miércoles, noviembre 16, 2011

Algo de la conferencia de noviembre, en Necochea

Hoy, 16 de noviembre, en La Nación, puede leerse parte de la conferencia que brindó Mori Ponsowy en Necochea, el día 3 de noviembre de 2011.

http://www.lanacion.com.ar/1423566-leer-un-modo-de-descubrirnos

viernes, noviembre 04, 2011

Conferencia Literaria en Necochea


El jueves 3 de noviembre, en el Multiespacio Cultural China Zorrilla (ex-cine TOLEDO) de Necochea, se llevó a cabo la conferencia literaria:

¿Por qué leer, por qué escribir?

Un montón de ideas mezcladas a punto nieve sobre la tarea del escritor.

a cargo de Mori Ponsowy y Mercedes Araujo.






En el marco de la conferencia también se realizó una exposición de pintura y fotografía a cargo de las artistas plásticas Cendak y Romina Fangio.

jueves, octubre 20, 2011

Mori Ponsowy y Mercedes Araujo en Necochea




Conferencia:

¿Por qué leer, por qué escribir?

Un montón de ideas mezcladas a punto nieve sobre la tarea del escritor.



Mori Ponsowy (Premio El Ateneo por su novela Abundancia) y Mercedes Araujo (Premio Fondo Nacional de las Artes por su novela La hija de la cabra) hablarán sobre sus propias experiencias como lectoras y escritoras, sus quehaceres literarios cotidianos, sus creencias íntimas acerca de la forma en que se deviene (o no) escritor/a.
Coordina: Marina Serrano.

Jueves, 3 de noviembre de 2011, 18:00 hs.  
Multiespacio Cultural China Zorrilla (Ex Cine Teatro Toledo) Av. 75 Esq. 58. Necochea.



Mori Ponsowy nació en Buenos Aires en 1967, pero siendo muy niña se fue con su familia a vivir a Perú y, después, a Venezuela. Es Licenciada en Filosofía y tiene una Maestría en Ciencias Políticas y otra en Creación Literaria. Trabajó durante varios años como redactora creativa publicitaria en Ogilvy & Mather, J. Walter Thompson y McCann Erickson. Su primer libro de poesía, “Enemigos Afuera”, (Ediciones del Copista, 2001) ganó en Argentina el Primer Premio Nacional Iniciación de la Secretaría de Cultura de la Nación, y una Mención de Honor del Fondo Nacional de las Artes. Su primera novela “Los colores de Inmaculada” (Ediciones El Brocense, 2006) ganó el Premio de Novela Corta de la Diputación de Cáceres, en España. Ha traducido a las poetas norteamericanas Sharon Olds (“El Padre”, Bartleby Editores, España, 2004) y Marie Howe (“Lo que hacen los vivos”, Editorial Luna Nueva, Venezuela, 2004).  Fue co-fundadora y la primera editora de la revista Lamujerdemivida, que en 2004 ganó el Premio Julio Cortázar a la mejor revista cultural del año en Argentina.  También ha publicado los libros “No somos perfectas” (relatos de vida de 18 mujeres argentinas) y "Mujeres políticas y argentinas" (entrevistas a mujeres del poder, en coautoría con Natasha Niebieskikwiat). "Abundancia", su segunda novela, fue finalista del Premio Clarín-Alfaguara 2009, finalista del Premio de Novela La otra orilla 2010, y ganadora del Premio Letra Sur 2010.Actualmente vive en Buenos Aires.



Mercedes Araujo nació en Mendoza en 1972 y vive en Buenos Aires. Es escritora y abogada. Publicó los libros de poesía Ásperos esmeros (Ed. Del Copista), Duelo (Ed. En Danza), Viajar sola (Ed. Abeja Reina) y La isla (Ed. Bajo la luna). En 2011 obtuvo el primer premio del Fondo Nacional de las Artes por la novela La hija de la Cabra que es su primera novela. En 2010 obtuvo el tercer premio del Fondo Nacional de las Artes en poesía con el libro La isla, publicado en Bajo la luna. - En 2006 fue invitada al Encuentro de Poetas del Mundo Latino realizado en México. En 2005 su libro Ásperos esmeros obtuvo el Premio Alberto Burnichon al mejor libro editado en Córdoba. En el año 2000 fue seleccionada para el premio diez poetas jóvenes, Poetas de la Feria organizada por la Fundación El Libro.  Sus poemas forman parte de las antologías Poetas argentinas, 1960-1980, Ed. Del Dock,  Hotel Quequén I y Hotel Quequén IV, Ed. Sigamos Enamoradas, entre otras. Sus textos pueden encontrarse en cartasdesdeeljardin.blogspot.com

sábado, septiembre 10, 2011

domingo, agosto 28, 2011

jueves, junio 30, 2011

Más Castellani...

Extraido de:
http://golosinacanibal.blogspot.com/2011/06/de-como-exhumar-el-cuerpo-de-un.html

jueves, junio 30, 2011


De cómo exhumar el cuerpo de un condenadoDiego Bentivegna, autor del brillante Castellani crítico: ensayo sobre la guerra discursiva y la palabra transfigurada, ha tenido la amabilidad de contestar, de forma extensa y sugestiva, tres preguntas sobre la figura del cura, prolífico y polémico autor, y sobre el cuestionamiento del canon de la literatura argentina que resulta de la publicación de su libro.

1. En Castellani crítico, queda claro el porqué de la elección de su obra, de su vida pero ¿cómo llegaste a conocerlo y a interesarte por sus textos?

D. B.: Llegué a Castellani como uno llega casi siempre a los temas que lo terminan interpelando: por varios caminos, algunos inesperados. En principio, me crucé con Castellani en los escritos de Daniel Link sobre Walsh; es claro que el jesuita ocupa un lugar fundamental en la formación intelectual, e incluso en la idea de escritor, de Walsh y de la generación a la que Walsh pertenece. Por otro lado, el nombre de Castellani fue surgiendo en zonas que iban mucho más allá de su carácter de autor de textos policiales, es decir, de su lugar en el canon como uno de los grandes autores del género. Fue apareciendo en otras series, a partir de algunos interrogantes de carácter teológico-político que hoy resultan insoslayables y que Castellani, de una manera u otra, desde una posición explícitamente política que no es ajena al clima antimoderno que atravesaba a una porción del pensamiento occidental, había planteado en la Argentina desde los años 40. Me refiero a las lecturas en clave histórica y política de cuestiones como el Apocalipsis, que Castellani traduce en los años 50, cuando está pensando no sólo a Carl Schmitt, que era ya una lectura habitual en ciertos autores nacionalistas, o a Erik Peterson -teóricos que hoy son la sustancia de una reflexión teológico-política seria- sino también a Simone Weil, a quien aprecia muy tempranamente. Hay, pues, una zona del saber que Castellani elabora de manera lateral a las articulaciones que van armando lo que hoy entendemos como literatura argentina del siglo XX, pero en relación directa con las grandes debates de su época, una discusión que, de una manera a otra, llega hasta el presente. Y veo una alternativa muy clara a la oposición cosmopolitismo/nacionalismo.

Con todo, el mejor estímulo fue seguramente el vacío en torno a Castellani, más allá del Castellani policial: el borramiento de un critico y de un novelista considerable de las historias literarias y de los programas universitarios, como si en esos textos hubiera un elemento efectivamente resistente al tipo de preguntas que la crítica académica plantea y con las que se viene armando desde los 80 el canon de lecturas legítimas. El vacío es un acicate invalorable, porque es producto de una denegación que funciona también como indicio de un modo en que se ejerce la crítica académica y, por supuesto, la crítica periodística en los medios hegemónicos.

Quiero destacar que no me interesa hacer una apología de Castellani, ni tampoco levantar una condena indignada desde la koiné de la corrección política. No me interesa ese tipo de crítica que sólo muy raramente se corre de lo dado y que termina revalidando ese dado como válido, lo actualiza desde el punto de vista de lo que es apto para ser leído. Se puede pensar que ese estado de la crítica es "pregramsciano", una crítica depotenciada de su capacidad de intervención sobre lo que hereda y demasiado integrada desde el punto de vista de las instituciones y los mandatos. Sobre todo, una crítica que lee el canon, pero muy raramente los procesos de canonización, al contrario de lo que hace Gramsci con Croce o con Gentile. Una crítica para la que las disputas por el sentido y el debate en torno a la literatura -muchas veces postulados como declaración de buenas intenciones- se esfuma. Es esa carencia de una perspectiva conflictiva lo que hace que esa crítica sea tan reiterativa y previsible.

El problema es sobre todo que los juicios encomiásticos plasman un modo de leer demasiado confirmatorio y, consecuentemente, no crítico. Un discurso que la retórica enmarcaría en el ámbito del género epidíctico, del orden de lo que se celebra -algo que está en relación, según Aristóteles, con el discurso fúnebre, y que es en consecuencia lógico que reaparezca ahora en los recordatorios borgeanos-, un género donde están los gérmenes, sí, de la crítica, pero que aun no llega a serlo. Bueno, Castellani -como varios otros escritores argentinos, por supuesto- es otra cosa, habla desde otro lugar, no es de derecha ni de izquierda, huye de esa dicotomía decimonónica. No admite ser acomodado con facilidad en los armados tradicionales de la crítica, no apela a un panteón difuso y prestigiado por la elite, no es simpático para la industria cultural. Castellani incomoda y exige, y esto lo subrayo, pensar la literatura en términos de conflicto, de choque por el sentido, de campo de fuerzas donde nada está clausurado del todo y donde todo cierre es provisorio.

Por último, algo anecdótico, familiar. A principios de los años 50, Castellani, suspendido ya de la Compañía de Jesús, pasaba varias temporadas en la casa de su hermano, médico, en la calle Libertad, a pocos metros de donde mi abuelo tenía su pescadería, en pleno centro inmigratorio -italo-árabe-judío- de Buenos Aires. Una de mis tías, además, era secretaria de ese hermano médico de Leonardo. Era común ver a Castellani deambulando por esas calles del centro, como una aparición (como dice Conti en su recuerdo publicado en la revista Crisis), como enfrascado o poseído, en una situación de profunda precariedad, puesto literalmente al bando.
Todo eso, de lo canónico al relato familiar es, creo, una mezcla estimulante.


2. Con la recuperación crítico-teórica que realizaste de Castellani, puede encenderse la oportunidad de reeditar sus libros que, hoy, resultan inconseguibles más allá de las librerías de antigüedades. ¿Hay proyecto de reedición de alguno de sus libros?
D. B.: Sí, estoy trabajando en la reedición de algunas cosas de Castellani para la colección Los Raros, de la Biblioteca Nacional, una colección que es, creo, uno de los grandes proyectos culturales de los últimos años. Una apertura, hecha desde un organismo estatal, del campo de lecturas posibles, más allá de lo consabido.

3. Finalmente, en consonancia con esta exhumación de un cuerpo y una obra condenadas en la literatura argentina, ¿te interesan otros autores argentinos que han dejado de leerse por operaciones críticas, falta de ediciones, etc.?
D. B.: Por supuesto, me interesan muchos autores argentinos, que en general han sido tratados con desdén, sumariamente condenados o directamente ignorados por la crítica convencional.

Por un lado, me interesan algunos personajes ligados a Castellani, con los que él está pensando permanente su producción, como Ernesto Palacio, que es uno de los críticos más lúcidos en los años 20 y en los año 30, además de traductor de Virgina Woolf, de Dante y de Céline, como Ramón Doll o como Hernán Benítez, que elabora desde los 30 una concepción material del arte y de la literatura con fundamento escolástico y que desde fines de los 40 va a dirigir la revista de la UBA. Me interesa la lectura que hace Benítez en esos años de la filosofía existencial a partir de Unamuno y la construcción de una concepción teológica de lo político a partir de la noción de solidaridad.

Me interesa mucho, además, un grupo de autores que piensan el problema de la tradición en esos mismos años 30 y 40, gente como Canal Fiejóo, Juan Alfonso Carrizo o Bruno Jacovella. Ver ahí cómo se arma un dispositivo nacionalista, donde lo folklórico es un componente fundamental y problemático.

Otro autor que rescato es Arturo Marasso; sus textos sobre Cervantes, Góngora o sobre Rubén Darío son un ejercicio de crítica a la vez académica y ensayística insoslayables, que se pueden leer en serie con los grandes momentos de la estilística, de la filología e incluso con la crítica iconográfica del siglo veinte. Es de una línea política y cultural totalmente diferente de la de Castellani, está en otra esfera, tiene serios problemas a partir del 43, con el ingreso de los nacionalistas al sistema educativo, pero también, por motivos que habría que elaborar, queda afuera de lo pensable desde la crítica hegemónica a la que me referí más arriba. Son textos que implican realmente un desafío para el lector, que ponen en juego paradigmas de lectura complejos como lo hacen en ese tiempo Spitzer o Warburg, autores que no generan ese efecto de estar participando de un mundo cultural aceptable de manera veloz y digerida, como en el caso de Borges o Cortázar. Me apasiona, además, la pregunta geográfica por la literatura, que me parece que en la Argentina está poco trabajada. Marasso, como Carrizo o Canal Feijóo o Jacovella, se arma a sí mismo desde lugares excéntricos de la Argentina, desde Chilecito y Catamarca. Primero “en provincias” y más tarde en Buenos Aires, Marasso se forma en los rigores de la crítica filológica y estilística y desde muy joven se dedica a la enseñanza en la Universidad de La Plata y en el Mariano Acosta, la Escuela Normal de Profesores. Es imposible pensar a Marasso prescindiendo de ese lugar profesoral, en el que su escritura se arma. Todo eso –lo provincial, lo erudito, lo profesoral- se elabora en sus ensayos y en su poesía. Es refractario a las lecturas veloces, no es reparatorio ni consolatorio ni sarcástico, y eso lo hace, desde mi perspectiva, especialmente atractivo.
Publicado por Matías en 12:12 AM

domingo, junio 26, 2011

Inauguración en Quequén

Inauguraron el Centro de Salud del barrio Estación Quequén

http://www.ecosdiariosweb.com.ar/index.php?option=com_content&view=article&id=10194&catid=1&Itemid=2

Con la presencia de numerosos vecinos del Barrio Estación Quequén, se inauguró ayer el nuevo Centro de Atención Primaria de la Salud “Francisco Manuel Ortiz” en su nueva sede, ubicada en calle 578 Nº 3067.


Pasadas las 15, comenzó el tradicional encuentro recreativo “Compartiendo espacios” frente al establecimiento, donde se colocaron juegos inflables para recibir a los chicos del barrio. Tras la llegada de las autoridades municipales, se dio inicio al breve acto inaugural encabezado por el intendente Daniel Molina, quien estuvo acompañado de sus funcionarios y concejales.

Cabe destacar que hasta ayer, el centro de salud funcionó en un edificio cedido por el Episcopado, pero ahora tiene su propio espacio con tres consultorios médicos, una sala de enfermería, sala de espera, cocina y baños. A un costado se construyó también un salón comunitario para la asociación vecinal.

“El aporte de todos”
Antes de descubrir la placa que da el nombre a la nueva sede, el secretario de Salud, Juan Carlos Barrera mencionó a todas las personas, empresas y asociaciones que hicieron posible “este sueño”, que “se pudo concretar gracias al esfuerzo y al trabajo mancomunado” de distintos sectores de la sociedad.
En este sentido, nombró a Francisco Ortiz, quien donó el inmueble; a la familia Serrano, que hizo un importante aporte para hacer la remodelación del lugar; a la Asociación Vecinal Vieja Estación, por el esfuerzo; a la Fundación El Faro, que colaboró con el mobiliario, además de una serie de empresas que prestaron un gran apoyo a este proyecto. También recordó que la Provincia brindó un subsidio y la Municipalidad aportó la mano de obra.
“Sin lugar a dudas, este centro de salud es el resultado de una construcción colectiva”, agregó.
Por su parte, Marta Serrano dijo que “colaboramos con este centro de salud cumpliendo un sueño de Abel Serrano antes de morir” y se comprometió a seguir trabajando como empresa (Combustibles S.A.) con la asociación vecinal, la Escuela Nº 40, el centro de salud, por los chicos y la juventud del Barrio de Estación Quequén.


“Ejes de los barrios”
Por último, el intendente Daniel Molina agradeció a Abel Serrano por la iniciativa, destacando que el haber concluido la obra es como un “homenaje” que se le brinda a su persona.
Siguiendo con su discurso, el jefe comunal recordó el impulso que se le dio durante su gestión a los centros de atención primaria de la salud, considerándolos “ejes fundamentales en los barrios de Necochea y Quequén”.
“Tenemos 11 centros de salud cada vez más complejos: incorporamos secretarias, psicólogos, odontólogos y pronto iremos incorporando más especialidades”, adelantó.

Elogió al Barrio Estación Quequén por su participación en los problemas de su comunidad e instó a todos a seguir comprometiéndose. “Los objetivos son muchos”, recordó, al tiempo que destacó que “el barrio tiene un gran problema de cloacas, pero para ello tenemos que comprar dos bombas que son muy costosas pero tenemos que adquirirlas de alguna manera”.///

Foto: Juan C. Dray
Compromiso. De Marta Serrano con el Centro de Salud y el Barrio Estación Quequén. La acompañan Barrera, Molina y Amílcar

martes, junio 21, 2011

Nuevo libro de Cristina Piña

viernes, junio 10, 2011

Nota en El Litoral: "El poder de la letra"

http://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2011/06/10/opinion/OPIN-03.html

Diego Bentivegna, en El poder de la letra, que acaba de publicar la Editorial Universitaria de La Plata (Unipe), estudia en cuatro textos algunos momentos en que el humanismo integral de Estado se concibió en el Río de la Plata. Manuales, planes de estudio, leyes de educación, estudios literarios en los que se perfila la guía, el encauzamiento y el ascenso al destino venturoso y virtuoso de una nación a través de una instancia cultural civilizadora, en la cual la literatura y la lectura ocupan un lugar central. “En el siglo XIX, a través de la constitución de los estados nacionales y de la consiguiente expansión del sistema educativo, el humanismo es percibido como un modo de intervención política concreta en el cuerpo social. Es el siglo del Liceo, de la Escuela Normal, del Bachillerato, del Gimnasio. Es el siglo, en pocas palabras, ‘del humanismo de Estado’, un humanismo burgués, pedagógico, y, hasta cierto punto, cosmopolita, fundamentado en la confianza en los clásicos y en la validez universal de las lecturas nacionales”.

Consecuente con esta premisa, el primer texto repasa la historia y los fundamentos del Manual de enseñanza moral para las escuelas primarias del Estado Oriental, que Esteban Echeverría escribe durante su exilio en Uruguay y que se publica en 1846, y con el que se propone la regeneración y transformación gradual de la ciudadanía de un país. Ese manual que Juan María Gutiérrez calificará como “el más precioso, efectivo y elocuente tratadito, el libro más adecuado para sembrar en las conciencias tiernas las semillas del bien y el germen de las virtudes viriles y sólidas de que rebosaba el alma de su autor, de quien pudo decirse que tenía el corazón en los labios”.
En el segundo texto, Bentivegna analiza a tres profesores y funcionarios preocupados por la constitución de una identidad nacional a partir de una acción en distintos ámbitos del Estado: Calixto Oyuela, Joaquín V. González y Ricardo Rojas. Especialmente centra la atención en la forma en la que conciben las relaciones entre el “pueblo” y la producción literaria.
El tercer estudio se ocupa el humanismo, la lectura y la comunidad nacional en dos pedagogos espiritualista, Juan E. Cassani y Juan Mantovani, ambos nacidos en 1896 en la “pampa gringa” (Cassani en Lincoln, provincia de Buenos Aires; Mantovani en San Justo, provincia de Santa Fe).
El texto final analiza los textos en los cuales los filólogos españoles Amado Alonso y Américo Castro
dan a conocer, entre 1935 y 1943 estudios lingüísticos y literarios que tratan el “caso argentino”, sosteniendo la unidad y homogeneización de las prácticas lingüísticas como base indeclinable para la unidad cultural hispanoamericana

jueves, junio 09, 2011

Lectura de Enrique Butti en Buenos Aires - Junio 2011

 Inés Manzano - Enrique Butti

Freidemberg - Serafini- Butti- Serrano- Martinez (detrás de cámara: Cella)

miércoles, junio 01, 2011

Los videos de Santa Fe (hasta ahora...)

buscar en you tube
santa fe - sigamos enamoradas
y baja todo!!!!

Butti en Buenos Aires

Ciclo de poesía


INTERIORES

Te invita a la lectura y presentación del poeta:

ENRIQUE BUTTI
-SANTA FE-

En la Biblioteca Popular "José Ingenieros"
Ramírez de Velasco 958 - Villa Crespo
Buenos Aires - Argentina
El sábado 4 de junio de 2011 - 18h.
Se ruega puntualidad

Un poema de muestra:

No exageremos, quiero verte

Casi prefiero tu ausencia
(es mentira, es claro, es un consuelo)
para ver crecer los milagros,
multiplicarse tu presencia.
Cada rayo de sol
baja como la llamarada de cobre
que atraviesa el corazón
de la santa de Bernini.
El aire que persiste es de jade tallado.
A intervalos
la flecha de Zenón
se detiene,
autos inmóviles,
caras mirando el cielo,
chicos levitando.
Las frutas de la feria son de Cézanne,
los interiores de las casas de Vermeer,
los camiones de la avenida
coreografías de Paolo Uccello.
Si no te veo
empiezo a verte en todo.
Pero vamos, no exageremos,
no vayas
a dejarme perdido en la pirámide
entre cámaras y recámaras
de falsos tesoros,
magníficos sólo
porque participan
del reflejo que les llega
del centro secreto
que está siempre
donde estás.

domingo, mayo 22, 2011

Lectura en Santa Fe - Mayo 2011

Ada Torres- Cecilia Romana- Nora Hall- María Lanesse- Diego Di Vincenzo- Elba Serafini - Susana Cella - Daniel Freidemberg
Carlos Bernatek- Diego Bentivegna- Enrique Butti - Marina Serrano
Elba Serafini
María Lanesse

Alejandro Pidello (Rosario)

Ada Torres (Rosario)
Daniel Freidemberg

Vista desde la sala de lectura en el Museo Etnográfico de Santa Fe

Preparación para el taller sobre Castellani, brindado por el Dr. Diego Bentivegna, autor del libro Castellani Crítico, Cabiria Ediciones, 2010.


Enrique Butti - Diego Bentivegna

martes, mayo 17, 2011

información sobre el encuentro SANTAFECINO

No se pierdan estos links
(no serán Jack Daniels-Links, pero...)

http://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2011/05/16/escenariosysociedad/SOCI-07.html


http://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2011/05/16/opinion/OPIN-03.html

lunes, mayo 16, 2011

Feliz Cumpleaños Gabriela Sabatini


Hace dos años escribí un poema. Y nunca se convirtió en sapo
ni tuvo efectos pragmáticos.
Abandoné cualquier intento de corrección: sacarlo a flote no tenía sentido,
los trajes de baño enterizos no estaban de moda
y pensé que las plataformas volverían a usarse.
Soy un escándalo estético, dije cuando las compré
y no recuerdo siquiera la última vez
que hube deseado algo con tanta devoción,
Susana Giménez obligándome a entrar en el Jordán por falta de extras,
para cumplir mi parco destino de bolo:
detenerme, por una vez aunque sea,
en el lugar indicado, en el momento indicado.
(m.s.)


Feliz Cumpleaños Gabriela Sabatini!

miércoles, mayo 11, 2011

Lecturas en el 
Museo Etnográfico de Santa Fe


Viernes 20 de mayo:

Susana Cella (Buenos Aires)
Nora Hall (Rosario)
Carlos Bernatek (Santa Fe)
Marina Serrano (Buenos Aires)
Alejandro Pidello (Rosario)
Diego Bentivegna (Buenos Aires)
Estela Figueroa (Santa Fe)

Sábado 21 de mayo:
María Lanese (Rosario)
Elba Serafini (Buenos Aires)
Diego Di Vincenzo (Buenos Aires)
Ada Torres (Rosario)
Enrique Butti (Santa Fe)
Daniel Freidemberg (Buenos Aires)
Cecilia Romana (Santa Fe)



Viernes 20 y sábado 21 de mayo, 19 hs. Museo Etnográfico y Colonial "Juan de Garay". 25 de Mayo 1470, Santa Fe. 


Invita:

Ministerio de Innovación y Cultura, Provincia de Santa Fe
Sigamos Enamoradas, Editorial

lunes, mayo 09, 2011

Homenaje al gran Godino

(texto leído en la entrega del PREMIO FUNDACIÓN ARGENTINA PARA LA POESÍA. LUNES 9 DE MAYO, 2011 – 16:30. FERIA DEL LIBRO – SALA ROBERTO ARLT)



LA POESÍA DE RODOLFO GODINO
por Cristina Piña

In memoriam Javie Adúriz



Hay tareas que uno acepta con alegría y orgullo, pero, en rigor, sin tener verdadera noción de todo lo que implicarán en cuanto a descubrimiento, placer, ahondamiento en la belleza. Y eso fue precisamente lo que me ocurrió cuando respondí afirmativamente al pedido de Rodolfo Godino –transmitido por Lidia Vinciguerra- de que hablara hoy sobre su obra, en ocasión de la entrega de este Gran Premio de Honor de la Fundación Argentina para la Poesía.


Por supuesto que me sentí profundamente honrada de que Rodolfo me eligiera a mí, cuando tantos poetas y críticos de la altura de Carlos Mastronardi, Basilio Uribe, Alberto Girri, Raúl Gustavo Aguirre, Javier Adúriz, Daniel Ponce, Pablo Anadón, Alejandro Patat y Ricardo Herrera han escrito admirablemente sobre él, así como alegre ante la perspectiva de volver a su poesía, sobre la que también he escrito en diversas ocasiones.

Pero lo que no medí fue el impacto interior que significaría releer casi de una sentada la totalidad de su poesía –o casi, pues volví a la incluida en Viaje favorable (1954-2004) y Asunto por asunto (2010)-, el regocijo estético, la sensación de encontrarme con nuevos niveles de significación en una obra que creía conocer y que, retomada después de casi treinta años de entrar en contacto con ella –porque leí por primera vez la poesía de Rodolfo, más concretamente Gran cerco de sombras, en 1982- no sólo me confirmó que Rodolfo es uno de los mayores poetas argentinos del siglo XX, sino que me deslumbró con nuevos destellos de sentido, de belleza y de ética de la escritura.

En efecto, una cosa fue ir conociendo uno tras otro los sucesivos libros que, tras el largo silencio que media entre Gran cerco de sombras de 1982 y A la memoria imparcial de 1995 fue publicando Rodolfo –de Centón (1997) a Lengua diferente (2004)- así como incorporar los que no conocía a través de la antología Curso del 82 y otra bien diferente releerlos todos juntos y casi, como señalaba, de una sentada en Viaje favorable y en el admirable reordenamiento que realiza el propio Rodolfo en Asunto por asunto. Si insisto en la diferencia es porque, más allá de la visión bastante clara que tenía de su obra, gracias a esta lectura advertí con más nitidez que nunca la profunda unidad que hay en su producción, tanto como las modulaciones de lo que podríamos llamar sus grandes preocupaciones –la reflexión sobre la poesía, la relación entre palabra y realidad, el valor de la memoria, la división entre la superficie del poema, que se quiere pulida y perfecta, y la oscuridad hirviente de la psique, la noción ampliada de realidad, el simultáneo terror y fascinación ante la materia, la presencia de la naturaleza, etc.- y las sutiles pero decisivas modificaciones de una poética marcada a fuego por el laconismo, el repudio de lo coloquial en sentido amplio y un trabajo obsesivo sobre la sintaxis.

En estas palabras, por necesidad breves, me propongo dar cuenta de esa simultánea percepción de unidad y modulaciones que me produjo la relectura de su obra, pero antes quiero señalar un par de factores que demuestran hasta qué punto es entrañable y cercana para mí a la poesía de Rodolfo.

La primera, tiene que ver con el hecho de que en dos ocasiones, en el contexto de un concurso, elegí, por admiración y coincidencia en cuanto a la concepción estética el libro que presentó. Un caso es público y notorio, ya que fui jurado de preselección en el Concurso del Diario La Nación de 1994 donde Rodolfo ganó con A la memoria imparcial votado unanimidad en las dos instancias del concurso: preselección y selección definitiva. El otro, secreto, porque casi 15 años antes también elegí Gran cerco de sombras entre los finalistas del premio de Mar del Plata, sólo que anónimamente, in pectore y sin incidencia alguna en el otorgamiento del premio, porque en este caso yo no era jurado sino Federico Peltzer, mi pareja de ese momento.

El segundo es menos literario pero no por ello menos significativo: también yo soy una “hija de Piscis” como diría Rodolfo, por lo que, sin duda, resuenan de manera especial en mí la música y las elecciones estético/temáticas de su poesía.

Yendo ahora a lo que he llamado las preocupaciones y rasgos centrales de la poesía de Rodolfo, creo que Pablo Anadón acierta admirablemente cuando la califica de poesía de meditación, en el sentido de poesía que “piensa el sentimiento y siente el pensamiento” que le da el poeta español José Ángel Valente. En efecto, Rodolfo no cae nunca en la anemia de la poesía que exclusivamente se limita a pensar –como es el caso de ciertos autores con los cuales se lo ha identificado erróneamente- sino que desde el comienzo de su producción y cada vez más acusadamente a partir de Elegías breves y, sobre todo, Ver a través, se permite el vuelo lírico y el temblor de la emoción, así como infundirle pasión a sus palabras, sin que ello implique ceder a los desórdenes y las trampas verborrágicas del sentimiento, sino haciéndolo a partir de una pasión por lo perfecto, que implica someter el mundo interior desbordado a la mediación entre pulsión e imaginación que implica todo poema, como lo afirma, de manera privilegiada, tanto en el “Arte poética” de Gran cerco de sombras como en el poema “Al censor” que abre A la memoria imparcial:



ARTE POÉTICA

El poema busca la mediación:

su móvil aura se anuncia

a la conciencia expandida.

Cuando el desorden refluye,

para encarnarse baja, tránsito

que no cambia ni redime:

sólo hunde la carga que transfiere. (129)



AL CENSOR

Es tan crítica la soledad

donde se cuecen

los signos personales y las rupturas

de la emoción, y tan grave

el decoro, tan torpe,

que el gesto de enviar

estos poemas abiertos

sólo quiere decir estoy vivo,

el escándalo mental encuentra límites

en la poesía, en la mesura

de razón e imaginación. (143)



Pero si el poema es esa instancia de mediación, la experiencia personal que constituye la materia del poema, está a su vez mediada por una distancia que garantiza el equilibrio y que en gran parte de su obra debe establecer, ante todo, la memoria, instancia a partir de la cual se aborda de forma privilegiada la experiencia, según ya está admirablemente anticipado en el poema “Regreso de sombras” perteneciente a su primerísimo producción que recién aparece en libro en el apartado Ensayos de Viaje favorable:



REGRESO DE SOMBRAS

No perdamos la distancia, memoria

que debes describir el leve ruido

de los convidados. (41)



Y, en efecto, en la totalidad de su producción la memoria ocupará un lugar de privilegio, en su carácter de encargada de traer la materia real al poema. Sin embargo, el cumplimiento de esa tarea no es una constante, ya que a partir de 1972 el poeta procura reemplazarla por la “mirada presente” que da título al libro de ese mismo año y que intenta sustituirla hasta A la memoria imparcial de 1995 -es decir, a lo largo de tres libros- como recurso para “preservar el mundo” en el poema, según se ve en el poema “Landscape” de La mirada presente



LANDSCAPE

La extraña ambición de preservar el mundo,

la fijación de rasgos

que incesantemente

son otros y contrarios,

oh ambigua cabeza de la princesa d’Este

sonriendo

en una iglesia solitaria.



Sujeto cambiante y débil instrumento

llevan al reino de la aproximación

donde soñando que una parte

representa al todo

siempre la constancia atrapa un matiz. (87)



Sin embargo, sin duda por la conciencia claramente manifiesta de la variabilidad del sujeto y la debilidad del lenguaje, esa mirada presente queda reemplazada en su obra posterior por la memoria, facultad que, a pesar de todo, no se idealiza, pues se reconocen –y desenmascaran- sus leyes traicioneras y engañosas, revelándola en su carácter de desvío de la mente, ficción compensatoria o fatal que burla toda disciplina, pero que más allá de eso, permite restaurar en su precariedad de impresión frágil y tamizada de emoción, la materia esquiva de la experiencia.

Ahora bien, que la memoria vuelva a recuperarse como factor capital para traer la materia de la experiencia a la poesía, implica una nueva valoración de ella, por la cual se la proclama abiertamente única instancia capaz de preservar el mundo, según se ve en el final del poema:

A CAMPO TRAVIESA



… (Milagro

sometido a lo real

retornando gracias a ti, memoria

protectora del alma, escudo). (218)



Asimismo, dicha recuperación determina simultáneamente que la poesía de Godino adopte un tono elegíaco que, si estaba presente casi desde el comienzo de su escritura, a partir de Elegías breves parece adueñarse de su poesía, sólo que ahora legitimado por el derecho inalienable de la edad, como lo dice en uno de los poemas de este libro, titulado “Convertido en algo que no tiene nombre en lengua alguna”:



Lo elegíaco –el manoseo de las sombras,

aquel sonido falso en el poema joven-

sopla, es real, después de los cincuenta (222)



Y si el tono se vuelve elegíaco y la mirada se dirige hacia un pasado que irá volviendo en cada libro con más peso y voluntad de revelación, lo que antes quiso ser una preservación del mundo ahora parece convertirse, ante todo, en un acuciante examen de conciencia del frágil y endeble sujeto poético. Porque si el sujeto que habla en los sucesivos libros de Godino se ha ido volviendo cada vez más impersonal y lábil y contradictorio –ese hijo de Piscis dividido, escindido en dos peces inconciliables y contrarios en la orientación de sus cuerpos- también está cada vez más fatalmente dispuesto a dejar salir esa verdad interior desprolija y culpable que ha mantenido a raya a lo largo de los años. Así, al cabo de libros en los que sólo se esboza algún poema amoroso –pienso en el hermoso “Amantes” de El visitante (1961)- en Ver a través comenzará a brotar la memoria del amor no sido, para componer, por fin, ese cancionero casi petrarquesco –como lo señaló atinadamente Alejandro Patat- que es Estado de reverencia. En él, el elemento erótico alcanza la densidad delicada y doliente de lo perdido que persiste y la palabra ya no actúa exclusivamente como hasta ahora, es decir como lo que preserva la experiencia, sino con una ambigüedad radical, ya que si por un lado es lo que la hace coagular y persistir:



La extraviada, la invisible

me envió en los años de la dispersión

un retrato de nuestra historia,

una carta donde lo escrito

era tan claro como el sentimiento. ( 278)



por otro, al quedar retenida, interrumpe la unión y la realidad de la experiencia, según lo dice, sesgada y bellamente, el comienzo de la serie de poemas “Estado de reverencia”:



I

Sujeta, impedida

mantuve en mi boca la palabra

que nos hubiera convertido,

la que debió orientar,

conducir

hasta los cuerpos desmañados

agua de unión. (287)



Recién califiqué de “sesgada” la expresión de Godino y creo que lo es, en el más alto sentido de la palabra, no sólo aquí sino en la totalidad de su obra. Porque desde el primero al último de sus libros hay en él una conciencia clara de que, como diría el filósofo francés Gilles Deleuze, escribir implica construir una lengua propia, que, en ese sentido, es una lengua extranjera dentro de la propia lengua; hacer vibrar la lengua materna de una forma tal que se aleje de su uso mayoritario, comunicativo, banal y se constituya en lengua menor, no en sentido peyorativo, sino en el de lengua vibrante por la emoción y el afecto.

La forma concreta en que Rodolfo hace vibrar la lengua, la carga de afectos, es imprimiéndole una torsión sintáctica personalísima, inconfundible, que convierte su dicción en una “dicción otra”, su lenguaje en ese “murmullo inmortal” por el cual se está dispuesto a cambia la vida, como se afirma en el “Arte poética” de Gran cerco de sombras.

Podría decir muchísimo más sobre la deslumbrante poesía de Rodolfo Rodino; podría extenderme en el análisis de sus estrategias para escribir desde el límite de todos los opuestos que convergen en su obra; para convocar la doble faz de la interioridad y el mundo, el peso insoportable de lo real y su gloria al presentarse como jardín o nube, para traer las figuras entrañables del pasado –el padre, la madre, la abuela- en poemas atravesados por el amor y la culpa, para exhibir la partición insoportable de la subjetividad. Prefiero, sin embargo, retornar a su palabra y leer, como cierre de mi intervención, uno de sus poemas donde me parece que brilla lo más entrañable de su voz poética y el fragmento final de otro, que siempre sentí como una confesión desgarradora y eufórica:



RIOBAMBA AL 1200



Por tener el corazón expuesto

-lo que muchas veces quiebra la garganta

y engendra opresión o induce al llanto-

quedé impedido junto al delgado tilo de vereda

en el primer día de octubre,



mes generador que abre

levísimos brotes, claras, casi líquidas hojas

que anuncian a quienes puedan ver y oír

los infinitos milagros que en pocas horas

comenzarán a caer sobre la tierra



CANCIÓN EN PISCIS

3

(…)

Agradeces y pagas

un tributo imparcial:

quienquiera que seas

las palabras te mutilaron,

te hicieron libre.

sábado, abril 30, 2011

miércoles, abril 20, 2011

domingo, abril 10, 2011

Pescando al ahogado (diario El Litoral)

http://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2011/04/09/arteyletras/ARTE-01.html

Por Cecilia Romana


“Castellani crítico. Ensayo sobre la guerra discursiva y la palabra transfigurada”, de Diego Bentivegna. Ediciones Cabiria. Buenos Aires, 2010.

Leonardo Castellani nació al norte de Santa Fe, más precisamente en Reconquista, un 16 de noviembre de 1899. De la misma forma que el tiempo se encargó de enterrar la primera fundación de don Juan de Garay en nuestras tierras, los años fueron ahogando la voz potente y original de este sacerdote jesuita, convirtiendo su nombre en una palabra hueca.

Pero Castellani fue un escritor prolífico, insólito en nuestro medio. Un crítico intrépido, cuya audacia le valió el exilio y quizás también, el olvido.

Tomando la posta de su interesantísima visión intelectual, Diego Bentivegna aborda su obra en Castellani crítico. Ensayo sobre la guerra discursiva y la palabra transfigurada, un libro esencial para ubicar a nuestro autor en tiempo y espacio, y confrontarlo con sus contemporáneos, los mismos que lo alabaron o defenestraron, según la época y el momento político que atravesaba el país.

Bentivegna, con un manejo erudito de las fuentes utilizadas, nos muestra el rostro menos conocido de Castellani: sus discrepancias con Borges; sus afinidades críticas con José María Rosa y Leopoldo Marechal, entre otros; sus gustos estéticos que ponen por encima de la poesía de Juan Ramón Jiménez a la de Miguel Hernández, por ejemplo; sus pensamientos sobre el libro como objeto, del que dice: 
“Quien hace una cosa, es suya. ¿Quién hace un libro? Primeramente el autor del libro, a veces con pedacitos sanguinolentos de su cerebro y fibrillas vivas de su corazón. Después del autor, el que hace un libro es el impresor, que le da cuerpo material. Tercero hace el libro el editor, que prestando su capital, hace posible a los otros dos obreros su obra, a veces trabajando él muy poco. Finalmente entra el librero, el cual lo tiene depositado en su casa y lo va vendiendo. La justicia más obvia pediría, pues, que el producto pecuniario de esa producción cultural fuese de mayor a menor en este orden: el autor, el impresor y el libro. ¿Qué pasa? Pasa todo al revés”.

Todos estos rasgos, más una invalorable cronología y la sección que el autor llama “Vademécum crítico”, que reúne textos del propio Castellani, esenciales para una mayor comprensión y penetración en su obra, conforman un volumen breve aunque concentrado que tiene por mayor virtud la de rescatar una figura original de nuestras letras, no sólo en los aspectos reconocidos de su labor narrativa, sino en su perfil ensayístico y crítico.

En la pluma de Bentivegna, estos fascinantes textos acaban por ser una pincelada evocadora del capital literario de todo un período histórico y él, en consecuencia, el arqueólogo que desenterró las ruinas, o el pescador que sacó del río al hombre ahogado.

Castellani sobre Borges


http://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2011/04/09/arteyletras/ARTE-02.html

El libro de Diego Bentivegna “Castellani crítico” presenta un apéndice bajo el título de “Vademécum crítico” con citas en las que recurren Baudelaire, Claudel, Joyce y Marechal, entre otros. Transcribimos aquí las referidas a Jorge Luis Borges.


Agorafobia literaria, Borges
Borges padece de agorafobia literaria: busca los rincones de la literatura; y cuando topa con una gran plaza, la cruza de una disparada frenética. Después que la ha cruzado, describe con ésa su belleza verbal de avezado poeta lo que ha pescado en ella; y la gran plaza (Cervantes, Dante, Quevedo, José Hernández) comienza a achicarse rápidamente y se convierte en rincón; a veces, sombrío. Así Chesterton se convierte al final de una nota en un talento fallido; Belloc en un pensador “derrotado por Wells”; y León Bloy en un hereje. Borges afirma que León Bloy creía ser católico; pero que él sabe que era un hereje. ¡Asombroso! ¿Cómo lo sabe? Pues porque León Bloy cree, lo mismo que San Pablo y otros no poco santos, que vemos a Dios “en espejo y en enigmas”; y que el espejo y el enigma no son sino la Creación y la Historia, las cuales tienen por ende para la fe un valor simbólico. Por eso León Bloy es hereje. ¡Desdichado de mí, yo también!

Inercia literaria. Borges
Borges es un exquisito sofista y un peligroso malabarista de ideas, además de un simulacro de filósofo, y un crítico literario de gran altura, aunque parcial. También es uno de nuestros más indudables poetas. A pesar de su gran ingenio, para el gran público es aburrido; porque el ingenio, la agudeza, la erudición, la retórica y la desesperación pueden simular la vida, no pueden engendrarla. Y así las obras de Borges son, casi sin excepción espléndidamente inertes, como bustos, como camafeos. Son productos mineralógicos: ácidos, sales, cristales, químicamente puros; pueden corroer y deshacer, no pueden alimentar, helás. Pero pueden sazonar, pero pueden desinfectar; pero pueden pulir, como los venenos

lunes, marzo 21, 2011

para chusmear...

Diego Bentivegna en el blog de Link...

http://linkillo.blogspot.com/2011/03/las-travesias.html

lunes, febrero 28, 2011

Hotel Quequén IV, Submarino - NOTA en el diario EL LITORAL, de Santa Fe

http://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2011/02/28/opinion/OPIN-02.html

Encuentro de escritores en Quequén


Un mar de lecturas


De la Redacción de El Litoral

Durante el fin de semana del 20 y 21 de febrero, se realizó en las playas de Quequén -provincia de Buenos Aires-, el tercer encuentro de lecturas en la arena que organizaron las poetas Marina Serrano y Cecilia Romana, fundadoras de la editorial independiente Sigamos enamoradas. Esta vez, la excusa para juntarse frente al mar fue la salida del cuarto volumen del libro Hotel Quequén, que en esta oportunidad presentó textos de una variada gama literaria, que va de la poesía a la narrativa, pasando por el ensayo filosófico y la crónica histórica.
Los escritores convocados en esta oportunidad -Carlos Bernatek, Susana Cella, Enrique Butti, Mercedes Araujo, Cristina Piña, Diego Bentivegna, Juan Bautista García Bazán, Diego Di Vincenzo, Daniel Freidemberg, Elba Serafini, y las nombradas Serrano y Romana- viajaron a las costas bonaerenses para leer sus trabajos bajo la atenta escucha de los veraneantes y poetas de la zona, que compartieron dos jornadas de emoción y buena literatura que culminaron con un frenético baile en el bar del balneario Monte Pasubio, donde se llevó a cabo el encuentro.
Sigamos enamoradas, el sello que crearon Serrano y Romana en el año 2006, y que ya lleva editados doce volúmenes entre poesía, narrativa y ensayo, apostó nuevamente a su viejo estilo: el de llevar a los autores a la playa y hacerlos leer frente al mar para mudar el fenómeno literario desde la urbanidad a la costa y aprovechar la ocasión para entrelazar vínculos entre los autores, que durante esos días desayunan, almuerzan y cenan juntos, en la interesante conversación que surge de la convivencia cotidiana.
En esta oportunidad, además de las dos lecturas oficiales, el evento playero contó con una invitación a escritores que no formaron parte del volumen Hotel Quequén IV, pero viajaron al mar a compartir sus textos. Ellos fueron, Daniel del Percio, Mariana Docampo, Paula Jiménez y Vanesa Guerra.
En la contratapa del volumen que acaba de publicarse se lee, a propósito del título (Hotel Quequén): “En el sótano (secreto) de este hotel funcionó la primera ruleta del país; por las noches, prestigiosos caballeros del siglo pasado apostaron clandestinamente mientras sus familias, ignorantes, gozaban el sueño pesado de un día de playa. Hoy, lejos de ese tiempo y en el mismo umbral, otras voces (contemporáneas pero igualmente enclaustradas) discuten, reflexionan y urden una trama: filosófica, narrativa, histórica, poética. Trama que llega, sin cortes ni correcciones, a imprimirse en este cuarto volumen de Hotel Quequén, Submarino. Un conjunto de ideas casi desapercibidas cuyo destino resultará, quizá, tan azarosos y arriesgado como el de aquellos pretéritos entretenimientos de sótano: la entrega amorosa a un lector dilecto”.


Las artífices del encuentro expresaron su alegría por los resultados y prometieron informar con antelación los datos del próximo, que seguramente juntará otras voces y otras escrituras, en esa hermosa y extensa playa del sur de Buenos Aires en febrero de 2012.

miércoles, febrero 23, 2011

Hotel Quequén IV, Submarino - videos lecturas

Cristina Piña
http://www.youtube.com/watch?v=j-q0KRdhaZY

Cecilia Romana
http://www.youtube.com/watch?v=za58MDnDNS0

Susana Cella

Daniel Freidemberg
http://www.youtube.com/watch?v=SqviaPmLbSc


Juan Bautista García Bazán
http://www.youtube.com/watch?v=vuI-Lla9AHQ

Carlos Bernatek
http://www.youtube.com/watch?v=0McQBzj8Dk8

Marina Serrano

Vanesa Guerra
http://www.youtube.com/watch?v=PU2wxgYacQI

Mariana Docampo
http://www.youtube.com/watch?v=UgkJzs7WIio

(paciencia, tardan mucho en subir...)

Hotel Quequén IV, Submarino - Fragmento IV - Daniel Freidemberg

RESISTENCIA

Daniel Freidemberg nació en Resistencia, Chaco, en 1945 y vive en Buenos Aires. Algunos de sus libros de poemas son: Blues del que vuelve solo a casa (1973), Lo espeso real (1996), La sonatita que haga fondo al caos (antología personal, 1998) y En la resaca (2007). Ensayo y crítica: La poesía del 50 (1982), La palabra a prueba (1993) y Cómo se escribe un poema (con Edgardo Russo, 1994). Es autor de una veintena de antologías de poesía. Dirige la colección de poesía de Editorial Colihue y Bárbara, revista de poesía y ensayo.



AL CAER EL ALBA, ENTRE LA LUZ CENIZA ...


Al caer el alba, entre la luz ceniza,

entre ese modo obtuso que tienen las cosas

de volver en sí,

no es viento lo que sopla, es como un agua opaca

que por detrás de la materia tiembla

como hecha de ecos de una vieja explosión

y, en lo que con la luz se extiende, el alma

intenta, opaca ella también, posarse.

No sé si por la guerra o el amor (ecos

de guerra o amor pesando),

algo retiene el alma tras los ojos.

Los que pasaron hace un minuto gritando

obscenidades, los que dejaron latas de cerveza,

esa mujer que arrastra un perro gordo,

no son ajenos, aunque tampoco la hacen, a la escena.

Miro abstracciones que dejó la resaca:

el mundo, una playa sorprendida por el amanecer.





COMO RESACAS DE LA MAR...

Como resacas de la mar.

Ojos en todas todas las cosas.

Cosas dejadas por el mundo.

Como es dispersa la verdad.



Cosa insistente la verdad,

mira como agua ahí en las cosas

que la resaca nos dejó

cuando se fue a contar otra historia:



necesidades de la historia,

que no acostumbra a preguntar,

y ahí quedaron a su paso

cosas que miran no sé a quién.





De Lo espeso real, Ediciones Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1996.

Hotel Quequén IV, Submarino - Fragmento III



EL MAR DE HERÁCLITO
(fragmento: Hotel Quequén IV- Submarino. Sigamos enamoradas 2011)
http://www.youtube.com/watch?v=vuI-Lla9AHQ


Hay tres fragmentos del filósofo que hablan del mar. Uno dice (61 DK):

«El agua del mar es la más pura y la más contaminada: Para los peces es potable y salvadora, pero para los hombres no es potable, e inclusive es perniciosa.» (Thálassa hýdor katharótaton kaì miarótaton, ichthýsi mèn pótimon kaì sotérion, anthrópois dè ápoton kaì oléthrion).

Lo puro y lo impuro, lo que salva y lo que destruye; el agua o el mar como atributos con sentido religioso, probablemente puedan ser alusiones al dios del vino.



*
Para la Ilíada o la Odisea el mar es lo estéril por antonomasia (Atrýgetos). Al contrario, Dionisos, como el dios de las uvas (Botrys), de los árboles (Endendros), de las flores (Anthios), del crecimiento de las plantas (Auxites) y de los brotes jóvenes (Problastos), representa la vida y sus manifestaciones. Otra cara del dios es la que se relaciona con el mar (Pelagios y Dýalos); él mismo es el marino (Haliéys) y el que se extiende sobre las playas (Akataoîs). Plutarco agrega que los griegos lo consideraban «el señor del vino y de toda la naturaleza liquida» (ou mónon toû oínou Diónyson allà kaì pásas hygrâs phýseos Hélles hegoûntai kýrion…). Es un dios húmedo (Hyés). El podía trasladar su fecundidad al mar: hace crecer de los mástiles de un barco las ramas de una parra como en la copa del pintor Exequias –hace lo mismo en el Himno homérico que lleva su nombre-. Pero también la muerte está en el agua: Su cuerpo que se hunde en el río, después que Perseo lo mata; esa zona se interpretaba como un acceso a las puertas de los infiernos. Y Heráclito decía (15 DK): “... es el mismo Hades (=la muerte) y Dionisos (=la vida), por quien deliran y celebran las Leneas” (…houtòs dè Aídes kaì Diónysos, hóteo maínontai kaì lenaítsousin)



*
Addenda: Atrýgetos, sin cosecha, sin vendimiar; tryx, referido al mosto, también las madres del vino.

Leneas, quizás de lenós, que es lagar y al mismo tiempo ataúd.



*



El mar o Dionisos, como lo más puro (katharótaton). Purificadores (Kathartaí), según Platón, eran los sacerdotes órfico-dionisíacos que prometían la bienaventuranza, la salvación, para los que seguían al dios. Una laminilla de Pelinna remarcaba: “Di a Perséfone que Baco te liberó (eipeîn Persephónai s’ hóti Bákchios autòs élysen)”. Heráclito, tal vez relacionando el lenguaje de los misterios, hablaba de la pureza del agua (13 DK): “Los cerdos se alegran más del barro que del agua clara” (hýes borbóroi hédontai mâllon katharôi hýdati). El mar o Dionisos, como lo más contaminado (miarótaton). Miarós, lo manchado de sangre, y en ese sentido como lo infame y malvado. Consecuentemente o no, Heráclito (5 DK): “Se purifican en vano, ensuciándose con sangre como si habiéndose metido en el barro, con el barro se lavaran...” (kathaírontai d’ álloi haímati miainómenoi hoîon eí ti seis pelòn embàs pelôi aponízoito).



*
Lo acuoso y lo agradable (77 DK): “Para las almas es una forma de deleite volverse húmedas, e inclusive una forma de muerte (psychêsi [phánai] térpsin è thánaton hygrêisi genésthai). El ámbito de Dionisos el húmedo (Hyés), como mortal (oléthrion); el corazón, la sangre, los lugares del placer (terpsin) dionisíaco.

117 DK: «Un hombre, cuando está ebrio, es llevado por un chico, mientras se tambalea sin percibir por dónde va, teniendo el alma húmeda» (anèr hokótan methysthêi, ágetai hupò paidòs anebou sphallómenos, ouk epaíon hóke baínei, hygrèn tèn psychèn). El hombre que vuelve a ser un chico y no sabe adónde pisar -como si estuviera en un barco-. Percibir (epaíon), como la carencia de un alma húmeda (hygrèn tèn psychèn).



*
Addenda II: Las aguas que marean. Corominas: “Saca y resaca, 1492, se aplicaron al flujo y reflujo del mar, cuando éste saca y vuelve a chupar los objetos que están junto a la orilla, de donde resaca ‘retroceso de las olas’”.

“El mar del color del vino” (óinopa ponton).



*
Lo que salva. El adjetivo sotérios aparece solo en el fragmento 61 DK. Sin embargo, en el prefijo del verbo sofroneîn, del fragmento 112 DK, también está: Sôs como lo sano, lo salvado, lo intacto; un pensamiento (froneîn) sano (so-), dicen los traductores. Yo prefiero decir: un corazón sano. Fronéo como derivado de fren, corazón, diafragma, entrañas precordiales. Zolla: El hombre con preocupaciones, decía Ovidio, está como embriagado, tiene las entrañas inmovilizadas (liquifiunt pectora), llenas de agua (lympha). Lymphatus como torpe, temeroso, olvidadizo, inepto. Vaporoso. El fr. 112 DK: “Sentir con el corazón es el valor más grande y la sabiduría, decir y actuar lo que es verdadero percibiendo [estas cosas] de acuerdo con la naturaleza” (sofroneîn aretè megíste kaì sophíe, alethéa légein kaì poieîn katà phýsin epaíontas). La naturaleza se esconde (123 DK) -Dionisos como un señor oculto-. Se percibe (epaiontas), como en el caso del chico que guía al adulto, si se carece de un alma húmeda (hygrèn tèn psychèn); tener un corazón sano (so-froneîn), es lo más grande y es una sabiduría. “El alma seca es la más sabia y la mejor” (augè xerè sophotáte kaì aríste) (118 DK). El señor de la vegetación, del crecimiento de las plantas, que se esconde detrás de los ramajes y de las olas. La luz del día. Lo seco, el fuego, como atributos de otro dios. Más tardía que las laminillas de Pelinna, está la de Olbia del 300 a. C.: Vida-Vida, Apolo-Apolo, Sol-Sol, Orden-Orden, Luz-Luz (Bios-Bios, Apolon-Apolon, Elios-Elios, Kosmos-Kosmos, Phos-Phos). La vida como Apolo y como lo que salva.

Sin embargo, 48 DK: “Vida: es cierto que el nombre del arco es vida, pero su obra es la muerte” (bíos: tôi oûn tóxoi onómato bíos, érgon dè thánatos). Una obra (érgon), la de la arquitectura del dios (Helios y Hefestos), que en la luz del día no da vida. Un mar invisible (Hades como A-ides), que en algún punto da muerte (thánatos). Dionisos y Apolo como hermanos.



*
Addenda III: Mar-Dionisos: thálassa, como una palabra de origen no-griego.

Sol-Apolo: Plotino y Porfirio transmiten algunos fragmentos sobre la temática del resplandor del alma (epháne-augé). Contemporáneamente los Oráculos Caldeos hablaban del fuego, del alma, y del resplandor (augé), reconociendo un origen de estas cuestiones en la sabiduría persa.

Heráclito, transmisor de ideas extranjeras.



BIBLIOGRAFÍA

Burkert, W., De Homero a los Magos. La tradición oriental en la cultura griega, El Acantilado, Barcelona, 2001.
Colli, G., La Sabiduría griega III. Trotta, Madrid, 2010.
Corominas, J., Breve diccionario etimológico de la lengua castellana, Gredos, Madrid, 1998.
Daraki, M., «Oinops Pontos. La Mer Dionysiaque», en Revue de L’Histoire des religions, 199/1, Presses Universitaires de France, Paris, 1982.
Zolla, É., Sobre la desdicha y la felicidad: Morfología del espíritu en la historia de la cultura, Monte Ávila editores, Caracas, 1975.


Juan Bautista García Bazán nació en San Isidro, provincia de Buenos Aires, en 1979. Estudió Filosofía en la Universidad de Buenos Aires y en el Instituto del Profesorado IES N º 1. Publicó artículos en revistas especializadas, nacionales e internacionales, sobre Filosofía Antigua y Medieval.

Hotel Quequén IV, Submarino FOTOS

Domingo por la tarde (lectura), sin nuestro querido Bentivegna

Los altos: Di Vincenzo, Del Percio, Bernatek
Freidemberg, Docampo, Jiménez, Ana Varia, Jorgelina (semioculta) Vanesa Guerra, Sol Beker (sólo se ve un montículo de cabello rubio)
Piña, Adriana Cid (semioculta), Rosana, Dedé, Marta
Abajo: Cella, Butti, Roma y Romana, Juan Bautista GB

lunes, febrero 21, 2011

Nota en Pág12 - Versos con salida al mar

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/4-20824-2011-02-19.html

Sábado, 19 de febrero de 2011
Presentación de la antología Hotel Quequén IV. Submarino



Versos con salida al mar

El libro reúne relatos, poemas y ensayos filosóficos sobre el mar y la playa de Susana Cella, Cristina Piña, Diego Di Vicenzo, Diego Bentivegna, Daniel Freidemberg y Mercedes Araujo, entre otros. Se presenta este fin de semana en Quequén.

Por Silvina Friera



Marina Serrano y Cecilia Romana, poetas y creadoras de la editorial Sigamos enamoradas.Una joven camina por una playa de la costa atlántica. Sortea sombrillas, sillitas, vendedores ambulantes, chicos hinchapelotas que lloran sin parar y piden cosas, carpitas colorinches y al bañero musculoso y bronceado, hasta que logra pisar el agüita de la orilla. “Qué sabia es la naturaleza que inventó el mar”, dice esta criatura imaginada por Carlos Bernatek en el primer texto de la antología Hotel Quequén IV. Submarino, publicado por Sigamos enamoradas, que reúne relatos, poemas y ensayos filosóficos sobre el mar y la playa de Susana Cella, Cristina Piña, Diego Di Vicenzo, Diego Bentivegna, Daniel Freidemberg, Mercedes Araujo, Marina Serrano, Enrique Butti, Cecilia Romana, Juan Bautista García Bazán y Elba Serafini. El libro se presentará este fin de semana en el balneario Monte Pasubio (Quequén), el mismo lugar donde se lanzó la editorial hace cinco años. Habrá lecturas y charlas literarias gratuitas –abiertas y al aire libre–, condimentadas, como corresponde, con cerveza bien fría, licuados, gaseosas y mate, ese combustible indispensable para aceitar la adorable liturgia que se celebra al escuchar la voz de los escritores sobre la eterna cadencia del mar.



Golpe a golpe, peleando en un campeonato de taekwondo. Así se conocieron Marina Serrano y Cecilia Romana, poetas y creadoras de Sigamos enamoradas. Hotel Quequén IV es el sueño cumplido de un puñado de amigos. “Un día estábamos con Marina en la plaza Pueyrredón, en la ciudad de Santa Fe, donde vivo, y se nos ocurrió darle continuidad al proyecto Quequén, que empezó en el 2006 con la antología de poetas argentinos –recuerda Romana–. Pero como esta vez las cosas habían cambiado, porque no teníamos mucha plata para hacer un evento enorme y además yo vivo lejos y todo se complica para organizar, decidimos armar un libro que tomara textos de amigos y que cada uno se ocupara de sus propias correcciones, para después juntarnos en la playa y leerlos. Queremos hacer una fiesta de la amistad, celebrándola con lecturas.”



La expedición de poetas, narradores y ensayistas buceará en el agua del mar, “la más pura y la más contaminada”, según Heráclito, como recuerda el delicioso texto de García Bazán. Tal vez entre lo acuoso y agradable de la experiencia playera encuentren algo más de sí mismos. Y regresen con las manos aquilatadas por esos pequeños hallazgos. Romana sugiere que se puede bosquejar un vínculo entre la Pampa, la Patagonia y la playa. “Quequén no es una playa cool, no es popular a la hora de elegir un destino para el verano –advierte–; de hecho, hay que explicar que queda al lado de Necochea para que la gente se ubique, pero esas playas que han sido la salida al mar del campo tienen un condimento muy interesante del resabio de la Conquista del Desierto, y hasta algo solitario de pampa olvidada, justamente por no ser un destino popular ni de moda para las vacaciones. Pero no hay que olvidar que Quequén es uno de los puertos de ultramar más importantes del país”.



Los textos de la antología tejen una trama narrativa, histórica y poética. En “Una foto”, de Diego Di Vicenzo, el narrador recuerda un fin de semana en Villa Gesell con su ex pareja. “El mar se parece a esto que te cuento en vano. Va y viene; las olas suben y bajan, remueven y limpian”, dice. Susana Cella remata su poema “No mar, hoy” con tres versos en los que vibran un dolor ancestral: “Y ahora, mi hoy de agua extraviada de sal/ no es más que superficie torva donde bolsas de plástico/ navegan por oriente al pudridero común”. El comienzo de “La lengua de las islas”, de Cristina Piña, podría cifrar las coordenadas de un fructífero intercambio: “Se introduce en el lenguaje ajeno/ como un cuerpo que se arroja al mar:/ agua sin remanso ni piedad para el ahogado/ que, con gesto de impotencia,/ lucha en la garganta del deseo”.



La tarea de buscar parentescos entre textos tan diferentes como los incluidos en el libro resulta compleja. “Quizás ésa sea la mejor apuesta: la diversidad, como en una playa donde todos se juntan y se bañan en el mismo mar”, subraya Romana. “La reflexión que empuja el libro podría relacionarse con la posibilidad de aunar voluntades diferentes, de personalidades tan disímiles y maneras de escribir tan variadas, por una excusa común que es la de la lectura a orillas del mar. Y siempre con la idea madre de continuar la saga de Hotel Quequén, que empezó con poesía de nuestro país, siguió con relatos y después retomó la poesía, pero latinoamericana”, aclara.



Serrano –poeta, editora y kinesióloga fisiatra– juega de local. Nació en Quequén, en 1973. Antes de rumbear para sus pagos anticipa que organizarán un mínimo de lecturas formales. El resto del tiempo estará disponible para los debates “naturales”. “Las lecturas son bastante poco protocolares, simplemente ponemos los amplificadores apuntando a la playa, especialmente hacia donde se encuentre la mayor cantidad de gente, y los obligamos a escuchar. Muchos salen agradecidos de haber descubierto algo nuevo.” No hay temas pautados ni una hoja de ruta estipulada de antemano. “Estaremos en la playa, leeremos en bermudas, hablaremos de cosas queridas. Y lo que queremos, la mayoría de las veces, es literatura”, agrega Serrano, autora de Formación hospitalaria y La Diástasis de las Tibias Largas, que en la antología arremete con “Mimimoon”, un cuento que escribió en memoria de los marinos muertos en Quequén, el 9 de julio de 2004.



Hace tiempo que la poesía y la prosa se sumergen por las mismas aguas. “El diálogo es cada vez más patente –plantea Romana-. Lo interesante es percibir el centro de un texto, ya sea un relato o un poema, ver que el mar y la playa están dando vida a la palabra, y que no es necesario separar los géneros si la gracia, al final, está en leer ese centro marítimo que –circunstancialmente– aparece bajo la forma de una poesía, de una narración o de un ensayo.”

miércoles, febrero 16, 2011

cuenta regresiva HOTEL QUEQUÉN IV

Datos útiles:

Sábado, 19 hs. En la playa de Quequén, frente al Balneario Monte Pasubio
Presentación del libro -parte 1-
Lecturas: Susana Cella, Diego Bentivegna, Elba Serafini, Juan Bautista García Bazán, Diego Di Vincenzo...

Domingo, 10:30 hs. (En el mismo lugar)
Lecturas: Paula Jiménez, Daniel Del Percio, Mariana Docampo, Vanesa Guerra...

Domingo, 19:00 hs. (En el mismo lugar)
Presentación del libro -parte 2-
Lecturas: Daniel Freidemberg, Cristina Piña, Carlos Bernatek, Enrique Butti, Mercedes Araujo...

Encuentros y charlas clandestinas: en "La chiruza"

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miércoles, febrero 09, 2011

Hotel Quequén IV, Submarino - Fragmento II

BUENOS AIRES


Diego Di Vincenzo nació en la ciudad de Buenos Aires. Desde hace 15 años trabaja en la actividad editorial: ha pasado por Ediciones Santillana, por la tradicional Editorial Estrada (donde fue Editor general) y, actualmente, por Kapelusz editora, en la que se desempeña como Gerente de Contenidos y Marketing en el área de Educación.



UNA FOTO


¿Qué año habrá sido? ¿2002, 2003? Estamos en un alto del camino. ¿Quién sacó la foto? Es un plano medio, o tal vez, un cuarto (dado un cuerpo, se lo divide imaginariamente en cuatro, y la imagen capta uno de los cuatro cuartos).

Estábamos caminando por la playa. Habríamos llegado unos minutos antes. Vino esa foto a darme en los ojos una de esas tardes de mudanza. El lugar de esa foto, como el lugar que dejé por la mudanza, ya no me pertenece. (“Pertenecer” aquí quiere decir: propio por frecuencia. Un lugar me pertenece en la medida en que lo frecuento, en que lo hago propio, de modo que debí marchitar una parte de este pobre cuerpo mío para quitar esos lugares y para quitarte junto con ellos. Marchitar no es más que pudrirse, dejar morir).

Gesell, esa playa de Gesell, la de Prefectura, fue nuestra salida de fin de semana largo.

Cargué tantas veces mi auto con amigos tuyos y míos, hermanos, sobrinos y otros amigos. Manejar en la ruta es aburrido. Me dabas mate, alguna medialuna. Y un prolongado canto. Siempre cantábamos marchas patrias, zambas entrañables y tangos de ocasión. Dos veces fundí el auto yendo a Gesell: no podía bajar de los 140. Una vez, lo fundí apenas salimos, ni bien llegábamos a la rotonda de Pinamar. Conseguimos un remolque que nos costó 200 pesos, y el viaje se hizo largo. ¿Sabés que en otras ocasiones, ir al mar o a Córdoba, por ejemplo (yendo sin vos, digo), quiso decir temblor? De pronto, el cuerpo, las manos empezaron a temblarme, y el temblor no me dejaba agarrar un Rivotril. Ahora retoño un cuerpo nuevo y tiemblo menos.

De tanto en tanto pienso, un poco motivado por el frenesí musical, que “toda mi vida es el ayer que me detiene en el pasado”. Y me enojo. Me enoja el “todo” de “toda mi vida”. O el de “era para mí la vida entera”, que es una manera de decir: “toda la vida”.

En la foto estamos muy parecidos. Los dos con anteojos, los dos más gordos que ahora (yo, más gordo que ahora). De vos no sé casi nada hace más de un año. Hace poco, un amigo me contó que te vio, y yo hubiera preferido que no me contara nada porque esa misma noche te soñé girando de belleza, y en el sueño quería tocarte la espalda como te la tocaba siempre, fascinado por la tersura de una piel tan agradable al tacto. Y vos no me dejabas. Me decías que mejor no, que para qué.

En la foto tengo una camisa de cuadros que es fea. ¿Por qué me ponía esa camisa horrible y no me importaba? ¿Qué es, en verdad, lo que importa cuando el amor se ha instalado en el quehacer cotidiano de uno? ¿Qué comer? ¿Qué película ver? ¿Qué día ir a la casa de? No lo sé. En cualquier caso, la ropa no. Y si supieras el tiempo que me lleva elegir ahora, antes de salir, la ropa con la que voy a hacerlo.

Yo nunca te dije que, cuando estábamos en el agua, a mí me daba un poco de miedo que te fueras tan lejos, que pudieras ahogarte, que no supieras volver. Entonces un poco te retaba, te decía que volvieras. Lo hacíamos para tocarnos debajo del agua, y reírnos de esa obscenidad a tan pocos metros de la gente. A mí siempre me aburrió ir al muelle, igual no decía nada. ¿Qué otra cosa se podía hacer en la costa, más que caminar por la playa, remojar los pies en el mar, comer pescado? Mi rito recurrente, cuando llego al mar, es otro: quitarme los zapatos y sentarme a contemplar el todo del mar (¡otra vez con el todo!). Me quedo quieto unos buenos segundos. A veces rezo un Padrenuestro. Y respirar… respirar ese olor a pescado, a sal, a yodo.

Ahora pienso en esa foto como cuando miro las fotos de mi infancia. Están los nonos, los tíos… todos muertos. Pienso en las fotos, o agarro algunas, cuando están por llegar las Fiestas. El año pasado me quedé en Buenos Aires para el 31. No quise ir a casa de la tía de mi cuñada. Les dije a mi papá y a mi mama: Vayan ustedes. Fue decirlo como quien dice salto al vacío, porque no iba a pasar el 31 solo. Mi papá me dijo que de ninguna manera, que la pasaba con él, que se le había metido la idea de que ese era el último año de su vida. A mí eso me asustó un poco. Al final, la pasamos los tres: con mi mamá y mi papá. Mi viejo me abrazó fuerte cuando dieron las doce, y me dijo al oído: No sabés lo que lloré este año por vos. Y sí, nos asustamos. A mí el susto me duró casi un año. El susto del retoño. Para dar nuevos retoños, debí primero marchitarme y morir.

¿Cuánto dura una vida? ¿Lo que dura el amor? Eso me lo enseñaron de chiquito. No hay mayor amor que dar la vida, cantábamos a los 12, 13 años.

Como vienen a romper las olas contra la escotilla, así se rompió la caja de vidrio en la que te había puesto. Te había guardado en la fragilidad de esa caja, y aunque te puse las franelas y los papeles del embalaje, igualmente se rompió. Fue largo el trabajo de recomposición. Me dediqué día a día a pegar cada uno de esos vidrios (casi astillas) rotos.

El mar se parece a esto que te cuento en vano. Va y viene; las olas suben y bajan, remueven y limpian. No te creas que he vuelto a Gesell. No creo que vuelva. Menos ahora que es verano. Y a nosotros nunca nos gustó viajar en temporada.