pasubio: http://www.montepasubio.com.ar/
Urgencias: (011) 156 22 22 970

miércoles, febrero 09, 2011

Hotel Quequén IV, Submarino - Fragmento II

BUENOS AIRES


Diego Di Vincenzo nació en la ciudad de Buenos Aires. Desde hace 15 años trabaja en la actividad editorial: ha pasado por Ediciones Santillana, por la tradicional Editorial Estrada (donde fue Editor general) y, actualmente, por Kapelusz editora, en la que se desempeña como Gerente de Contenidos y Marketing en el área de Educación.



UNA FOTO


¿Qué año habrá sido? ¿2002, 2003? Estamos en un alto del camino. ¿Quién sacó la foto? Es un plano medio, o tal vez, un cuarto (dado un cuerpo, se lo divide imaginariamente en cuatro, y la imagen capta uno de los cuatro cuartos).

Estábamos caminando por la playa. Habríamos llegado unos minutos antes. Vino esa foto a darme en los ojos una de esas tardes de mudanza. El lugar de esa foto, como el lugar que dejé por la mudanza, ya no me pertenece. (“Pertenecer” aquí quiere decir: propio por frecuencia. Un lugar me pertenece en la medida en que lo frecuento, en que lo hago propio, de modo que debí marchitar una parte de este pobre cuerpo mío para quitar esos lugares y para quitarte junto con ellos. Marchitar no es más que pudrirse, dejar morir).

Gesell, esa playa de Gesell, la de Prefectura, fue nuestra salida de fin de semana largo.

Cargué tantas veces mi auto con amigos tuyos y míos, hermanos, sobrinos y otros amigos. Manejar en la ruta es aburrido. Me dabas mate, alguna medialuna. Y un prolongado canto. Siempre cantábamos marchas patrias, zambas entrañables y tangos de ocasión. Dos veces fundí el auto yendo a Gesell: no podía bajar de los 140. Una vez, lo fundí apenas salimos, ni bien llegábamos a la rotonda de Pinamar. Conseguimos un remolque que nos costó 200 pesos, y el viaje se hizo largo. ¿Sabés que en otras ocasiones, ir al mar o a Córdoba, por ejemplo (yendo sin vos, digo), quiso decir temblor? De pronto, el cuerpo, las manos empezaron a temblarme, y el temblor no me dejaba agarrar un Rivotril. Ahora retoño un cuerpo nuevo y tiemblo menos.

De tanto en tanto pienso, un poco motivado por el frenesí musical, que “toda mi vida es el ayer que me detiene en el pasado”. Y me enojo. Me enoja el “todo” de “toda mi vida”. O el de “era para mí la vida entera”, que es una manera de decir: “toda la vida”.

En la foto estamos muy parecidos. Los dos con anteojos, los dos más gordos que ahora (yo, más gordo que ahora). De vos no sé casi nada hace más de un año. Hace poco, un amigo me contó que te vio, y yo hubiera preferido que no me contara nada porque esa misma noche te soñé girando de belleza, y en el sueño quería tocarte la espalda como te la tocaba siempre, fascinado por la tersura de una piel tan agradable al tacto. Y vos no me dejabas. Me decías que mejor no, que para qué.

En la foto tengo una camisa de cuadros que es fea. ¿Por qué me ponía esa camisa horrible y no me importaba? ¿Qué es, en verdad, lo que importa cuando el amor se ha instalado en el quehacer cotidiano de uno? ¿Qué comer? ¿Qué película ver? ¿Qué día ir a la casa de? No lo sé. En cualquier caso, la ropa no. Y si supieras el tiempo que me lleva elegir ahora, antes de salir, la ropa con la que voy a hacerlo.

Yo nunca te dije que, cuando estábamos en el agua, a mí me daba un poco de miedo que te fueras tan lejos, que pudieras ahogarte, que no supieras volver. Entonces un poco te retaba, te decía que volvieras. Lo hacíamos para tocarnos debajo del agua, y reírnos de esa obscenidad a tan pocos metros de la gente. A mí siempre me aburrió ir al muelle, igual no decía nada. ¿Qué otra cosa se podía hacer en la costa, más que caminar por la playa, remojar los pies en el mar, comer pescado? Mi rito recurrente, cuando llego al mar, es otro: quitarme los zapatos y sentarme a contemplar el todo del mar (¡otra vez con el todo!). Me quedo quieto unos buenos segundos. A veces rezo un Padrenuestro. Y respirar… respirar ese olor a pescado, a sal, a yodo.

Ahora pienso en esa foto como cuando miro las fotos de mi infancia. Están los nonos, los tíos… todos muertos. Pienso en las fotos, o agarro algunas, cuando están por llegar las Fiestas. El año pasado me quedé en Buenos Aires para el 31. No quise ir a casa de la tía de mi cuñada. Les dije a mi papá y a mi mama: Vayan ustedes. Fue decirlo como quien dice salto al vacío, porque no iba a pasar el 31 solo. Mi papá me dijo que de ninguna manera, que la pasaba con él, que se le había metido la idea de que ese era el último año de su vida. A mí eso me asustó un poco. Al final, la pasamos los tres: con mi mamá y mi papá. Mi viejo me abrazó fuerte cuando dieron las doce, y me dijo al oído: No sabés lo que lloré este año por vos. Y sí, nos asustamos. A mí el susto me duró casi un año. El susto del retoño. Para dar nuevos retoños, debí primero marchitarme y morir.

¿Cuánto dura una vida? ¿Lo que dura el amor? Eso me lo enseñaron de chiquito. No hay mayor amor que dar la vida, cantábamos a los 12, 13 años.

Como vienen a romper las olas contra la escotilla, así se rompió la caja de vidrio en la que te había puesto. Te había guardado en la fragilidad de esa caja, y aunque te puse las franelas y los papeles del embalaje, igualmente se rompió. Fue largo el trabajo de recomposición. Me dediqué día a día a pegar cada uno de esos vidrios (casi astillas) rotos.

El mar se parece a esto que te cuento en vano. Va y viene; las olas suben y bajan, remueven y limpian. No te creas que he vuelto a Gesell. No creo que vuelva. Menos ahora que es verano. Y a nosotros nunca nos gustó viajar en temporada.

lunes, febrero 07, 2011

Nota en Ecos Diarios sobre Hotel Quequén IV- SUBMARINO

En la foto: Encuentro en Quequén, 2008 (Teresa Arijón, Daniel Chirom, Juan Manuel Alegre, Mariana Docampo, Enrique Solinas, Daniel Freidemberg, Susana Cella, Cristina Piña, Paula Jimenez, Elba Serafini, Mercedes Araujo, Claudia Masin, Carlos Aldazabal, Antonio Jorge, Fabian Albelo y más...)

Nota Ecos Diarios, domingo 6 de febrero de 2011:
http://www.ecosdiariosweb.com.ar/index.php?option=com_content&view=article&id=7312:lectura-en-la-playa-&catid=15:brisas&Itemid=8

viernes, febrero 04, 2011

fragmentos de HOTEL QUEQUÉN IV- Submarino

HOTEL QUEQUÉN IV

SUBMARINO




Bernatek
Di Vincenzo
Cella
Araujo
Bentivegna
Serrano
Freidemberg
García Bazán
Romana
Serafíni
Piña
Butti




AVELLANEDA


Carlos Bernatek nació en Avellaneda, provincia de Buenos Aires, en 1955. Es narrador, poeta y ensayista. Lleva publicados dos libros de cuento, uno de poesía y cuatro de novela, de entre los cuales el último ganó el Primer Premio del Fondo Nacional de las Artes.



SELVA EN EL MAR



Eran casi las tres de la tarde y no había comido. Apenas unos mates, pero no tenía hambre. Se descalzó, se puso una pollerita cómoda, una remera, y salió a la vereda. Andar en patas le daba una especie de felicidad, como si desnudar esa parte del cuerpo fuese una libertad desconocida y tan común a todos ahí que la gente ni ve esos detalles. Los pies desnudos son sensuales, se dijo, y el aire con este sabor fuerte y salado, que te limpia por dentro... Trató de que no la viera nadie, cruzó la calle y llegó a la esquina. Giró la cabeza hacia la costa y se quedó un instante como hipnotizada: a una cuadra ya se veía el médano, toda esa arena acumulada por siglos de olas gastando las piedras, y esos yuyitos tan verdes arriba, como pelos, y más atrás la mancha inmensa extendida contra el cielo, un azul verdoso y gris y marrón por momentos, según la iluminara el sol o cortara la luz una nube: eso era el mar. Fue avanzando con precaución cuando vio que el agua se movía de ese modo temible, que semejante brutalidad se agitaba como algo vivo, nervioso, y por momentos bramaba con el viento. El aire se hacía más feroz a medida que se aproximaba. Trepó al médano corriendo porque se quemaba los pies pero quería llegar a lo más alto para verlo todo, todo junto, todo lo que le dieran esos ojos suburbanos, acostumbrados al cemento y a los edificios, a los colectivos y al tren. ¿Por qué nunca fuimos al mar, mami? Vos sabés Selvita que ese clima es espantoso para las articulaciones, que me pone nerviosa... qué se yo. Loca, mi vieja. Y después todo fue trabajar siempre, cada verano, como si el clima no tuviera nada que ver con las obligaciones: aprovechar las vacaciones de otros para conseguir reemplazos, puestos eventuales. El mar, entonces, era algo que mencionaban, que deseaban los otros, un magnetismo que los arrastraba casi por inercia cada enero a la playa. Ella conocía las sierras, alguna laguna cercana, pero nunca el mar, y tenía veinticinco, ¿mucho no? No podía culpar a la madre, después de todo la prefería sana y calma antes que artrósica y loca. Pero alguna vez, una al menos, podría haber tenido la iniciativa de llevarla a conocer el mar, aunque fuese por curiosidad, un fin de semana. En todo caso Selva madre no le había inculcado siquiera ese anhelo por ver el mar, ya que no podía transmitirle el placer. Selvita había visto el mar en el cine y en la tele, pero no lo había olido, no había sentido eso que provocaba en la cara la brisa, en el cuerpo humedecido la bruma, y ese sabor en la boca, el salitre en la lengua, eso que pegoteaba la piel como un sudor salvaje de indios, porque las gentes en la playa, medio desnudas, parecían como primitivas, recién llegadas a un mundo que de tan nuevo, todavía estaba calentito.

En lo más alto del médano, miró a izquierda y derecha, todo lo que pudo abarcar. Ahí está; esto era. Y se emocionó al descubrirlo como imaginó que Colón se debió haber emocionado al ver América, y quiso gritar “¡tierra, tierra!”, como ella misma gritaría ahora: “¡agua, agua!”... Agua de mar, agua salada que debe ocultar miles de bichos en su interior, tiburones, orcas, delfines, cazuelas de mariscos, pingüinos empetrolados o limpios, todo metido ahí adentro, y barcos hundidos llenos de tesoros que nadie podrá rescatar por siempre jamás, ¡qué desperdicio, Diosito! Y gente ahogada porque la naturaleza es inexorable (¡cómo le gustaba esa palabra!) para quien se atreve a desafiarla; siempre gana ella por más nadador o bañero experimentado que sea uno. Y por ahí debe estar hundida la Atlántida, que ella leyó que era un continente maravilloso, con sus ciudades y sus calles y hasta sus autos oxidados, porque a los atlantes se los deben haber comido los tiburones asesinos. Y debe estar el Titanic y el Graf Spee, todo mezclado en la misma agua y pudriéndose. Y debe haber cadenitas y anillos de oro que se le cayeron a alguna mujer rica por la borda en una travesía en transatlántico. Todo debe estar mojado por la misma agua, oxidado, oculto en algún lugar que nadie sabe. Y si acaso el agua se retirara, si el mar se evaporara de pronto, acá bien podría haber una ruta que llevara al África, una ruta sobre un desierto arenoso; y sería una pena que no hubiera mar porque ¿qué habría? Un pozo, un tremendo pozo con una sequía de horror. Lástima que esta agua no se pueda tomar, ni sirva para regar los sembrados, porque si sirviera se acabaría la sed en el mundo, y todo sería verde y fértil. Pero los desiertos, digo yo, para algo deben servir, si no la naturaleza no los habría inventado.

Y vio a la gente, esa otra masa de personas apiñadas en las sombrillas, con sus mallas coloridas, sus anteojos negros, sus gorritos ridículos, y le pareció un poco obsceno eso de los cuerpos vistos así, a plena luz, con todas sus imperfecciones, esa manera de mostrarse sin pudor delante de otra gente desconocida. Bueno, pero todos estaban de ese modo, medio en bolas, y no parecía molestarles lucir las panzas y las piernas gordas, las cicatrices de operaciones, las várices y todas las porquerías que se metían en la misma agua sin revisación médica (¿nadie se contagiará nada, una lepra, una sífilis? Seguramente la sal disuelve todo ¿Y por qué no usarán la sal del mar para curar todas las pudriciones humanas?). Ella cuando iba a la pileta tenía que pasar por el médico (si es que estaba recibido ese pibe jovencito y mirón, con gesto de vivaracho) que le miraba entre los dedos de los pies a ver si tenía hongos, y las axilas le miraba (¿es que alguien tiene hongos en las axilas? Qué incómodo debe ser para ponerse desodorante, cómo debe arder), pero ese con tal de mirar, con la jeta de zorro, con ese hociquito de mirón que ponía, seguramente era un estudiante avivado que espiaba y encima cobraba sueldo. Si hasta había dejado de ir a la pileta los fines de semana calurosos por no pasar la revisación. Con este calor, Selvita, ¿por qué no vas? Me quedo viendo la tele, mami. Si de pensar en tomar el colectivo ya me canso, le decía para conformarla. Pobre mi bebé trabajadora, ¿qué sería de tu madre sin tu sacrificio?

El mar era distinto a todo, era, era...inmenso. Tres cuartas partes del planeta son agua, recordó de alguna documental, así que ella, entre lo mucho que ignoraba, pese a ver documentales, no conocía hasta ese preciso momento lo más grande y lo más abundante del mundo en que vivía, que por ahí había gente en otros mundos y uno no lo sabe, pero al menos conocer el de una. O sea que a los veinticinco ignoraba lo fundamental que constituía el planeta en que había nacido. Que si vinieran unos extraterrestres y la secuestraran, y le pidieran que describa su planeta, ella hasta ahora casi no conocía lo primordial, ¡y llevaba veinticinco años viviendo en él! Ahora sí, ahora ya estaba al tanto.

¿Y por qué mierda la iban a secuestrar justo a ella? Para eso que se lleven a un científico. Estos secuestran a cada uno...



Bajó corriendo el médano hacia la playa (¡cómo quema esta arena, carajo! Me van a salir ampollas en los pies, yo que los cuido tanto con zapatos caros que mis buenos pesos me cuestan, pesos no, más bien horas de trabajo, caramba), y a medida que se acercaba a la arena húmeda sentía ese alivio y ese olor más fuerte a yodo y a pescados invisibles. Sorteó las sombrillas, y las sillitas, y las conservadoras de bebidas, y los termos de mate, y los chicos hincha pelotas que lloran sin parar y piden cosas, y los vendedores ambulantes, y las carpitas de telas colorinche, y los perros que la gente desconsiderada llevaba como si fueran hijos, y al bañero todo musculoso y bronceado que hacía facha en su pequeño mirador con el pito colgando, bueno, el silbato, sorteó todo lo que se le cruzó hasta pisar el agüita de la orilla, ese fresco que le encantó, que iba y venía con las olas, y sintió cómo se le hundían los pies haciendo sopapa en la arena blanda cuando se retiraba el agua, y caminó por la orilla mojándose hasta los talones y llenándose los pulmones con ese aire brumoso (esto debe ser más sano que no sé qué, tan natural, tan puro...la naturaleza...qué sabia es la naturaleza que inventó el mar. Bueno, lo habrá inventado Dios, pero como en mi casa no vamos a misa, prefiero que haya un dios llamado Naturaleza). Caminó sin darse cuenta que se alejaba de la playas del centro, y sentía el sol picándole en los brazos (hum, me tendría que haber puesto alguna crema, yo que soy de tez tan blanca pese a tener el pelo bien oscuro, azabache, como dice mamá...). Y cuando quiso acordarse, estaba como a diez cuadras del lugar (a ver si me pierdo, mamita querida; no, no voy a preguntarle a nadie porque quedo como una idiota, una pajuerana recién desembarcada), entonces giró y volvió por la orilla a ver si veía al bañero con su silla de guardavidas en lo alto del pedestal, como el rey de la playa. Y la alegró tanto verlo, tanto que casi le hubiera dado un beso (minga de beso, a ver si me toma por una loquita), y reconoció el sitio donde había empezado la marcha como un lugar casi familiar.

Ya va siendo hora de volver. Por ser el primer día, suficiente. El mar ya está. Casi demasiado.





Fragmento de la novela Rencores de provincia, Adriana Hidalgo Editora, Buenos Aires, 2007.

miércoles, febrero 02, 2011

Hotel Quequén IV, Submarino

Hotel Quequén IV – Submarino


Presentación y lecturas
Sábado 19 de febrero de 2011, Quequén

Enrique Butti,
Susana Cella,
Daniel Freidemberg,
Carlos Bernatek
Cristina Piña,
Cecilia Romana,
Elba Serafini
Diego Bentivegna
Diego Di Vincenzo
Mercedes Araujo
Daniel Del Percio
Juan Bautista García Bazán
Marina Serrano

Visión de Estepona
Fotografía: Gastón Guzman
(gracias Gastón por imagen de tapa de Hotel Quequén IV!!)
 

Estadía:
Monte Pasubio, Surf Camp. Av. 502 y 529. Quequén. Tel 02262-451482
La Chiruza, calle 504 y 535. Quequén

Duración del evento:
Las lecturas oficiales son sábado y domingo, como los eventos anteriores.

Traslados:
Los servicios de ómnibus desde Retiro:
Plusmar: el mejor, y más cómodo http://www.plusmar.com.ar/
Estrella Condor: http://www.condorestrella.com.ar/
Río Paraná: suele ser más barato, y menos cómodo.

martes, enero 18, 2011

Hotel Quequén IV, Submarino

En el sótano (secreto) de este hotel funcionó la primera ruleta del país; por las noches, prestigiosos caballeros del siglo pasado apostaron clandestinamente mientras sus familias, ignorantes, gozaban el sueño pesado de un día de playa. Hoy, lejos de ese tiempo y en el mismo umbral, otras voces (contemporáneas pero igualmente enclaustradas) discuten, reflexionan y urden una trama: filosófica, narrativa, histórica, poética. Trama que llega, sin cortes ni correcciones, a imprimirse en este cuarto volumen de Hotel Quequén, Submarino.  Un conjunto de ideas casi desapercibidas cuyo destino resultará, quizá, tan azaroso y arriesgado como el de aquellos pretéritos entretenimientos de sótano: la entrega amorosa a un lector dilecto.

Hotel Quequén IV. Submarino (sigamos enamoradas 2011)
Género: poesía, narrativa, ensayo filosófico.
Autores: Carlos Bernatek, Cristina Piña, Daniel Freidemberg, Susana Cella, Mercedes Araujo, Diego Bentivegna, Diego Di Vincenzo, Juan Bautista García Bazán, Enrique Butti, Cecilia Romana, Elba Serafini, Marina Serrano.
Lectura y presentación del libro: Balneario Monte Pasuvio, 19 de febrero, 2011. Quequén

viernes, diciembre 17, 2010

Abundancia, Mori Ponsowy

Todo lo que quieran saber sobre la nueva novela de Mori, está acá: http://www.abundanciaunanovela.com.ar/

Lo que no explica claramente el sitio web es la increíble persona que es Mori Ponsowy, ni cuánto nos hizo emocionar durante la presentación de su libro Abundancia (o al menos a mí, que me llevó al punto de la lágrima aunque suelo ser más dura que una tosca), ni advierte al lector que Mori sorprende (me sorprende aunque la conozca hace mucho tiempo y dé por sentada la altura de sus cualidades). No dice que los lectores quedarán profundamente agradecidos por su trabajo (ni que yo agradezco, sinceramente desde el fondo de mi corazón, sus palabras, su oído y su abrazo –y está bien que el sitio no lo diga, porque a nadie le interesa lo que pasa en el fondo de un corazón único) Así que cuando lean el libro y el bonus track, no olviden ese ingrediente fundamental para disfrutarlos soberanamente: conocer a Mori Ponsowy.

miércoles, diciembre 08, 2010

presentación del nuevo libro de Mori Ponsowy




El próximo Jueves, 16 de diciembre
En el Ateneo Grand Splendid, de Av. Santa Fé. 19 hs.

sábado, diciembre 04, 2010

Gracias Municipalidad de Córdoba

La obra Divulgación científica. Una breve selección de cuentos positivistas, de Marina Serrano, ha sido galardonada con una MENCIÓN en el Concurso "Premio Municipal de Literatura Luis José de Tejeda" edición 2010, Género Cuento, organizado por la Dirección de Cultura de la Municipalidad de Córdoba.

presentación del nuevo libro de Mercedes Araujo

lunes, noviembre 22, 2010

Muestra y poesía

jueves, octubre 07, 2010

La palabra transfigurada - CASTELLANI CRÍTICO

http://linkillo.blogspot.com/2010/10/la-palabra-transfigurada.html

Es tan sabia y tan valiente como intervención crítica Castellani crítico. Ensayo sobre la guerra discursiva y la palabra transfigurada (Buenos Aires, Cabiria, 2010) de Diego Bentivegna que uno sólo podría reprocharle su brevedad (y a su autor, un cierto apresuramiento por publicar el libro).
El punto de partida de Bentivegna es situar a Castellani, quien hasta ahora ha funcionado sólo como una referencia bibliográfica (y no la más transitada) en el archivo del género policial argentino como un teórico de la lectura (entendida en todas sus implicaciones prácticas: la crítica, la pedagogía, la interpretación de los textos sagrados, etc...).
Al hacerlo, Bentivegna recusa (implícitamente) las corrientes hegemónicas de la crítica académica, cuya miopía le ha impedido situar la producción de Castellani en el lugar que le corresponde. Naturalmente, una restitución semejante sólo puede hacerse desde una posición que combine, al mismo tiempo, la infatigable curiosidad del archivista, la erudición del clasicista y el desprejuicio del outsider: por fortuna, Bentivegna ha dado ya pruebas fehacientes de todas esas propiedades, que en su Castellani crítico brillan con inusual potencia.
Castellani, en la perspectiva de Bentivegna, se coloca a igual distancia del elitismo (¿gnóstico?) de Borges y de las máquinas modernas de Arlt y Bioy Casares (tal y como Sarlo las presentara) y, de hecho, sin la noción de "palabra transfigurada" de quien dedicó su extraordinaria capacidad intelectual, entre otras cosas, a la traducción del Apocalipsis de Juan de Patmos y a los arrebatos nacionalistas, señala Bentivegna, el panorama cultural de la modernidad argentina está incompleto.
Junto con su (deliciosa, profunda, meditada) monografía sobre la obra crítica de Castellani, Bentivegna ofrece una cronología de una obra desdeñada desde hace mucho tiempo y una selección de fragmentos de las lecturas de Castellani, donde el lector encontrará un modo de relación con los problemas de la literatura, la pedagogía de la lectura, la intervención intelectual que, ciertamente, prueban la originalidad de Castellani y, sobre todo, la perspicacia de Bentivegna, que abre la puerta a un mundo entero de problemas respecto de los cuales no se puede permanecer indiferente.
Bentivegna lee en Castellani una posición que relaciona (con delicada sabiduría) con Dante, con Pasolini (autores que ama precisamente por eso) en lo que éstos tienen de fundamental en el sostenimiento de una "utopía de la heteroglosia". La hipótesis es fundamental para evaluar el peculiar nacionalismo de Castellani pero, sobre todo, para enfrentar todas las fantasías concentracionarias del monolingüismo y el discurso único, respecto de los cuales nos sentimos hoy tan acorralados.
Católico, Castellani no puede sino sostener los universales pero su religio, como nos ha recordado Agamben, tal vez provenga antes del relegare que del religare: no se trata de regilar en formas más o menos plenas de relación a los universales, sino de relegar todo reduccionismo abstracto: en esa tensión (escucha Bentivegna en Castellani) se sostienen las formas de vida.

del blog de DANIEL LINK

martes, septiembre 21, 2010

Flopa Y Roberto Malatesta

RECITAL
MARTES DE POESÍA Y MÚSICA
Flopa Y Roberto Malatesta

Martes 28 de septiembre, 19 hs.
CCEBA – Centro Cultural de España en Buenos Aires
Paraná 1159 – Entrada gratuita



Flopa Y Roberto Malatesta se suman a este ciclo en el que un músico elige a un poeta para compartir la velada.


El último martes de cada mes se realiza este evento que une en un mismo espacio a un músico y a un poeta. Ambos son de trayectoria, no obstante, la unión se pretende inédita. La popularidad propia de la música urbana, así como la poesía que encierra, es la clave del ciclo: por esto es que el músico elige al poeta. El resultado nos dará una visión nueva sobre la obra de ambos.

El evento, coordinado por Martín Pérez, tiene el formato de un recital acústico que, a su vez, incluye la lectura de poesía. Estas dos disciplinas, que se rozan pero que, generalmente, terminan transitando caminos diferentes, se unen aquí en igualdad de condiciones, propiciando un cruce entre palabras y música. Cada artista presenta al público la figura del otro. Se pretende que, tanto el músico como el poeta, recorran lo más relevante de sus trabajos, pero también, que el cruce produzca algo inédito para el disfrute de los presentes.

Por el ciclo ya pasaron, entre otros, Leo García + Fernando Noy, Ariel Minimal + Fabián Casas, Rosario Bléfari + Beatriz Vignoli y Palo Pandolfo + Tamara Domenech

SOBRE LOS ARTISTAS
Florencia FLOPA Lestani (Buenos Aires, 1974). Autora y compositora, cantante y guitarrista, integró en sus comienzos como bajista el power trío femenino Mata Violeta. Al frente de su grupo Barro comenzó a dar forma a sus propias canciones, que serían fundacionales para el proyecto colectivo Flopa Manza Minimal (2002), junto a Mariano Esaín y Ariel Minimal, que acaban de reactivar con una gira nacional. A partir de entonces se presenta como solista, y ha publicado dos discos: Dulce fuerte grave (2004) y Emoción homicida (2008).
Roberto Malatesta (Santa Fe, 1961). Ha publicado los poemarios Las Vacas y otros Poemas (1994, premio Municipal de Santa Fe) y Por encima de los techos (2003, premio José Pedroni), entre otros. El próximo será La nada que nos viste, ganador también del premio Pedroni. Colabora con reseñas y poemas para el diario El Litoral de Santa Fe y la revista de poesía Fenix. Dirige talleres literarios en las ciudades de Santa Fe y Reconquista, este último dependiente de la Universidad Nacional del Litoral.


El último libro de Malatesta: "Cuaderno de no hacer nada" sigamos enamoradas, 2009.

sábado, septiembre 11, 2010

miércoles, septiembre 01, 2010

Nuevo Libro de Diego Bentivegna





Felicitaciones Diego!!!!

Semana Romana 2.-

¿Adónde llevan tus huesos como tablones de hule?
Nadaban en mi sueño, tus huesos celestes que quise
doblar, pero no se doblaban. Era absurdo. Sí,
dice Cristóbal, es absurdo querer encorvar la vida a
cierta altura ¿Los llevan a Turrialba, acaso? Soñé que
las alas de tu avión iban cerca de la divisoria, la
rozaban como si no supieran que allá es Chile y
en cambio, hay que asentir: me estoy desplomando.
Se acerca la estación del tejido, cuando es costumbre
trenzar y llorar ¿Turrialba o Puntarenas? Mi amor
era una cresta dura ¿No es verdad, Cristóbal? Sí, lo era,
hasta que se desbordaron las aguadas y ella
se dio por aludida. Iba bien, Augusto, iba muy bien,
pero el río encharcó Bellavista y sólo los jóvenes
se salvaron. Sólo los que huimos hacia el J. Cruz.


Cecilia Romana nació en Buenos Aires en 1975. Publicó: Flota, hangares y otros trabajos mecánicos, 2004; Duelo –en colaboración-, 2005; Aviso de obra, 2008 (Premio de Poesía Iberoamericana Sor Juana Inés de la Cruz, México, 2006); No lo conozcas, 2007 (Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines, México, 2006). Bajo su curadoría, el sello Sigamos Enamoradas, del que es editora, publicó la antología de poesía argentina Hotel Quequén, en 2006, y la antología de narrativa nacional Hotel Quequén II, en 2008. Sus poemas han sido traducidos al francés en Canadá (Exit) y Bélgica (Maison de la poésie). Colabora con varias revistas nacionales y extranjeras. Es licenciada en Artes y Ciencias del Teatro.
Los poemas de la presente selección pertenecen a su libro Un asunto tristísimo.



Feliz cumpleaños, Romanita!

sábado, agosto 28, 2010

Semana Romana 1.-



Es que lo ibas trazando, aunque no quisieras,
los libros que me gustan, los versos de Elytis,
o el poema “Tanto soñé contigo”. Como si me
hubieras apretado el pulgar y más tarde, en el hall
de un hotel de Santiago: no, perdón, me fui de boca,
me fui de boca... Y las culebras, al acabarse
la lluvia, se retuercen en el limo.

No te olvides de tu ahijada ¿Acaso no pensaste:
ella me guía,
no soy yo quien agita el timón delante de los cerros?

Oí el estertor de las líneas aéreas. Ya serán
tiempos mejores. Como las hijas de Milton,
volví a mi tierra con las manos vacías.

Cecilia Romana nació en Buenos Aires en 1975. Publicó: Flota, hangares y otros trabajos mecánicos, 2004; Duelo –en colaboración-, 2005; Aviso de obra, 2008 (Premio de Poesía Iberoamericana Sor Juana Inés de la Cruz, México, 2006); No lo conozcas, 2007 (Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines, México, 2006). Bajo su curadoría, el sello Sigamos Enamoradas, del que es editora, publicó la antología de poesía argentina Hotel Quequén, en 2006, y la antología de narrativa nacional Hotel Quequén II, en 2008. Sus poemas han sido traducidos al francés en Canadá (Exit) y Bélgica (Maison de la poésie). Colabora con varias revistas nacionales y extranjeras. Es licenciada en Artes y Ciencias del Teatro.
Los poemas de la presente selección pertenecen a su libro Un asunto tristísimo.

domingo, mayo 30, 2010

Bomb plan

martes, mayo 11, 2010

Panorama literario argentino, hoy

Mesa redonda: Panorama literario argentino, hoy
Lunes 10 de mayo – 16:30 – Sala Domingo F. Sarmiento
Mesa de las provincias
María Rosa Lojo (Novela histórica y microficción) y Cristina Piña (Nuevas poetas). Coordina: Rosa Majián.
36ª Feria Internacional del Libro

Si he elegido hablar de las nuevas poetas, así, en femenino, es porque entre las mujeres nacidas aproximadamente entre 1975 y 1965 se ha dado un fenómeno que hacía bastante no se daba en el panorama poético argentino. En efecto, además de que, como sucede con casi todas las generaciones, ha surgido un conjunto de jóvenes poetas de muy alto nivel, provenientes no sólo de Buenos Aires sino de varias provincias argentinas, las cuales han sido reconocidas tanto en el país como en el exterior a través de premios nacionales e internacionales, han logrado establecer entre sí –sin llegar a constituirse en un grupo homogéneo en razón de sus estéticas divergentes y sus diferentes vinculaciones dentro del ámbito literario- vínculos y relaciones solidarias que las hacen coincidir en torno de editoriales, espacios de encuentro, ciclos de lecturas, antologías y presentaciones. Y lo han hecho a partir de una actitud de apertura y contacto que resulta llamativa y loable, sobre todo cuando recordamos los enfrentamientos por espacios de poder –más o menos cruentos, más o menos políticamente pautados- que caracterizaron a gran parte de los grupos anteriores, tanto los que corresponden a mi generación como aquellos un poco posteriores, como es el caso de los reunidos en torno de Diario de poesía, Fénix y Último reino.
Por otra parte, si este grupo está formado exclusivamente por mujeres, digamos que, en rigor, ello no se debe a que, en una actitud principista, “las chicas” se hayan apartado de entrada de “los muchachos”. Como lo demuestran el gesto editorial y el acontecimiento público que sirvieron como uno de los factores de convergencia de las nuevas poetas, la antología de poetas jóvenes Hotel Quequén –con la que se lanzó la editorial Sigamos Enamoradas y que se presentó en la playa de Quequén, en el marco del encuentro Poetas en la arena- tenía mayor número de poetas varones que de mujeres. Sin embargo, las que siguieron juntas fueron las mujeres que figuraban en dicha antología, las que después publicaron en la editorial y otras poetas con su propia trayectoria anterior, que se les sumaron tanto por la convocatoria del encuentro como por otras actividades compartidas, mientras que “los muchachos” siguieron dedicándose a sus cosas, sus textos y sus proyectos estrictamente personales e individuales.
En cambio, la coincidencia de las poetas talentosas y de estéticas diferentes a las que me quiero referir y que son Cecilia Romana, Mercedes Araujo, Carolina Esses, Marina Serrano, Claudia Masin, Florencia Walfisch, Ana Lafferranderie, Elba Serafíni y Paula Jiménez, parte de una voluntad de hacer cosas juntas que se fue configurando a partir de una serie de coincidencias que se apresuraron a capitalizar.
Quizás todo haya comenzado con la publicación sucesiva de los respectivos primeros libros de poesía de Mercedes Araujo en 2003 y Cecilia Romana en 2004 en la colección Fénix de la editorial cordobesa El Copista, hecho que determinó que se conocieran. O tal vez con la amistad entre Cecilia Romana y Marina Serrano, en un ámbito externo a la poesía pero que las llevó a hablar sobre los libros que les gustaría escribir y editar. O, por qué no, en la coincidencia entre Mercedes Araujo y Carolina Esses en un breve taller de poesía, donde también se pusieron en contacto con Florencia Walfisch y Ana Lafferranderie.
Sea como fuere, de esas convergencias surgieron diversos fenómenos grupales, el primero de los cuales, cronológicamente, fue el libro Duelo firmado por Mercedes Araujo, Carolina Esses y Cecilia Romana en 2005 y publicado en Ediciones en Danza. A él le siguieron las reuniones que comenzaron a hacer cada vez más seguido Cecilia, Mercedes y Marina, en las que hablaban, a partir de su experiencia, de lo difícil que era publicar poesía o conseguir libros excelentes y agotados y que terminaron de motorizar la idea de crear una editorial, precedida por una serie de reuniones de lectura de poesía en casas privadas a las que denominaron Fabulosa lampalagua y por las que pasaron diversos poetas.
Lo interesante del proyecto fue que, al estar planteado desde esa actitud abierta y de convocatoria más allá de grupos y grupúsculos, produjo un fenómeno de convergencia mucho mayor y poéticamente más rico que la mera reunión de un grupo de escritoras amigas, así como permitió que se decantara el núcleo de poetas que hoy me ocupa, en el que terminaron no incluyéndose los “muchachos” por la propia dinámica de imantación y solidaridad que reunió a las chicas.
Porque cuando Cecilia Romana, Marina Serrano y Mercedes Araujo pensaron el primer libro para su editorial Sigamos enamoradas, se decidieron por una antología que reuniera a poetas nacidos entre 1964 y 1979 a la que llamaron Hotel Quequén y que incluyó textos tanto de autores consagrados como poco conocidos Entre estos últimos, deliberadamente seleccionaron a poetas del interior que estaban fuera del circuito de Buenos Aires y desarrollaban una escritura más solitaria, sin pertenencia a ningún grupo. Asimismo, como lo señalé, fueron muy generosas con los muchachos, al punto de incluir a nueve, mientras que sólo entraron seis escritoras, Andi Nachón y Cecilia Milone además de Mercedes, Carolina, Cecilia y Marina.
Similar apertura se dio en la convocatoria al encuentro Poetas en la arena en Quequén –del que hubo una segunda edición en 2008- donde se presentó la antología y se lanzó la editorial, y a la que fueron muchos y muchas poetas que si bien no estaban en la antología, ya se habían acercado a las fundadoras o quisieron acercarse a ellas.
Y así comenzó un proceso cuya dinámica resulta difícil de sintetizar pero que incluye, por un lado, entre 2006 y 2008, la publicación de diversos libros en Sigamos enamoradas, de los que me interesa destacar los dos de Marina Serrano y los de Ana Laferranderie y Elba Serafíni; las presentaciones y lecturas -no sólo de autoras editadas en Sigamos enamoradas sino de otras y otros muchos poetas- en la librería Fedro, cuyo ciclo de lecturas organizan Ana Laferranderie y Florencia Walfisch y, por fin, la coincidencia en la recepción de premios y menciones en concursos organizados en Latinoamérica y Argentina, fenómeno que en rigor comienza antes.
En efecto ya en 2004 Florencia Walfisch recibe en México el Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines, que en 2006 recae en Cecilia Romana, quien ese mismo año merece otro premio mexicano, el de Poesía Iberoamericana Sor Juana Inés de la Cruz. En otro sentido, tanto Mercedes Araujo como Paula Jiménez se vinculan también con México, ya que en 2007 representaron a la Argentina, la primera en el Festival de Poetas del Mundo Latino y la segunda en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Por tales coincidencias, en 2007 hubo una lectura de las cuatro poetas en la Embajada de México en la Argentina, a las que les sucederían –incorporando a otras escritoras además de las que he nombrado- diversas lecturas bajo el auspicio de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, especialmente en los ciclos de verano.
Por su parte, también en 2007 Marina Serrano recibió una mención por su primer libro, Formación hospitalaria en el II Premio Internacional de Poesía Revista Prometeo para Libros Publicados en Lengua Castellana de Medellín (Colombia) y Florencia Walfisch, a su vez, recibió la primera mención en el VI Premio Latinoamericano de Poesía Ciudad de Medellín por su segundo libro –todavía inédito- No puedo sino esto.
Acerca de los premios argentinos, Marina Serrano obtiene una Mención del Fondo Nacional de las Artes en 2006 y Cecilia Romana el 2º Premio del Fondo Nacional de las Artes en 2008.
Llegamos así a 2008, en que surge una nueva editorial, Abeja reina que reúne –de las poetas aquí citadas- a Claudia Masin, Paula Jiménez y Mercedes Araujo –las dos primeras provenientes del taller de Diana Bellessi y que editaron su primer libro en editorial Nusud- y donde publican Paula Jiménez su quinto libro, Ni jota, y Mercedes Araujo su tercero, Viajar sola. La labor de las tres, asimismo, está reconocida por premios, y así tenemos que Claudia Masin –chaqueña y residente en Buenos Aires desde 1990- obtiene el Premio español Casa de América de Poesía Americana en 2002 por el libro la vista y en 2004 una Mención del Fondo Nacional de las Artes por Abrigo, que será su quinto libro publicado. Paula Jiménez, por su parte, obtiene en 2003 una mención del Fondo Nacional de las Artes; en 2006 el Hernández de Plata en poesía y en 2008 el 1º. Premio Fondo Nacional de las Artes, al margen de otros premios de prosa que no menciono aquí. Por fin, Mercedes Araujo, recibe en 2009 el 3º Premio del Fondo Nacional de las Artes.
Para terminar el panorama general de las coincidencias de este conjunto de escritoras y antes de detenerme mínimamente en los rasgos de sus respectivas obras, me parece importante mencionar la colaboración de gran parte de ellas –Florencia Walfisch también en su vertiente de artista plástica- en la revista Ventizca de Guadalupe Wernike y Verónica Schkolnik, poetas ambas también asociadas a la editorial Abeja reina, y la publicación de los últimos libros de tres de las nueve poetas en la editorial Bajo la luna. En efecto, Claudia Masin edita Abrigo en 2007, Paula Jiménez Espacios naturales en 2009 y Carolina Esses Temporada de invierno también en 2009, libro éste que fue finalista en el Concurso de poesía “Olga Orozco” de la Universidad Nacional de San Martín en 2008.
Cuando comencé esta revisión de la trayectoria del conjunto de nueve poetas en el que me he centrado, dije que la convergencia y la solidaridad que las caracterizaba iba más allá de las diferentes estéticas individuales. Y sin duda, no sería posible trazar una estética común a todas ellas, ya que frente a la articulación de niveles muy diferentes de lengua y una experimentación formal y lingüística constante que se percibe en la poesía frontal, potente y recorrida por la ironía de Cecilia Romana, que puede oscilar entre el poema en prosa de corte narrativo y un poema marcadamente ritmado y casi oral, se recorta la progresiva decantación lingüística de Claudia Masin, cuyo tono poético va adquiriendo una creciente intimidad y delicadeza en sus últimos libros, donde la voz no traza como un pincel casi impresionista las imágenes cinematográficas que caracterizaban a su libro premiado en España, la vista, sino que se vuelve sobre el repliegue más secreto de la subjetividad. También marca su especificidad frente a las dos anteriores la poesía de la mendocina Mercedes Araujo en la que se destaca la riqueza de imágenes de notable nitidez y singularidad, un lenguaje cuidado a la par que transgresor, que explora zonas secretas de la sensibilidad, y un inquietante juego de metamorfosis en el que la subjetividad femenina entra en asombrosos devenires animales a fin de conquistar su condición, más allá de las heridas de la experiencia. De igual manera, no es fácil encontrar puntos de contacto entre la pericia para levantar vuelo poético a fuerza de una sintaxis cargada de energía y de un uso a la vez coloquial e insólito del lenguaje, tras insertar las palabras menos líricas y aparentemente más difíciles de incluir en un poema, provenientes de la jerga anatómico-kinesiológica, que le da su textura peculiar y renovadora a la poesía de Marina Serrano y, por un lado, los ritmos quebrados y jadeantes, transgresores de la sintaxis y marcados por una materialidad y una sensualidad en las antípodas de lo intelectual, que unidos a una sucesión de imágenes de enorme riqueza visual y atmósfera onírica rigen los poemas o el largo poema fragmentario que constituye Sopa de ajo y mezcal de Florencia Walfisch o, por el otro, los poemas de Carolina Esses, que se apoyan más en lo no dicho que en lo explícito, en las sugerencias que abren sus imágenes asociadas por un lado, con lo natural, pero que por otro pueden derivar hacia una especie de surrealismo controlado y cotidiano, así como en una tonalidad escueta y conmovida que va enhebrando sus poemas junto con la metáfora del invierno. Similar confrontación se da entre la calma tensa que transmiten los poemas de Elba Serafín, cuya serenidad está como rodeada de peligros más o menos inminentes y cuyo lenguaje se mantiene en un deliberado tono menor que por momentos se inmiscuye en lo onírico, y el lirismo ascético de Ana Lafferranderie, quien parece convocar la voz y la mirada de la niña que fue para darle cuerpo poético a la infancia, recobrada en cada uno de los poemas de El cielo tácito y en el sutil erotismo del conjunto. Y lo mismo ocurre con el lenguaje medido y a la vez de singular fluidez de Paula Jiménez, cuyos poemas extensos y organizados en series demuestran un acabado dominio de la frase poética, que se desarrolla articulando de tal forma descripción y reflexión que se construye una atmósfera a la vez llena de significación y leve, donde se conjugan palabras cotidianas y refinadas, las cuales van construyendo imágenes que permanecen largo tiempo en la mente del lector por su nitidez y felicidad.
Sin embargo, más allá de las diferencias estéticas y de las coincidencias en cuanto a la vocación de hacer las cosas juntas, creo que hay algo que las hermana profundamente: una forma de entender la poesía que, sin caer en gestos extremos, implica asumirla como una vocación irrenunciable, como una forma de identidad que no tiene que ver ni con la fama ni con la circulación mediática sino con la lenta construcción de la propia voz, en ese diálogo incesante de la lectura y la escritura, del descubrimiento de nuevas o antiguas voces que alimentan y afilan la nuestra.
Sí, seguramente esa conciencia aguda del sentido de la poesía así como una similar conciencia de su condición de mujeres sea lo que les ha permitido recortarse como un fenómeno generacional, cuya propia dinámica potencia la producción de cada una, reflejada, apoyada, confrontada, facilitada y sustentada por la de las otras.
Como no es posible por cuestiones de tiempo leer poemas de las nueve escritoras, para cerrar estas palabras he elegido dos muy breves, que en el momento de su lectura me impresionaron de manera especial:
Del libro Abrigo de Claudia Masín escrito a partir de las Cartas y Diarios de Katherine Mansfield:

Descanso de mí como ciertas flores del desierto,
arrancadas del tallo, descansan en la arena:
sin esperar nada, ni la lluvia ni la muerte.

Del libro Viajar sola de Mercedes Araujo:

Viajar sola
La travesía no será aliviada.
Nací entre montañas, persigo la hierba
y ansío el desierto.
El desierto iguala a los peregrinos.

¿Y a las peregrinas?
A las peregrina nos mueve la luz
que se desplaza.


Nada más. CRISTINA PIÑA

sábado, mayo 08, 2010

A la feria...

Lunes 10 de mayo 16 – 18

Feria internacional del Libro – Sala Sarmiento

Mesa redonda Las nuevas escrituras (María Rosa Lojo – Elsa Drucaroff –Cristina Piña)

Cristina Piña- Las nuevas poetas

martes, mayo 04, 2010

Felicitaciones Mercedes Araujo!!


Por tu tercer puesto en el
Concurso de poesía del Fondo Nacional de las Artes!!!!

Subí un adelanto!!

miércoles, abril 14, 2010

Felicitaciones Romana y Carlos!!

Hoy, 14 de abril de 2010, en Santa Fé, nació Roma Bernatek, hija de Cecilia Romana y Carlos Bernatek.
Preciosa, sana, y enamorada de la vida.

Felicitaciones!!
Sigamos Enamoradas!!!!