miércoles, febrero 23, 2011

Hotel Quequén IV, Submarino - Fragmento III



EL MAR DE HERÁCLITO
(fragmento: Hotel Quequén IV- Submarino. Sigamos enamoradas 2011)
http://www.youtube.com/watch?v=vuI-Lla9AHQ


Hay tres fragmentos del filósofo que hablan del mar. Uno dice (61 DK):

«El agua del mar es la más pura y la más contaminada: Para los peces es potable y salvadora, pero para los hombres no es potable, e inclusive es perniciosa.» (Thálassa hýdor katharótaton kaì miarótaton, ichthýsi mèn pótimon kaì sotérion, anthrópois dè ápoton kaì oléthrion).

Lo puro y lo impuro, lo que salva y lo que destruye; el agua o el mar como atributos con sentido religioso, probablemente puedan ser alusiones al dios del vino.



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Para la Ilíada o la Odisea el mar es lo estéril por antonomasia (Atrýgetos). Al contrario, Dionisos, como el dios de las uvas (Botrys), de los árboles (Endendros), de las flores (Anthios), del crecimiento de las plantas (Auxites) y de los brotes jóvenes (Problastos), representa la vida y sus manifestaciones. Otra cara del dios es la que se relaciona con el mar (Pelagios y Dýalos); él mismo es el marino (Haliéys) y el que se extiende sobre las playas (Akataoîs). Plutarco agrega que los griegos lo consideraban «el señor del vino y de toda la naturaleza liquida» (ou mónon toû oínou Diónyson allà kaì pásas hygrâs phýseos Hélles hegoûntai kýrion…). Es un dios húmedo (Hyés). El podía trasladar su fecundidad al mar: hace crecer de los mástiles de un barco las ramas de una parra como en la copa del pintor Exequias –hace lo mismo en el Himno homérico que lleva su nombre-. Pero también la muerte está en el agua: Su cuerpo que se hunde en el río, después que Perseo lo mata; esa zona se interpretaba como un acceso a las puertas de los infiernos. Y Heráclito decía (15 DK): “... es el mismo Hades (=la muerte) y Dionisos (=la vida), por quien deliran y celebran las Leneas” (…houtòs dè Aídes kaì Diónysos, hóteo maínontai kaì lenaítsousin)



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Addenda: Atrýgetos, sin cosecha, sin vendimiar; tryx, referido al mosto, también las madres del vino.

Leneas, quizás de lenós, que es lagar y al mismo tiempo ataúd.



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El mar o Dionisos, como lo más puro (katharótaton). Purificadores (Kathartaí), según Platón, eran los sacerdotes órfico-dionisíacos que prometían la bienaventuranza, la salvación, para los que seguían al dios. Una laminilla de Pelinna remarcaba: “Di a Perséfone que Baco te liberó (eipeîn Persephónai s’ hóti Bákchios autòs élysen)”. Heráclito, tal vez relacionando el lenguaje de los misterios, hablaba de la pureza del agua (13 DK): “Los cerdos se alegran más del barro que del agua clara” (hýes borbóroi hédontai mâllon katharôi hýdati). El mar o Dionisos, como lo más contaminado (miarótaton). Miarós, lo manchado de sangre, y en ese sentido como lo infame y malvado. Consecuentemente o no, Heráclito (5 DK): “Se purifican en vano, ensuciándose con sangre como si habiéndose metido en el barro, con el barro se lavaran...” (kathaírontai d’ álloi haímati miainómenoi hoîon eí ti seis pelòn embàs pelôi aponízoito).



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Lo acuoso y lo agradable (77 DK): “Para las almas es una forma de deleite volverse húmedas, e inclusive una forma de muerte (psychêsi [phánai] térpsin è thánaton hygrêisi genésthai). El ámbito de Dionisos el húmedo (Hyés), como mortal (oléthrion); el corazón, la sangre, los lugares del placer (terpsin) dionisíaco.

117 DK: «Un hombre, cuando está ebrio, es llevado por un chico, mientras se tambalea sin percibir por dónde va, teniendo el alma húmeda» (anèr hokótan methysthêi, ágetai hupò paidòs anebou sphallómenos, ouk epaíon hóke baínei, hygrèn tèn psychèn). El hombre que vuelve a ser un chico y no sabe adónde pisar -como si estuviera en un barco-. Percibir (epaíon), como la carencia de un alma húmeda (hygrèn tèn psychèn).



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Addenda II: Las aguas que marean. Corominas: “Saca y resaca, 1492, se aplicaron al flujo y reflujo del mar, cuando éste saca y vuelve a chupar los objetos que están junto a la orilla, de donde resaca ‘retroceso de las olas’”.

“El mar del color del vino” (óinopa ponton).



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Lo que salva. El adjetivo sotérios aparece solo en el fragmento 61 DK. Sin embargo, en el prefijo del verbo sofroneîn, del fragmento 112 DK, también está: Sôs como lo sano, lo salvado, lo intacto; un pensamiento (froneîn) sano (so-), dicen los traductores. Yo prefiero decir: un corazón sano. Fronéo como derivado de fren, corazón, diafragma, entrañas precordiales. Zolla: El hombre con preocupaciones, decía Ovidio, está como embriagado, tiene las entrañas inmovilizadas (liquifiunt pectora), llenas de agua (lympha). Lymphatus como torpe, temeroso, olvidadizo, inepto. Vaporoso. El fr. 112 DK: “Sentir con el corazón es el valor más grande y la sabiduría, decir y actuar lo que es verdadero percibiendo [estas cosas] de acuerdo con la naturaleza” (sofroneîn aretè megíste kaì sophíe, alethéa légein kaì poieîn katà phýsin epaíontas). La naturaleza se esconde (123 DK) -Dionisos como un señor oculto-. Se percibe (epaiontas), como en el caso del chico que guía al adulto, si se carece de un alma húmeda (hygrèn tèn psychèn); tener un corazón sano (so-froneîn), es lo más grande y es una sabiduría. “El alma seca es la más sabia y la mejor” (augè xerè sophotáte kaì aríste) (118 DK). El señor de la vegetación, del crecimiento de las plantas, que se esconde detrás de los ramajes y de las olas. La luz del día. Lo seco, el fuego, como atributos de otro dios. Más tardía que las laminillas de Pelinna, está la de Olbia del 300 a. C.: Vida-Vida, Apolo-Apolo, Sol-Sol, Orden-Orden, Luz-Luz (Bios-Bios, Apolon-Apolon, Elios-Elios, Kosmos-Kosmos, Phos-Phos). La vida como Apolo y como lo que salva.

Sin embargo, 48 DK: “Vida: es cierto que el nombre del arco es vida, pero su obra es la muerte” (bíos: tôi oûn tóxoi onómato bíos, érgon dè thánatos). Una obra (érgon), la de la arquitectura del dios (Helios y Hefestos), que en la luz del día no da vida. Un mar invisible (Hades como A-ides), que en algún punto da muerte (thánatos). Dionisos y Apolo como hermanos.



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Addenda III: Mar-Dionisos: thálassa, como una palabra de origen no-griego.

Sol-Apolo: Plotino y Porfirio transmiten algunos fragmentos sobre la temática del resplandor del alma (epháne-augé). Contemporáneamente los Oráculos Caldeos hablaban del fuego, del alma, y del resplandor (augé), reconociendo un origen de estas cuestiones en la sabiduría persa.

Heráclito, transmisor de ideas extranjeras.



BIBLIOGRAFÍA

Burkert, W., De Homero a los Magos. La tradición oriental en la cultura griega, El Acantilado, Barcelona, 2001.
Colli, G., La Sabiduría griega III. Trotta, Madrid, 2010.
Corominas, J., Breve diccionario etimológico de la lengua castellana, Gredos, Madrid, 1998.
Daraki, M., «Oinops Pontos. La Mer Dionysiaque», en Revue de L’Histoire des religions, 199/1, Presses Universitaires de France, Paris, 1982.
Zolla, É., Sobre la desdicha y la felicidad: Morfología del espíritu en la historia de la cultura, Monte Ávila editores, Caracas, 1975.


Juan Bautista García Bazán nació en San Isidro, provincia de Buenos Aires, en 1979. Estudió Filosofía en la Universidad de Buenos Aires y en el Instituto del Profesorado IES N º 1. Publicó artículos en revistas especializadas, nacionales e internacionales, sobre Filosofía Antigua y Medieval.

Hotel Quequén IV, Submarino FOTOS

Domingo por la tarde (lectura), sin nuestro querido Bentivegna

Los altos: Di Vincenzo, Del Percio, Bernatek
Freidemberg, Docampo, Jiménez, Ana Varia, Jorgelina (semioculta) Vanesa Guerra, Sol Beker (sólo se ve un montículo de cabello rubio)
Piña, Adriana Cid (semioculta), Rosana, Dedé, Marta
Abajo: Cella, Butti, Roma y Romana, Juan Bautista GB

lunes, febrero 21, 2011

Nota en Pág12 - Versos con salida al mar

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/4-20824-2011-02-19.html

Sábado, 19 de febrero de 2011
Presentación de la antología Hotel Quequén IV. Submarino



Versos con salida al mar

El libro reúne relatos, poemas y ensayos filosóficos sobre el mar y la playa de Susana Cella, Cristina Piña, Diego Di Vicenzo, Diego Bentivegna, Daniel Freidemberg y Mercedes Araujo, entre otros. Se presenta este fin de semana en Quequén.

Por Silvina Friera



Marina Serrano y Cecilia Romana, poetas y creadoras de la editorial Sigamos enamoradas.Una joven camina por una playa de la costa atlántica. Sortea sombrillas, sillitas, vendedores ambulantes, chicos hinchapelotas que lloran sin parar y piden cosas, carpitas colorinches y al bañero musculoso y bronceado, hasta que logra pisar el agüita de la orilla. “Qué sabia es la naturaleza que inventó el mar”, dice esta criatura imaginada por Carlos Bernatek en el primer texto de la antología Hotel Quequén IV. Submarino, publicado por Sigamos enamoradas, que reúne relatos, poemas y ensayos filosóficos sobre el mar y la playa de Susana Cella, Cristina Piña, Diego Di Vicenzo, Diego Bentivegna, Daniel Freidemberg, Mercedes Araujo, Marina Serrano, Enrique Butti, Cecilia Romana, Juan Bautista García Bazán y Elba Serafini. El libro se presentará este fin de semana en el balneario Monte Pasubio (Quequén), el mismo lugar donde se lanzó la editorial hace cinco años. Habrá lecturas y charlas literarias gratuitas –abiertas y al aire libre–, condimentadas, como corresponde, con cerveza bien fría, licuados, gaseosas y mate, ese combustible indispensable para aceitar la adorable liturgia que se celebra al escuchar la voz de los escritores sobre la eterna cadencia del mar.



Golpe a golpe, peleando en un campeonato de taekwondo. Así se conocieron Marina Serrano y Cecilia Romana, poetas y creadoras de Sigamos enamoradas. Hotel Quequén IV es el sueño cumplido de un puñado de amigos. “Un día estábamos con Marina en la plaza Pueyrredón, en la ciudad de Santa Fe, donde vivo, y se nos ocurrió darle continuidad al proyecto Quequén, que empezó en el 2006 con la antología de poetas argentinos –recuerda Romana–. Pero como esta vez las cosas habían cambiado, porque no teníamos mucha plata para hacer un evento enorme y además yo vivo lejos y todo se complica para organizar, decidimos armar un libro que tomara textos de amigos y que cada uno se ocupara de sus propias correcciones, para después juntarnos en la playa y leerlos. Queremos hacer una fiesta de la amistad, celebrándola con lecturas.”



La expedición de poetas, narradores y ensayistas buceará en el agua del mar, “la más pura y la más contaminada”, según Heráclito, como recuerda el delicioso texto de García Bazán. Tal vez entre lo acuoso y agradable de la experiencia playera encuentren algo más de sí mismos. Y regresen con las manos aquilatadas por esos pequeños hallazgos. Romana sugiere que se puede bosquejar un vínculo entre la Pampa, la Patagonia y la playa. “Quequén no es una playa cool, no es popular a la hora de elegir un destino para el verano –advierte–; de hecho, hay que explicar que queda al lado de Necochea para que la gente se ubique, pero esas playas que han sido la salida al mar del campo tienen un condimento muy interesante del resabio de la Conquista del Desierto, y hasta algo solitario de pampa olvidada, justamente por no ser un destino popular ni de moda para las vacaciones. Pero no hay que olvidar que Quequén es uno de los puertos de ultramar más importantes del país”.



Los textos de la antología tejen una trama narrativa, histórica y poética. En “Una foto”, de Diego Di Vicenzo, el narrador recuerda un fin de semana en Villa Gesell con su ex pareja. “El mar se parece a esto que te cuento en vano. Va y viene; las olas suben y bajan, remueven y limpian”, dice. Susana Cella remata su poema “No mar, hoy” con tres versos en los que vibran un dolor ancestral: “Y ahora, mi hoy de agua extraviada de sal/ no es más que superficie torva donde bolsas de plástico/ navegan por oriente al pudridero común”. El comienzo de “La lengua de las islas”, de Cristina Piña, podría cifrar las coordenadas de un fructífero intercambio: “Se introduce en el lenguaje ajeno/ como un cuerpo que se arroja al mar:/ agua sin remanso ni piedad para el ahogado/ que, con gesto de impotencia,/ lucha en la garganta del deseo”.



La tarea de buscar parentescos entre textos tan diferentes como los incluidos en el libro resulta compleja. “Quizás ésa sea la mejor apuesta: la diversidad, como en una playa donde todos se juntan y se bañan en el mismo mar”, subraya Romana. “La reflexión que empuja el libro podría relacionarse con la posibilidad de aunar voluntades diferentes, de personalidades tan disímiles y maneras de escribir tan variadas, por una excusa común que es la de la lectura a orillas del mar. Y siempre con la idea madre de continuar la saga de Hotel Quequén, que empezó con poesía de nuestro país, siguió con relatos y después retomó la poesía, pero latinoamericana”, aclara.



Serrano –poeta, editora y kinesióloga fisiatra– juega de local. Nació en Quequén, en 1973. Antes de rumbear para sus pagos anticipa que organizarán un mínimo de lecturas formales. El resto del tiempo estará disponible para los debates “naturales”. “Las lecturas son bastante poco protocolares, simplemente ponemos los amplificadores apuntando a la playa, especialmente hacia donde se encuentre la mayor cantidad de gente, y los obligamos a escuchar. Muchos salen agradecidos de haber descubierto algo nuevo.” No hay temas pautados ni una hoja de ruta estipulada de antemano. “Estaremos en la playa, leeremos en bermudas, hablaremos de cosas queridas. Y lo que queremos, la mayoría de las veces, es literatura”, agrega Serrano, autora de Formación hospitalaria y La Diástasis de las Tibias Largas, que en la antología arremete con “Mimimoon”, un cuento que escribió en memoria de los marinos muertos en Quequén, el 9 de julio de 2004.



Hace tiempo que la poesía y la prosa se sumergen por las mismas aguas. “El diálogo es cada vez más patente –plantea Romana-. Lo interesante es percibir el centro de un texto, ya sea un relato o un poema, ver que el mar y la playa están dando vida a la palabra, y que no es necesario separar los géneros si la gracia, al final, está en leer ese centro marítimo que –circunstancialmente– aparece bajo la forma de una poesía, de una narración o de un ensayo.”

miércoles, febrero 16, 2011

cuenta regresiva HOTEL QUEQUÉN IV

Datos útiles:

Sábado, 19 hs. En la playa de Quequén, frente al Balneario Monte Pasubio
Presentación del libro -parte 1-
Lecturas: Susana Cella, Diego Bentivegna, Elba Serafini, Juan Bautista García Bazán, Diego Di Vincenzo...

Domingo, 10:30 hs. (En el mismo lugar)
Lecturas: Paula Jiménez, Daniel Del Percio, Mariana Docampo, Vanesa Guerra...

Domingo, 19:00 hs. (En el mismo lugar)
Presentación del libro -parte 2-
Lecturas: Daniel Freidemberg, Cristina Piña, Carlos Bernatek, Enrique Butti, Mercedes Araujo...

Encuentros y charlas clandestinas: en "La chiruza"

Monte Pasubio: http://www.montepasubio.com.ar/
Urgencias: (011) 156 22 22 970

miércoles, febrero 09, 2011

Hotel Quequén IV, Submarino - Fragmento II

BUENOS AIRES


Diego Di Vincenzo nació en la ciudad de Buenos Aires. Desde hace 15 años trabaja en la actividad editorial: ha pasado por Ediciones Santillana, por la tradicional Editorial Estrada (donde fue Editor general) y, actualmente, por Kapelusz editora, en la que se desempeña como Gerente de Contenidos y Marketing en el área de Educación.



UNA FOTO


¿Qué año habrá sido? ¿2002, 2003? Estamos en un alto del camino. ¿Quién sacó la foto? Es un plano medio, o tal vez, un cuarto (dado un cuerpo, se lo divide imaginariamente en cuatro, y la imagen capta uno de los cuatro cuartos).

Estábamos caminando por la playa. Habríamos llegado unos minutos antes. Vino esa foto a darme en los ojos una de esas tardes de mudanza. El lugar de esa foto, como el lugar que dejé por la mudanza, ya no me pertenece. (“Pertenecer” aquí quiere decir: propio por frecuencia. Un lugar me pertenece en la medida en que lo frecuento, en que lo hago propio, de modo que debí marchitar una parte de este pobre cuerpo mío para quitar esos lugares y para quitarte junto con ellos. Marchitar no es más que pudrirse, dejar morir).

Gesell, esa playa de Gesell, la de Prefectura, fue nuestra salida de fin de semana largo.

Cargué tantas veces mi auto con amigos tuyos y míos, hermanos, sobrinos y otros amigos. Manejar en la ruta es aburrido. Me dabas mate, alguna medialuna. Y un prolongado canto. Siempre cantábamos marchas patrias, zambas entrañables y tangos de ocasión. Dos veces fundí el auto yendo a Gesell: no podía bajar de los 140. Una vez, lo fundí apenas salimos, ni bien llegábamos a la rotonda de Pinamar. Conseguimos un remolque que nos costó 200 pesos, y el viaje se hizo largo. ¿Sabés que en otras ocasiones, ir al mar o a Córdoba, por ejemplo (yendo sin vos, digo), quiso decir temblor? De pronto, el cuerpo, las manos empezaron a temblarme, y el temblor no me dejaba agarrar un Rivotril. Ahora retoño un cuerpo nuevo y tiemblo menos.

De tanto en tanto pienso, un poco motivado por el frenesí musical, que “toda mi vida es el ayer que me detiene en el pasado”. Y me enojo. Me enoja el “todo” de “toda mi vida”. O el de “era para mí la vida entera”, que es una manera de decir: “toda la vida”.

En la foto estamos muy parecidos. Los dos con anteojos, los dos más gordos que ahora (yo, más gordo que ahora). De vos no sé casi nada hace más de un año. Hace poco, un amigo me contó que te vio, y yo hubiera preferido que no me contara nada porque esa misma noche te soñé girando de belleza, y en el sueño quería tocarte la espalda como te la tocaba siempre, fascinado por la tersura de una piel tan agradable al tacto. Y vos no me dejabas. Me decías que mejor no, que para qué.

En la foto tengo una camisa de cuadros que es fea. ¿Por qué me ponía esa camisa horrible y no me importaba? ¿Qué es, en verdad, lo que importa cuando el amor se ha instalado en el quehacer cotidiano de uno? ¿Qué comer? ¿Qué película ver? ¿Qué día ir a la casa de? No lo sé. En cualquier caso, la ropa no. Y si supieras el tiempo que me lleva elegir ahora, antes de salir, la ropa con la que voy a hacerlo.

Yo nunca te dije que, cuando estábamos en el agua, a mí me daba un poco de miedo que te fueras tan lejos, que pudieras ahogarte, que no supieras volver. Entonces un poco te retaba, te decía que volvieras. Lo hacíamos para tocarnos debajo del agua, y reírnos de esa obscenidad a tan pocos metros de la gente. A mí siempre me aburrió ir al muelle, igual no decía nada. ¿Qué otra cosa se podía hacer en la costa, más que caminar por la playa, remojar los pies en el mar, comer pescado? Mi rito recurrente, cuando llego al mar, es otro: quitarme los zapatos y sentarme a contemplar el todo del mar (¡otra vez con el todo!). Me quedo quieto unos buenos segundos. A veces rezo un Padrenuestro. Y respirar… respirar ese olor a pescado, a sal, a yodo.

Ahora pienso en esa foto como cuando miro las fotos de mi infancia. Están los nonos, los tíos… todos muertos. Pienso en las fotos, o agarro algunas, cuando están por llegar las Fiestas. El año pasado me quedé en Buenos Aires para el 31. No quise ir a casa de la tía de mi cuñada. Les dije a mi papá y a mi mama: Vayan ustedes. Fue decirlo como quien dice salto al vacío, porque no iba a pasar el 31 solo. Mi papá me dijo que de ninguna manera, que la pasaba con él, que se le había metido la idea de que ese era el último año de su vida. A mí eso me asustó un poco. Al final, la pasamos los tres: con mi mamá y mi papá. Mi viejo me abrazó fuerte cuando dieron las doce, y me dijo al oído: No sabés lo que lloré este año por vos. Y sí, nos asustamos. A mí el susto me duró casi un año. El susto del retoño. Para dar nuevos retoños, debí primero marchitarme y morir.

¿Cuánto dura una vida? ¿Lo que dura el amor? Eso me lo enseñaron de chiquito. No hay mayor amor que dar la vida, cantábamos a los 12, 13 años.

Como vienen a romper las olas contra la escotilla, así se rompió la caja de vidrio en la que te había puesto. Te había guardado en la fragilidad de esa caja, y aunque te puse las franelas y los papeles del embalaje, igualmente se rompió. Fue largo el trabajo de recomposición. Me dediqué día a día a pegar cada uno de esos vidrios (casi astillas) rotos.

El mar se parece a esto que te cuento en vano. Va y viene; las olas suben y bajan, remueven y limpian. No te creas que he vuelto a Gesell. No creo que vuelva. Menos ahora que es verano. Y a nosotros nunca nos gustó viajar en temporada.

lunes, febrero 07, 2011

Nota en Ecos Diarios sobre Hotel Quequén IV- SUBMARINO

En la foto: Encuentro en Quequén, 2008 (Teresa Arijón, Daniel Chirom, Juan Manuel Alegre, Mariana Docampo, Enrique Solinas, Daniel Freidemberg, Susana Cella, Cristina Piña, Paula Jimenez, Elba Serafini, Mercedes Araujo, Claudia Masin, Carlos Aldazabal, Antonio Jorge, Fabian Albelo y más...)

Nota Ecos Diarios, domingo 6 de febrero de 2011:
http://www.ecosdiariosweb.com.ar/index.php?option=com_content&view=article&id=7312:lectura-en-la-playa-&catid=15:brisas&Itemid=8

viernes, febrero 04, 2011

fragmentos de HOTEL QUEQUÉN IV- Submarino

HOTEL QUEQUÉN IV

SUBMARINO




Bernatek
Di Vincenzo
Cella
Araujo
Bentivegna
Serrano
Freidemberg
García Bazán
Romana
Serafíni
Piña
Butti




AVELLANEDA


Carlos Bernatek nació en Avellaneda, provincia de Buenos Aires, en 1955. Es narrador, poeta y ensayista. Lleva publicados dos libros de cuento, uno de poesía y cuatro de novela, de entre los cuales el último ganó el Primer Premio del Fondo Nacional de las Artes.



SELVA EN EL MAR



Eran casi las tres de la tarde y no había comido. Apenas unos mates, pero no tenía hambre. Se descalzó, se puso una pollerita cómoda, una remera, y salió a la vereda. Andar en patas le daba una especie de felicidad, como si desnudar esa parte del cuerpo fuese una libertad desconocida y tan común a todos ahí que la gente ni ve esos detalles. Los pies desnudos son sensuales, se dijo, y el aire con este sabor fuerte y salado, que te limpia por dentro... Trató de que no la viera nadie, cruzó la calle y llegó a la esquina. Giró la cabeza hacia la costa y se quedó un instante como hipnotizada: a una cuadra ya se veía el médano, toda esa arena acumulada por siglos de olas gastando las piedras, y esos yuyitos tan verdes arriba, como pelos, y más atrás la mancha inmensa extendida contra el cielo, un azul verdoso y gris y marrón por momentos, según la iluminara el sol o cortara la luz una nube: eso era el mar. Fue avanzando con precaución cuando vio que el agua se movía de ese modo temible, que semejante brutalidad se agitaba como algo vivo, nervioso, y por momentos bramaba con el viento. El aire se hacía más feroz a medida que se aproximaba. Trepó al médano corriendo porque se quemaba los pies pero quería llegar a lo más alto para verlo todo, todo junto, todo lo que le dieran esos ojos suburbanos, acostumbrados al cemento y a los edificios, a los colectivos y al tren. ¿Por qué nunca fuimos al mar, mami? Vos sabés Selvita que ese clima es espantoso para las articulaciones, que me pone nerviosa... qué se yo. Loca, mi vieja. Y después todo fue trabajar siempre, cada verano, como si el clima no tuviera nada que ver con las obligaciones: aprovechar las vacaciones de otros para conseguir reemplazos, puestos eventuales. El mar, entonces, era algo que mencionaban, que deseaban los otros, un magnetismo que los arrastraba casi por inercia cada enero a la playa. Ella conocía las sierras, alguna laguna cercana, pero nunca el mar, y tenía veinticinco, ¿mucho no? No podía culpar a la madre, después de todo la prefería sana y calma antes que artrósica y loca. Pero alguna vez, una al menos, podría haber tenido la iniciativa de llevarla a conocer el mar, aunque fuese por curiosidad, un fin de semana. En todo caso Selva madre no le había inculcado siquiera ese anhelo por ver el mar, ya que no podía transmitirle el placer. Selvita había visto el mar en el cine y en la tele, pero no lo había olido, no había sentido eso que provocaba en la cara la brisa, en el cuerpo humedecido la bruma, y ese sabor en la boca, el salitre en la lengua, eso que pegoteaba la piel como un sudor salvaje de indios, porque las gentes en la playa, medio desnudas, parecían como primitivas, recién llegadas a un mundo que de tan nuevo, todavía estaba calentito.

En lo más alto del médano, miró a izquierda y derecha, todo lo que pudo abarcar. Ahí está; esto era. Y se emocionó al descubrirlo como imaginó que Colón se debió haber emocionado al ver América, y quiso gritar “¡tierra, tierra!”, como ella misma gritaría ahora: “¡agua, agua!”... Agua de mar, agua salada que debe ocultar miles de bichos en su interior, tiburones, orcas, delfines, cazuelas de mariscos, pingüinos empetrolados o limpios, todo metido ahí adentro, y barcos hundidos llenos de tesoros que nadie podrá rescatar por siempre jamás, ¡qué desperdicio, Diosito! Y gente ahogada porque la naturaleza es inexorable (¡cómo le gustaba esa palabra!) para quien se atreve a desafiarla; siempre gana ella por más nadador o bañero experimentado que sea uno. Y por ahí debe estar hundida la Atlántida, que ella leyó que era un continente maravilloso, con sus ciudades y sus calles y hasta sus autos oxidados, porque a los atlantes se los deben haber comido los tiburones asesinos. Y debe estar el Titanic y el Graf Spee, todo mezclado en la misma agua y pudriéndose. Y debe haber cadenitas y anillos de oro que se le cayeron a alguna mujer rica por la borda en una travesía en transatlántico. Todo debe estar mojado por la misma agua, oxidado, oculto en algún lugar que nadie sabe. Y si acaso el agua se retirara, si el mar se evaporara de pronto, acá bien podría haber una ruta que llevara al África, una ruta sobre un desierto arenoso; y sería una pena que no hubiera mar porque ¿qué habría? Un pozo, un tremendo pozo con una sequía de horror. Lástima que esta agua no se pueda tomar, ni sirva para regar los sembrados, porque si sirviera se acabaría la sed en el mundo, y todo sería verde y fértil. Pero los desiertos, digo yo, para algo deben servir, si no la naturaleza no los habría inventado.

Y vio a la gente, esa otra masa de personas apiñadas en las sombrillas, con sus mallas coloridas, sus anteojos negros, sus gorritos ridículos, y le pareció un poco obsceno eso de los cuerpos vistos así, a plena luz, con todas sus imperfecciones, esa manera de mostrarse sin pudor delante de otra gente desconocida. Bueno, pero todos estaban de ese modo, medio en bolas, y no parecía molestarles lucir las panzas y las piernas gordas, las cicatrices de operaciones, las várices y todas las porquerías que se metían en la misma agua sin revisación médica (¿nadie se contagiará nada, una lepra, una sífilis? Seguramente la sal disuelve todo ¿Y por qué no usarán la sal del mar para curar todas las pudriciones humanas?). Ella cuando iba a la pileta tenía que pasar por el médico (si es que estaba recibido ese pibe jovencito y mirón, con gesto de vivaracho) que le miraba entre los dedos de los pies a ver si tenía hongos, y las axilas le miraba (¿es que alguien tiene hongos en las axilas? Qué incómodo debe ser para ponerse desodorante, cómo debe arder), pero ese con tal de mirar, con la jeta de zorro, con ese hociquito de mirón que ponía, seguramente era un estudiante avivado que espiaba y encima cobraba sueldo. Si hasta había dejado de ir a la pileta los fines de semana calurosos por no pasar la revisación. Con este calor, Selvita, ¿por qué no vas? Me quedo viendo la tele, mami. Si de pensar en tomar el colectivo ya me canso, le decía para conformarla. Pobre mi bebé trabajadora, ¿qué sería de tu madre sin tu sacrificio?

El mar era distinto a todo, era, era...inmenso. Tres cuartas partes del planeta son agua, recordó de alguna documental, así que ella, entre lo mucho que ignoraba, pese a ver documentales, no conocía hasta ese preciso momento lo más grande y lo más abundante del mundo en que vivía, que por ahí había gente en otros mundos y uno no lo sabe, pero al menos conocer el de una. O sea que a los veinticinco ignoraba lo fundamental que constituía el planeta en que había nacido. Que si vinieran unos extraterrestres y la secuestraran, y le pidieran que describa su planeta, ella hasta ahora casi no conocía lo primordial, ¡y llevaba veinticinco años viviendo en él! Ahora sí, ahora ya estaba al tanto.

¿Y por qué mierda la iban a secuestrar justo a ella? Para eso que se lleven a un científico. Estos secuestran a cada uno...



Bajó corriendo el médano hacia la playa (¡cómo quema esta arena, carajo! Me van a salir ampollas en los pies, yo que los cuido tanto con zapatos caros que mis buenos pesos me cuestan, pesos no, más bien horas de trabajo, caramba), y a medida que se acercaba a la arena húmeda sentía ese alivio y ese olor más fuerte a yodo y a pescados invisibles. Sorteó las sombrillas, y las sillitas, y las conservadoras de bebidas, y los termos de mate, y los chicos hincha pelotas que lloran sin parar y piden cosas, y los vendedores ambulantes, y las carpitas de telas colorinche, y los perros que la gente desconsiderada llevaba como si fueran hijos, y al bañero todo musculoso y bronceado que hacía facha en su pequeño mirador con el pito colgando, bueno, el silbato, sorteó todo lo que se le cruzó hasta pisar el agüita de la orilla, ese fresco que le encantó, que iba y venía con las olas, y sintió cómo se le hundían los pies haciendo sopapa en la arena blanda cuando se retiraba el agua, y caminó por la orilla mojándose hasta los talones y llenándose los pulmones con ese aire brumoso (esto debe ser más sano que no sé qué, tan natural, tan puro...la naturaleza...qué sabia es la naturaleza que inventó el mar. Bueno, lo habrá inventado Dios, pero como en mi casa no vamos a misa, prefiero que haya un dios llamado Naturaleza). Caminó sin darse cuenta que se alejaba de la playas del centro, y sentía el sol picándole en los brazos (hum, me tendría que haber puesto alguna crema, yo que soy de tez tan blanca pese a tener el pelo bien oscuro, azabache, como dice mamá...). Y cuando quiso acordarse, estaba como a diez cuadras del lugar (a ver si me pierdo, mamita querida; no, no voy a preguntarle a nadie porque quedo como una idiota, una pajuerana recién desembarcada), entonces giró y volvió por la orilla a ver si veía al bañero con su silla de guardavidas en lo alto del pedestal, como el rey de la playa. Y la alegró tanto verlo, tanto que casi le hubiera dado un beso (minga de beso, a ver si me toma por una loquita), y reconoció el sitio donde había empezado la marcha como un lugar casi familiar.

Ya va siendo hora de volver. Por ser el primer día, suficiente. El mar ya está. Casi demasiado.





Fragmento de la novela Rencores de provincia, Adriana Hidalgo Editora, Buenos Aires, 2007.

miércoles, febrero 02, 2011

Hotel Quequén IV, Submarino

Hotel Quequén IV – Submarino


Presentación y lecturas
Sábado 19 de febrero de 2011, Quequén

Enrique Butti,
Susana Cella,
Daniel Freidemberg,
Carlos Bernatek
Cristina Piña,
Cecilia Romana,
Elba Serafini
Diego Bentivegna
Diego Di Vincenzo
Mercedes Araujo
Daniel Del Percio
Juan Bautista García Bazán
Marina Serrano

Visión de Estepona
Fotografía: Gastón Guzman
(gracias Gastón por imagen de tapa de Hotel Quequén IV!!)
 

Estadía:
Monte Pasubio, Surf Camp. Av. 502 y 529. Quequén. Tel 02262-451482
La Chiruza, calle 504 y 535. Quequén

Duración del evento:
Las lecturas oficiales son sábado y domingo, como los eventos anteriores.

Traslados:
Los servicios de ómnibus desde Retiro:
Plusmar: el mejor, y más cómodo http://www.plusmar.com.ar/
Estrella Condor: http://www.condorestrella.com.ar/
Río Paraná: suele ser más barato, y menos cómodo.

martes, enero 18, 2011

Hotel Quequén IV, Submarino

En el sótano (secreto) de este hotel funcionó la primera ruleta del país; por las noches, prestigiosos caballeros del siglo pasado apostaron clandestinamente mientras sus familias, ignorantes, gozaban el sueño pesado de un día de playa. Hoy, lejos de ese tiempo y en el mismo umbral, otras voces (contemporáneas pero igualmente enclaustradas) discuten, reflexionan y urden una trama: filosófica, narrativa, histórica, poética. Trama que llega, sin cortes ni correcciones, a imprimirse en este cuarto volumen de Hotel Quequén, Submarino.  Un conjunto de ideas casi desapercibidas cuyo destino resultará, quizá, tan azaroso y arriesgado como el de aquellos pretéritos entretenimientos de sótano: la entrega amorosa a un lector dilecto.

Hotel Quequén IV. Submarino (sigamos enamoradas 2011)
Género: poesía, narrativa, ensayo filosófico.
Autores: Carlos Bernatek, Cristina Piña, Daniel Freidemberg, Susana Cella, Mercedes Araujo, Diego Bentivegna, Diego Di Vincenzo, Juan Bautista García Bazán, Enrique Butti, Cecilia Romana, Elba Serafini, Marina Serrano.
Lectura y presentación del libro: Balneario Monte Pasuvio, 19 de febrero, 2011. Quequén

viernes, diciembre 17, 2010

Abundancia, Mori Ponsowy

Todo lo que quieran saber sobre la nueva novela de Mori, está acá: http://www.abundanciaunanovela.com.ar/

Lo que no explica claramente el sitio web es la increíble persona que es Mori Ponsowy, ni cuánto nos hizo emocionar durante la presentación de su libro Abundancia (o al menos a mí, que me llevó al punto de la lágrima aunque suelo ser más dura que una tosca), ni advierte al lector que Mori sorprende (me sorprende aunque la conozca hace mucho tiempo y dé por sentada la altura de sus cualidades). No dice que los lectores quedarán profundamente agradecidos por su trabajo (ni que yo agradezco, sinceramente desde el fondo de mi corazón, sus palabras, su oído y su abrazo –y está bien que el sitio no lo diga, porque a nadie le interesa lo que pasa en el fondo de un corazón único) Así que cuando lean el libro y el bonus track, no olviden ese ingrediente fundamental para disfrutarlos soberanamente: conocer a Mori Ponsowy.

miércoles, diciembre 08, 2010

presentación del nuevo libro de Mori Ponsowy




El próximo Jueves, 16 de diciembre
En el Ateneo Grand Splendid, de Av. Santa Fé. 19 hs.

sábado, diciembre 04, 2010

Gracias Municipalidad de Córdoba

La obra Divulgación científica. Una breve selección de cuentos positivistas, de Marina Serrano, ha sido galardonada con una MENCIÓN en el Concurso "Premio Municipal de Literatura Luis José de Tejeda" edición 2010, Género Cuento, organizado por la Dirección de Cultura de la Municipalidad de Córdoba.

presentación del nuevo libro de Mercedes Araujo

lunes, noviembre 22, 2010

Muestra y poesía

jueves, octubre 07, 2010

La palabra transfigurada - CASTELLANI CRÍTICO

http://linkillo.blogspot.com/2010/10/la-palabra-transfigurada.html

Es tan sabia y tan valiente como intervención crítica Castellani crítico. Ensayo sobre la guerra discursiva y la palabra transfigurada (Buenos Aires, Cabiria, 2010) de Diego Bentivegna que uno sólo podría reprocharle su brevedad (y a su autor, un cierto apresuramiento por publicar el libro).
El punto de partida de Bentivegna es situar a Castellani, quien hasta ahora ha funcionado sólo como una referencia bibliográfica (y no la más transitada) en el archivo del género policial argentino como un teórico de la lectura (entendida en todas sus implicaciones prácticas: la crítica, la pedagogía, la interpretación de los textos sagrados, etc...).
Al hacerlo, Bentivegna recusa (implícitamente) las corrientes hegemónicas de la crítica académica, cuya miopía le ha impedido situar la producción de Castellani en el lugar que le corresponde. Naturalmente, una restitución semejante sólo puede hacerse desde una posición que combine, al mismo tiempo, la infatigable curiosidad del archivista, la erudición del clasicista y el desprejuicio del outsider: por fortuna, Bentivegna ha dado ya pruebas fehacientes de todas esas propiedades, que en su Castellani crítico brillan con inusual potencia.
Castellani, en la perspectiva de Bentivegna, se coloca a igual distancia del elitismo (¿gnóstico?) de Borges y de las máquinas modernas de Arlt y Bioy Casares (tal y como Sarlo las presentara) y, de hecho, sin la noción de "palabra transfigurada" de quien dedicó su extraordinaria capacidad intelectual, entre otras cosas, a la traducción del Apocalipsis de Juan de Patmos y a los arrebatos nacionalistas, señala Bentivegna, el panorama cultural de la modernidad argentina está incompleto.
Junto con su (deliciosa, profunda, meditada) monografía sobre la obra crítica de Castellani, Bentivegna ofrece una cronología de una obra desdeñada desde hace mucho tiempo y una selección de fragmentos de las lecturas de Castellani, donde el lector encontrará un modo de relación con los problemas de la literatura, la pedagogía de la lectura, la intervención intelectual que, ciertamente, prueban la originalidad de Castellani y, sobre todo, la perspicacia de Bentivegna, que abre la puerta a un mundo entero de problemas respecto de los cuales no se puede permanecer indiferente.
Bentivegna lee en Castellani una posición que relaciona (con delicada sabiduría) con Dante, con Pasolini (autores que ama precisamente por eso) en lo que éstos tienen de fundamental en el sostenimiento de una "utopía de la heteroglosia". La hipótesis es fundamental para evaluar el peculiar nacionalismo de Castellani pero, sobre todo, para enfrentar todas las fantasías concentracionarias del monolingüismo y el discurso único, respecto de los cuales nos sentimos hoy tan acorralados.
Católico, Castellani no puede sino sostener los universales pero su religio, como nos ha recordado Agamben, tal vez provenga antes del relegare que del religare: no se trata de regilar en formas más o menos plenas de relación a los universales, sino de relegar todo reduccionismo abstracto: en esa tensión (escucha Bentivegna en Castellani) se sostienen las formas de vida.

del blog de DANIEL LINK

martes, septiembre 21, 2010

Flopa Y Roberto Malatesta

RECITAL
MARTES DE POESÍA Y MÚSICA
Flopa Y Roberto Malatesta

Martes 28 de septiembre, 19 hs.
CCEBA – Centro Cultural de España en Buenos Aires
Paraná 1159 – Entrada gratuita



Flopa Y Roberto Malatesta se suman a este ciclo en el que un músico elige a un poeta para compartir la velada.


El último martes de cada mes se realiza este evento que une en un mismo espacio a un músico y a un poeta. Ambos son de trayectoria, no obstante, la unión se pretende inédita. La popularidad propia de la música urbana, así como la poesía que encierra, es la clave del ciclo: por esto es que el músico elige al poeta. El resultado nos dará una visión nueva sobre la obra de ambos.

El evento, coordinado por Martín Pérez, tiene el formato de un recital acústico que, a su vez, incluye la lectura de poesía. Estas dos disciplinas, que se rozan pero que, generalmente, terminan transitando caminos diferentes, se unen aquí en igualdad de condiciones, propiciando un cruce entre palabras y música. Cada artista presenta al público la figura del otro. Se pretende que, tanto el músico como el poeta, recorran lo más relevante de sus trabajos, pero también, que el cruce produzca algo inédito para el disfrute de los presentes.

Por el ciclo ya pasaron, entre otros, Leo García + Fernando Noy, Ariel Minimal + Fabián Casas, Rosario Bléfari + Beatriz Vignoli y Palo Pandolfo + Tamara Domenech

SOBRE LOS ARTISTAS
Florencia FLOPA Lestani (Buenos Aires, 1974). Autora y compositora, cantante y guitarrista, integró en sus comienzos como bajista el power trío femenino Mata Violeta. Al frente de su grupo Barro comenzó a dar forma a sus propias canciones, que serían fundacionales para el proyecto colectivo Flopa Manza Minimal (2002), junto a Mariano Esaín y Ariel Minimal, que acaban de reactivar con una gira nacional. A partir de entonces se presenta como solista, y ha publicado dos discos: Dulce fuerte grave (2004) y Emoción homicida (2008).
Roberto Malatesta (Santa Fe, 1961). Ha publicado los poemarios Las Vacas y otros Poemas (1994, premio Municipal de Santa Fe) y Por encima de los techos (2003, premio José Pedroni), entre otros. El próximo será La nada que nos viste, ganador también del premio Pedroni. Colabora con reseñas y poemas para el diario El Litoral de Santa Fe y la revista de poesía Fenix. Dirige talleres literarios en las ciudades de Santa Fe y Reconquista, este último dependiente de la Universidad Nacional del Litoral.


El último libro de Malatesta: "Cuaderno de no hacer nada" sigamos enamoradas, 2009.

sábado, septiembre 11, 2010

miércoles, septiembre 01, 2010

Nuevo Libro de Diego Bentivegna





Felicitaciones Diego!!!!

Semana Romana 2.-

¿Adónde llevan tus huesos como tablones de hule?
Nadaban en mi sueño, tus huesos celestes que quise
doblar, pero no se doblaban. Era absurdo. Sí,
dice Cristóbal, es absurdo querer encorvar la vida a
cierta altura ¿Los llevan a Turrialba, acaso? Soñé que
las alas de tu avión iban cerca de la divisoria, la
rozaban como si no supieran que allá es Chile y
en cambio, hay que asentir: me estoy desplomando.
Se acerca la estación del tejido, cuando es costumbre
trenzar y llorar ¿Turrialba o Puntarenas? Mi amor
era una cresta dura ¿No es verdad, Cristóbal? Sí, lo era,
hasta que se desbordaron las aguadas y ella
se dio por aludida. Iba bien, Augusto, iba muy bien,
pero el río encharcó Bellavista y sólo los jóvenes
se salvaron. Sólo los que huimos hacia el J. Cruz.


Cecilia Romana nació en Buenos Aires en 1975. Publicó: Flota, hangares y otros trabajos mecánicos, 2004; Duelo –en colaboración-, 2005; Aviso de obra, 2008 (Premio de Poesía Iberoamericana Sor Juana Inés de la Cruz, México, 2006); No lo conozcas, 2007 (Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines, México, 2006). Bajo su curadoría, el sello Sigamos Enamoradas, del que es editora, publicó la antología de poesía argentina Hotel Quequén, en 2006, y la antología de narrativa nacional Hotel Quequén II, en 2008. Sus poemas han sido traducidos al francés en Canadá (Exit) y Bélgica (Maison de la poésie). Colabora con varias revistas nacionales y extranjeras. Es licenciada en Artes y Ciencias del Teatro.
Los poemas de la presente selección pertenecen a su libro Un asunto tristísimo.



Feliz cumpleaños, Romanita!

sábado, agosto 28, 2010

Semana Romana 1.-



Es que lo ibas trazando, aunque no quisieras,
los libros que me gustan, los versos de Elytis,
o el poema “Tanto soñé contigo”. Como si me
hubieras apretado el pulgar y más tarde, en el hall
de un hotel de Santiago: no, perdón, me fui de boca,
me fui de boca... Y las culebras, al acabarse
la lluvia, se retuercen en el limo.

No te olvides de tu ahijada ¿Acaso no pensaste:
ella me guía,
no soy yo quien agita el timón delante de los cerros?

Oí el estertor de las líneas aéreas. Ya serán
tiempos mejores. Como las hijas de Milton,
volví a mi tierra con las manos vacías.

Cecilia Romana nació en Buenos Aires en 1975. Publicó: Flota, hangares y otros trabajos mecánicos, 2004; Duelo –en colaboración-, 2005; Aviso de obra, 2008 (Premio de Poesía Iberoamericana Sor Juana Inés de la Cruz, México, 2006); No lo conozcas, 2007 (Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines, México, 2006). Bajo su curadoría, el sello Sigamos Enamoradas, del que es editora, publicó la antología de poesía argentina Hotel Quequén, en 2006, y la antología de narrativa nacional Hotel Quequén II, en 2008. Sus poemas han sido traducidos al francés en Canadá (Exit) y Bélgica (Maison de la poésie). Colabora con varias revistas nacionales y extranjeras. Es licenciada en Artes y Ciencias del Teatro.
Los poemas de la presente selección pertenecen a su libro Un asunto tristísimo.

domingo, mayo 30, 2010

Bomb plan

martes, mayo 11, 2010

Panorama literario argentino, hoy

Mesa redonda: Panorama literario argentino, hoy
Lunes 10 de mayo – 16:30 – Sala Domingo F. Sarmiento
Mesa de las provincias
María Rosa Lojo (Novela histórica y microficción) y Cristina Piña (Nuevas poetas). Coordina: Rosa Majián.
36ª Feria Internacional del Libro

Si he elegido hablar de las nuevas poetas, así, en femenino, es porque entre las mujeres nacidas aproximadamente entre 1975 y 1965 se ha dado un fenómeno que hacía bastante no se daba en el panorama poético argentino. En efecto, además de que, como sucede con casi todas las generaciones, ha surgido un conjunto de jóvenes poetas de muy alto nivel, provenientes no sólo de Buenos Aires sino de varias provincias argentinas, las cuales han sido reconocidas tanto en el país como en el exterior a través de premios nacionales e internacionales, han logrado establecer entre sí –sin llegar a constituirse en un grupo homogéneo en razón de sus estéticas divergentes y sus diferentes vinculaciones dentro del ámbito literario- vínculos y relaciones solidarias que las hacen coincidir en torno de editoriales, espacios de encuentro, ciclos de lecturas, antologías y presentaciones. Y lo han hecho a partir de una actitud de apertura y contacto que resulta llamativa y loable, sobre todo cuando recordamos los enfrentamientos por espacios de poder –más o menos cruentos, más o menos políticamente pautados- que caracterizaron a gran parte de los grupos anteriores, tanto los que corresponden a mi generación como aquellos un poco posteriores, como es el caso de los reunidos en torno de Diario de poesía, Fénix y Último reino.
Por otra parte, si este grupo está formado exclusivamente por mujeres, digamos que, en rigor, ello no se debe a que, en una actitud principista, “las chicas” se hayan apartado de entrada de “los muchachos”. Como lo demuestran el gesto editorial y el acontecimiento público que sirvieron como uno de los factores de convergencia de las nuevas poetas, la antología de poetas jóvenes Hotel Quequén –con la que se lanzó la editorial Sigamos Enamoradas y que se presentó en la playa de Quequén, en el marco del encuentro Poetas en la arena- tenía mayor número de poetas varones que de mujeres. Sin embargo, las que siguieron juntas fueron las mujeres que figuraban en dicha antología, las que después publicaron en la editorial y otras poetas con su propia trayectoria anterior, que se les sumaron tanto por la convocatoria del encuentro como por otras actividades compartidas, mientras que “los muchachos” siguieron dedicándose a sus cosas, sus textos y sus proyectos estrictamente personales e individuales.
En cambio, la coincidencia de las poetas talentosas y de estéticas diferentes a las que me quiero referir y que son Cecilia Romana, Mercedes Araujo, Carolina Esses, Marina Serrano, Claudia Masin, Florencia Walfisch, Ana Lafferranderie, Elba Serafíni y Paula Jiménez, parte de una voluntad de hacer cosas juntas que se fue configurando a partir de una serie de coincidencias que se apresuraron a capitalizar.
Quizás todo haya comenzado con la publicación sucesiva de los respectivos primeros libros de poesía de Mercedes Araujo en 2003 y Cecilia Romana en 2004 en la colección Fénix de la editorial cordobesa El Copista, hecho que determinó que se conocieran. O tal vez con la amistad entre Cecilia Romana y Marina Serrano, en un ámbito externo a la poesía pero que las llevó a hablar sobre los libros que les gustaría escribir y editar. O, por qué no, en la coincidencia entre Mercedes Araujo y Carolina Esses en un breve taller de poesía, donde también se pusieron en contacto con Florencia Walfisch y Ana Lafferranderie.
Sea como fuere, de esas convergencias surgieron diversos fenómenos grupales, el primero de los cuales, cronológicamente, fue el libro Duelo firmado por Mercedes Araujo, Carolina Esses y Cecilia Romana en 2005 y publicado en Ediciones en Danza. A él le siguieron las reuniones que comenzaron a hacer cada vez más seguido Cecilia, Mercedes y Marina, en las que hablaban, a partir de su experiencia, de lo difícil que era publicar poesía o conseguir libros excelentes y agotados y que terminaron de motorizar la idea de crear una editorial, precedida por una serie de reuniones de lectura de poesía en casas privadas a las que denominaron Fabulosa lampalagua y por las que pasaron diversos poetas.
Lo interesante del proyecto fue que, al estar planteado desde esa actitud abierta y de convocatoria más allá de grupos y grupúsculos, produjo un fenómeno de convergencia mucho mayor y poéticamente más rico que la mera reunión de un grupo de escritoras amigas, así como permitió que se decantara el núcleo de poetas que hoy me ocupa, en el que terminaron no incluyéndose los “muchachos” por la propia dinámica de imantación y solidaridad que reunió a las chicas.
Porque cuando Cecilia Romana, Marina Serrano y Mercedes Araujo pensaron el primer libro para su editorial Sigamos enamoradas, se decidieron por una antología que reuniera a poetas nacidos entre 1964 y 1979 a la que llamaron Hotel Quequén y que incluyó textos tanto de autores consagrados como poco conocidos Entre estos últimos, deliberadamente seleccionaron a poetas del interior que estaban fuera del circuito de Buenos Aires y desarrollaban una escritura más solitaria, sin pertenencia a ningún grupo. Asimismo, como lo señalé, fueron muy generosas con los muchachos, al punto de incluir a nueve, mientras que sólo entraron seis escritoras, Andi Nachón y Cecilia Milone además de Mercedes, Carolina, Cecilia y Marina.
Similar apertura se dio en la convocatoria al encuentro Poetas en la arena en Quequén –del que hubo una segunda edición en 2008- donde se presentó la antología y se lanzó la editorial, y a la que fueron muchos y muchas poetas que si bien no estaban en la antología, ya se habían acercado a las fundadoras o quisieron acercarse a ellas.
Y así comenzó un proceso cuya dinámica resulta difícil de sintetizar pero que incluye, por un lado, entre 2006 y 2008, la publicación de diversos libros en Sigamos enamoradas, de los que me interesa destacar los dos de Marina Serrano y los de Ana Laferranderie y Elba Serafíni; las presentaciones y lecturas -no sólo de autoras editadas en Sigamos enamoradas sino de otras y otros muchos poetas- en la librería Fedro, cuyo ciclo de lecturas organizan Ana Laferranderie y Florencia Walfisch y, por fin, la coincidencia en la recepción de premios y menciones en concursos organizados en Latinoamérica y Argentina, fenómeno que en rigor comienza antes.
En efecto ya en 2004 Florencia Walfisch recibe en México el Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines, que en 2006 recae en Cecilia Romana, quien ese mismo año merece otro premio mexicano, el de Poesía Iberoamericana Sor Juana Inés de la Cruz. En otro sentido, tanto Mercedes Araujo como Paula Jiménez se vinculan también con México, ya que en 2007 representaron a la Argentina, la primera en el Festival de Poetas del Mundo Latino y la segunda en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Por tales coincidencias, en 2007 hubo una lectura de las cuatro poetas en la Embajada de México en la Argentina, a las que les sucederían –incorporando a otras escritoras además de las que he nombrado- diversas lecturas bajo el auspicio de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, especialmente en los ciclos de verano.
Por su parte, también en 2007 Marina Serrano recibió una mención por su primer libro, Formación hospitalaria en el II Premio Internacional de Poesía Revista Prometeo para Libros Publicados en Lengua Castellana de Medellín (Colombia) y Florencia Walfisch, a su vez, recibió la primera mención en el VI Premio Latinoamericano de Poesía Ciudad de Medellín por su segundo libro –todavía inédito- No puedo sino esto.
Acerca de los premios argentinos, Marina Serrano obtiene una Mención del Fondo Nacional de las Artes en 2006 y Cecilia Romana el 2º Premio del Fondo Nacional de las Artes en 2008.
Llegamos así a 2008, en que surge una nueva editorial, Abeja reina que reúne –de las poetas aquí citadas- a Claudia Masin, Paula Jiménez y Mercedes Araujo –las dos primeras provenientes del taller de Diana Bellessi y que editaron su primer libro en editorial Nusud- y donde publican Paula Jiménez su quinto libro, Ni jota, y Mercedes Araujo su tercero, Viajar sola. La labor de las tres, asimismo, está reconocida por premios, y así tenemos que Claudia Masin –chaqueña y residente en Buenos Aires desde 1990- obtiene el Premio español Casa de América de Poesía Americana en 2002 por el libro la vista y en 2004 una Mención del Fondo Nacional de las Artes por Abrigo, que será su quinto libro publicado. Paula Jiménez, por su parte, obtiene en 2003 una mención del Fondo Nacional de las Artes; en 2006 el Hernández de Plata en poesía y en 2008 el 1º. Premio Fondo Nacional de las Artes, al margen de otros premios de prosa que no menciono aquí. Por fin, Mercedes Araujo, recibe en 2009 el 3º Premio del Fondo Nacional de las Artes.
Para terminar el panorama general de las coincidencias de este conjunto de escritoras y antes de detenerme mínimamente en los rasgos de sus respectivas obras, me parece importante mencionar la colaboración de gran parte de ellas –Florencia Walfisch también en su vertiente de artista plástica- en la revista Ventizca de Guadalupe Wernike y Verónica Schkolnik, poetas ambas también asociadas a la editorial Abeja reina, y la publicación de los últimos libros de tres de las nueve poetas en la editorial Bajo la luna. En efecto, Claudia Masin edita Abrigo en 2007, Paula Jiménez Espacios naturales en 2009 y Carolina Esses Temporada de invierno también en 2009, libro éste que fue finalista en el Concurso de poesía “Olga Orozco” de la Universidad Nacional de San Martín en 2008.
Cuando comencé esta revisión de la trayectoria del conjunto de nueve poetas en el que me he centrado, dije que la convergencia y la solidaridad que las caracterizaba iba más allá de las diferentes estéticas individuales. Y sin duda, no sería posible trazar una estética común a todas ellas, ya que frente a la articulación de niveles muy diferentes de lengua y una experimentación formal y lingüística constante que se percibe en la poesía frontal, potente y recorrida por la ironía de Cecilia Romana, que puede oscilar entre el poema en prosa de corte narrativo y un poema marcadamente ritmado y casi oral, se recorta la progresiva decantación lingüística de Claudia Masin, cuyo tono poético va adquiriendo una creciente intimidad y delicadeza en sus últimos libros, donde la voz no traza como un pincel casi impresionista las imágenes cinematográficas que caracterizaban a su libro premiado en España, la vista, sino que se vuelve sobre el repliegue más secreto de la subjetividad. También marca su especificidad frente a las dos anteriores la poesía de la mendocina Mercedes Araujo en la que se destaca la riqueza de imágenes de notable nitidez y singularidad, un lenguaje cuidado a la par que transgresor, que explora zonas secretas de la sensibilidad, y un inquietante juego de metamorfosis en el que la subjetividad femenina entra en asombrosos devenires animales a fin de conquistar su condición, más allá de las heridas de la experiencia. De igual manera, no es fácil encontrar puntos de contacto entre la pericia para levantar vuelo poético a fuerza de una sintaxis cargada de energía y de un uso a la vez coloquial e insólito del lenguaje, tras insertar las palabras menos líricas y aparentemente más difíciles de incluir en un poema, provenientes de la jerga anatómico-kinesiológica, que le da su textura peculiar y renovadora a la poesía de Marina Serrano y, por un lado, los ritmos quebrados y jadeantes, transgresores de la sintaxis y marcados por una materialidad y una sensualidad en las antípodas de lo intelectual, que unidos a una sucesión de imágenes de enorme riqueza visual y atmósfera onírica rigen los poemas o el largo poema fragmentario que constituye Sopa de ajo y mezcal de Florencia Walfisch o, por el otro, los poemas de Carolina Esses, que se apoyan más en lo no dicho que en lo explícito, en las sugerencias que abren sus imágenes asociadas por un lado, con lo natural, pero que por otro pueden derivar hacia una especie de surrealismo controlado y cotidiano, así como en una tonalidad escueta y conmovida que va enhebrando sus poemas junto con la metáfora del invierno. Similar confrontación se da entre la calma tensa que transmiten los poemas de Elba Serafín, cuya serenidad está como rodeada de peligros más o menos inminentes y cuyo lenguaje se mantiene en un deliberado tono menor que por momentos se inmiscuye en lo onírico, y el lirismo ascético de Ana Lafferranderie, quien parece convocar la voz y la mirada de la niña que fue para darle cuerpo poético a la infancia, recobrada en cada uno de los poemas de El cielo tácito y en el sutil erotismo del conjunto. Y lo mismo ocurre con el lenguaje medido y a la vez de singular fluidez de Paula Jiménez, cuyos poemas extensos y organizados en series demuestran un acabado dominio de la frase poética, que se desarrolla articulando de tal forma descripción y reflexión que se construye una atmósfera a la vez llena de significación y leve, donde se conjugan palabras cotidianas y refinadas, las cuales van construyendo imágenes que permanecen largo tiempo en la mente del lector por su nitidez y felicidad.
Sin embargo, más allá de las diferencias estéticas y de las coincidencias en cuanto a la vocación de hacer las cosas juntas, creo que hay algo que las hermana profundamente: una forma de entender la poesía que, sin caer en gestos extremos, implica asumirla como una vocación irrenunciable, como una forma de identidad que no tiene que ver ni con la fama ni con la circulación mediática sino con la lenta construcción de la propia voz, en ese diálogo incesante de la lectura y la escritura, del descubrimiento de nuevas o antiguas voces que alimentan y afilan la nuestra.
Sí, seguramente esa conciencia aguda del sentido de la poesía así como una similar conciencia de su condición de mujeres sea lo que les ha permitido recortarse como un fenómeno generacional, cuya propia dinámica potencia la producción de cada una, reflejada, apoyada, confrontada, facilitada y sustentada por la de las otras.
Como no es posible por cuestiones de tiempo leer poemas de las nueve escritoras, para cerrar estas palabras he elegido dos muy breves, que en el momento de su lectura me impresionaron de manera especial:
Del libro Abrigo de Claudia Masín escrito a partir de las Cartas y Diarios de Katherine Mansfield:

Descanso de mí como ciertas flores del desierto,
arrancadas del tallo, descansan en la arena:
sin esperar nada, ni la lluvia ni la muerte.

Del libro Viajar sola de Mercedes Araujo:

Viajar sola
La travesía no será aliviada.
Nací entre montañas, persigo la hierba
y ansío el desierto.
El desierto iguala a los peregrinos.

¿Y a las peregrinas?
A las peregrina nos mueve la luz
que se desplaza.


Nada más. CRISTINA PIÑA

sábado, mayo 08, 2010

A la feria...

Lunes 10 de mayo 16 – 18

Feria internacional del Libro – Sala Sarmiento

Mesa redonda Las nuevas escrituras (María Rosa Lojo – Elsa Drucaroff –Cristina Piña)

Cristina Piña- Las nuevas poetas

martes, mayo 04, 2010

Felicitaciones Mercedes Araujo!!


Por tu tercer puesto en el
Concurso de poesía del Fondo Nacional de las Artes!!!!

Subí un adelanto!!

miércoles, abril 14, 2010

Felicitaciones Romana y Carlos!!

Hoy, 14 de abril de 2010, en Santa Fé, nació Roma Bernatek, hija de Cecilia Romana y Carlos Bernatek.
Preciosa, sana, y enamorada de la vida.

Felicitaciones!!
Sigamos Enamoradas!!!!

lunes, marzo 08, 2010

Diego Bentivegna / Osvaldo Bossi

Feliz Cumpleaños, Diego!

Feliz Cumpleaños, Osvaldo!


Salud y libros para ustedes!

Adrián M. Sanchez en el CCC.


 

Dicen que no es bueno
manchar con sangre las paredes.

Lo dicen los amigos
psicólogos y médicos
lo dice la familia
y quienes se consideran limpios
por inciertos vínculos rituales
entre truenos
cruces
y corderos.

Cada noche
yo huelo de rodillas
la sangre salida de tu vientre
y que adorna la pared
contra la que mi cuerpo descansa.

Dicen que no es bueno
que haya sangre fuera de los cuerpos.

Pero las cosas son así.


Adrián Martín Sánchez

Este jueves 11 de marzo de 2010, a las 19 hs.
continuamos las reuniones de lectura
en una participación dentro del
"Ciclo de Ciclos"
del Centro Cultural de la Cooperación

sábado, marzo 06, 2010

malatesta malatesta malatesta


Con algo de frío llego al final del patio.
Me siento al sol, de espaldas a la casa, a contemplar
los malvones que crecen junto al muro.
No tarda el sol en calentar mi cuerpo,
decido quitarme las zapatillas
y apoyar mis pies sobre la hierba mullida.
Pronto los malvones son más bellos.

Roberto Malatesta, No importa el frío. Ediciones el arca del sur.

más malatesta en Eterna Cadencia, Fedro, Norte...

miércoles, febrero 24, 2010

El sapito de oro


El sapito de oro
Otra vez me deslizo por la caverna fascinante de múltiples helechos. Aguas termales de sus fuentes amparan mi desnudo desamparo. Arrullan los cantos repetidos del dulce gotear. Sorbo, chupo, chupeteo y la calma. Pero un aire fino corre, ulula, revuelve convocantes aullidos de sirenas recónditas.
Necesito buscar el sapito de oro que se esconde en los fondos, talismán del juego que me diera mi madre para no sucumbir en la derrota. Me enredo en la pelambrera suave y viscosa del musgo. Desespero en la boca misma de la gruta abierta hacia la nada honda, y trastabillo una vez más. Me hundo en los verdes quejidos de una noche violeta y sin voz, sólo el vértigo de constelaciones que ignoro, como miríadas de ojos que ven hasta mi infancia. Me enarco en la delicia de ser sabido por mi nombre y caigo y caigo y caigo hasta la muerte, hasta el apoyo de tu mano en mi nuca que me detiene ante el abismo, cuidadosa, y me dice que él –el indefenso sapo que te di en esa tarde distraída- nuevamente me perdona la vida hasta mañana.

Graciela Perosio. La vida espera (Ediciones del Dock)


Libros de poesía:

Del luminoso error. Bs. As., 1982.
Brechas del muro. Bs. As. Libros de Tierra Firme, 1987.
La varita del mago. Bs. As. Libros de Tierra Firme, 1990.
La vida espera. Bs. As. Ediciones del Dock, 1995.
La entrada secreta. Bs. As. Grupo Editor Latinoamericano, 1999.
Regreso a la fuente. Bs As. Del Copista (Córdoba) 2005.
Sin Andarivel. Del Copista

lunes, febrero 22, 2010

para leer...

La Biblioteca de Marcelo Leites
http://ustedleepoesia2.blogspot.com/2010/02/por-encima-de-los-techos.html
http://ustedleepoesia2.blogspot.com/2010/02/la-diastasis-de-las-tibias-largas.html

El blog de Pablo Anadón
http://eltrabajodelashoras.blogspot.com/2010/02/diario-del-traductor.html

miércoles, diciembre 16, 2009

Encuentro con Chirom

“Deseché las respuestas para quedarme sin preguntas / estoy golpeando las puertas del cielo”

La sala está llena, hace un rato alguien me dijo: nadie tiene ganas, lo que se dice GANAS, de ir a un homenaje, uno va por la gente, por agradecimiento, uno hace lo que tiene que hacer” Le faltó decirme que uno después no se arrepiente de haber ido, es más, hasta se siente feliz de reencontrar aquello que lo vinculaba, que lo vincula, descubrir que la trama que sostenía el cariño sigue armada, la trama se sostiene por sí misma en una pared de poesía.

“Que en cada oración / encuentre mi reino”

León Gieco canta una canción que le gustaba a Daniel, dice: “todo está cargado en la memoria” Pide por favor que no aplaudan al cantante, una o dos personas lo hacen, supongo que llegaron tarde.

“Todo recomienza /el que ama se pierde”

Delia Pasini dice que Daniel significa: Él que trasmite la voz de los demás. Y cuenta cosas, cuenta cómo en Bartolomeo Daniel entonó un poema de candelabros, cómo se emocionó (no contó que me dio la oportunidad de mostrar mi arrepentimiento y conocer la verdadera grandeza de su alma) Daniel decía: un solitario muro delata nuestra intemperie. Lo recuerdo muy bien, mi amiga había conocido al padre de su hija en esos días.



“Las puertas de lo invisible / Son visibles”

Jorge Aulicino recordó, así como de-repente o porque lo recordó nomás o vaya a saber por qué, palabras de Raúl Gonzales Tuñón: “Decir he conocido es decir algo ha muerto” y también dijo Aulicino: compartimos la misma aventura literaria aunque no habitamos las mismas corrientes. Daniel me impulsó a acompañarlo en un bar de San Telmo, “la peluquería”, en los últimos años de la dictadura… era una suerte de respiradero.

“Es necesario renacer / donde el corazón yace”

Aulicino recordó la forma democrática en que se movía, y agregó: Voy a leer el réquiem para Philip Marlowe; como no encontré el libro en la biblioteca de mi casa, lo busqué en internet donde descubrí que es popular.

“Los amantes carecen de sombra”

Delia Pasini leyó un poema inédito de Daniel, sólo anoté versos salteados (no soy un grabador humano, tengo el defecto de quedarme estacada en la línea) Decía:

“…que la poesía es el arte de curar las heridas… Todo aquello que sucede, me sucede… Sólo a partir del afecto puedo… Ninguno de mis poemas tiene menos de 60 versiones… Un nuevo poema es un nuevo ser en el mundo… la poesía no sirve, la poesía es”

“La poesía ES” Así terminó el homenaje protocolar, el encuentro siguió, las palabras machacan como dolores de cabeza. Me voy como quien no quiere la cosa, no digo nada, ni chau siquiera, voy a seguir creciendo, es la mejor forma de agradecer (le)

“Soy un atrio de recuerdos /un hábito de mí mismo / el ritmo que franquea el sentido”

viernes, diciembre 11, 2009

Homenaje a Daniel Chirom


miércoles, diciembre 02, 2009

El Ella Real -un poema y las reflexiones de mi gata



El sueño de Laura

Ahora, a dieciséis años de no escupir al caminar
A dieciséis de no mear en los potreros, ahora que
El Lito espera un hijo, que Haroldo va por el
Segundo; ahora que el Preso se mudó y no lo
Veo; ahora, que caigo en la cuenta de que al Rodi
Hace diez años lo mataron dos veces: la primera
Por error, la otra jugando; ahora, que no puedo, que
No puedo: al barrio no vuelvo por miedo a mí
Mismo, porque ahora el chico es un ilustrado que
Asiste a la academia y evita ensuciarse los zapatos; ahora
que la licenciada en ciencias psicológicas Erzetic Paula
Diagnosticó neurosis, y el psiquiatra no se pone de acuerdo
Con la enfermedad y la droga para la cura; ahora, que es
Un intelectual convertido, un converso pibe del barrio Colón
Que antes escupía y meaba el portón de cualquier vecino, ahora
Que sufre porque de las palabras no se vuelve: el siete de octubre
Laura soñó le decía: no quiero más esto, Laura, no quiero más esto.

Ignacio Uranga
de El Ella Real (Hemisferio Derecho ediciones)






Opinión de Trilce (no el verso sino la gata)


Encontrarse con un libro en la puerta de la casa es la felicidad completa. Un momento de felicidad sin parangón, extático, orgásmico, que sólo entienden los amantes de los libros así como entienden los sádicos el arte de distribuir presupuestos y los masoquistas evitan los desvíos ante un accidente callejero. Ayer el cartero llegó con su Honda 100 y (como había pasado por casa el día anterior y la película no me gustó) decidí abrir la puerta antes de que llame por segunda vez. El libro. Firme aquí, por favor. Romper el sobre, abrir el libro, un poema y listo. Atrapado sin Salida (esta película no la vi, pero hay cosas que se pegan y no voy a compararlo con nada) Es un libro que no se puede comparar. Freidemberg lo dice mejor que yo, bueno, Freidemberg lo dice: No creo haber visto, entre lo que se escribe hoy en la poesía Argentina, una poesía más lúcida que la de Ignacio Uranga, o, para decirlo con otras palabras, más realista. En el mundo de los gatos, yo soy bastante reflexiva, me la paso tirada en el sillón, leyendo y rascándome cuando lo considero necesario, creo tener algún tipo de autoridad para opinar sobre el tema: no se pierdan este libro.

lunes, noviembre 30, 2009

En el orden de lo compartido

Por Diego Bentivegna

“El libro de los celos”, de Cecilia Romana. Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2009.
La primera pregunta que plantea “El libro de los celos”, poemario de Cecilia Romana que obtuvo el segundo premio del Premio Fondo Nacional de las Artes 2008 y que acaba de publicar Ediciones en Danza, es la pregunta acerca de las condiciones de la escritura o, mejor, acerca del surgimiento de lo poético. “No soy Frost, que de una manzana hace un poema”, dice uno de los versos del libro. Para Romana, escribir no es exactamente un modo de observación de uno mismo, de exploración interna de un yo (un trabajo, en fin, estrictamente lírico), ni tampoco un ejercicio de vaciamiento, de espera y de observación objetiva del mundo. Por el contrario, escribir parece ser un trabajo de elaboración de un sujeto, de transformación, de constitución de la palabra en relación con una experiencia.
Esa “experiencia” en “El libro de los celos”, tiene un doble rostro. Es, en principio, la convivencia matrimonial, de proyección de una comunidad amatoria, con sus tensiones y con sus conflictos, con sus convergencias y desequilibrios (“rogaba por / San Bailón, por la Cascia, por Tours, que / no se te escapara la palabra “montonero’ en / casa”). La pregunta por la escritura se configura, en este sentido, también como una pregunta acerca de la posibilidad de construir algo del orden de lo compartido: la pregunta, si se quiere, por la comunidad. No por la comunidad de los ausentes o la comunidad de muerte, la comunidad de la distancia expresada en los ecos sombríos de Tristán e Isolda que encontramos en la línea de los pensadores comunitaristas desde Georges Bataille hasta Maurice Blanchot o Jean-Luc Nancy, sino la pregunta por la comunidad de los presentes, la pregunta por el matrimonio, que supone la presencia corporal del otro. Que supone el amor, también, a un cuerpo.
El poemario es, a la vez, elaboración de la experiencia de la distancia. Hay como un aire de enrarecimiento que campea sobre estos poemas, un aire que se entrama con la extrañeza y con el surgimiento, en algún lugar, de lo cotidiano y, al mismo tiempo, de lo extraño. Como en un relato de Silvina Ocampo o en una película de Polanski, la casa es el lugar en que se vive pero que, en cierto punto, plantea algún tipo de distancia con respecto al habitar, algún resto inhabitable (“el inquilino anterior tocaba el piano eléctrico. / Instaló enchufes por todas partes. La mayoría funciona”). La pregunta es ahora: ¿hasta qué punto este lugar puede ser del todo habitado; hasta qué punto la escritura de estos poemas no es, precisamente, la escritura de un hiato entre el lugar cotidiano de la vida conyugal y el lugar ajeno, en algún punto hostil, de la vida?
Este hiato se escribe proyectando una forma. El verso de Cecilia Romana es, en este sentido, un verso cortado, un verso tensionado por el corte sintáctico brusco y por la distribución imprevisible de los silencios, como si la cesura, la distancia de la voz, el vacío en el que el verso respira, tendiera a desplazarse siempre un poco más adelante.
La respuesta formal de Romana es una respuesta irreductible a las líneas más difundidas de la poesía que se escribe en la Argentina en estos años. No es la respuesta fácilmente estridente, la respuesta que desconfía de las posibilidades de la métrica para pensar en un ritmo absolutamente intuitivo, manifiestamente disforme, como aparece en gran parte de la poesía de los 90 y en sus epígonos. No es tampoco la respuesta formalista, pura, anquilosada en un verso medido con escrúpulo, que pueda adoptar a veces los rasgos de la parodia de una tradición perdida. El verso de Cecilia Romana es un verso que busca su forma en la exploración de un aliento largo, en la exploración de una dimensión del decir poético que se apoya en cortes internos y que discurre en medidas algo más extensas, en versos de trece, de catorce y hasta de quince sílabas. Es, pues, un verso de largo aliento, con momentos de hexámetro latino (“La ventana de nuestro cuarto da a un patio interno”), el verso elegíaco de amor y de recuerdo, de distancia y ausencia.
La poesía de “El libro de los celos” no es ni lirismo concentrado ni objetivismo encandilado por la fuerza de lo real inexpresable que destruye los ojos, sino ascesis, conocimiento de sí, comunidad.

http://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2009/11/28/arteyletras/ARTE-02.html

lunes, noviembre 16, 2009

Elba Serafini en el Mocca


Elba Serafini, Julia Magistratti, Verónica Viola Fischer y Charpentier, el sábado en el Mocca.



Oruga o mariposa
te quedás adentro o afuera.
Afuera está el mal, me advirtieron
pero no les hice caso
y desplegué las alas más buscadas
por los coleccionistas.


La primera vez que crucé el Río de la Plata
la embarcación
con asientos de madera
hacía su último viaje.
El sol blanqueaba el agua
al nivel de las ventanas
y una muchacha negra
me hablaba, entre pasajeros
con grandes bolsos.
El viaje transcurrió
asombrosamente plácido.
En el puerto transbordamos a un micro
y la geografía fue
una ruta eterna.
¿Cómo saber cuándo se llega
a un lugar desconocido?
El hotel recién pintado
con balcones celestes
como mi vestido
de los veinte años.

(Era diciembre y era el viento).


Dinamarca, Elba Serafini (sigamos enamoradas)

También pueden encontrar los libros de Elba Serafini en ETERNA CADENCIA.

martes, noviembre 03, 2009

el jabalí

PRESENTACION DE REVISTA EL JABALI


La revista ilustrada de Poesía El Jabalí viene ocupando, desde 1993, un lugar destacado en el ambiente a fuerza del respeto por la mejor tradición poética y una constante apertura no sólo hacia poetas poco conocidos o injustamente olvidados sino también hacia nuevas expresiones.
Desde hace más de quince años El Jabalí es editada ininterrumpidamente gracias al esfuerzo realizado por su creador Daniel Chirom, quien falleció en diciembre del año pasado habiendo dejado prácticamente listo el número 19 de la revista.
El Jabalí inaugura una nueva etapa de de la publicación bajo la supervisión del Consejo de Redacción --compuesto por Roberto Raschella, Delia Pasini y Juan Pablo Bertazza--, que intentará homenajear el destacado trabajo de Chirom de la manera que él mismo hubiera querido: realizándola

El número 19 de El Jabalí será presentado el jueves 5 de noviembre a las 19 hs en el Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini (Corrientes 1543), espacio Juan L. Ortiz, sala Laks, 3er piso.

lunes, octubre 19, 2009

lunes, octubre 12, 2009

Horacio Fiebelkorn

El nacimiento de una ciudad

Fue William Harvey quien descubrió
la circulación de la sangre, y junto a ello
la idea de pensar a una ciudad
como un cuerpo humano, donde fluyen
aire, gentes y divisas para crecer.
Y fue Platner el que dijo que la sangre
era al cuerpo lo mismo que el aire
a la ciudad, y que cualquier clase de peste
se difundía en el éter y dejaba montañas
de muertos tras de sí. De ese modo explicaron
la epidemia de fiebre amarilla en Buenos Aires:
una atmósfera envenenada por la acción del Pampero
que arrojó a la ciudad gases nocivos
procedentes de materia descompuesta.
Tuvo que inventarse el ventilador.
Y nació, por lo mismo, el héroe médico,
dador de bienaventuranza, liberador del yugo
de las epidemias, combatiente de vanguardia
de una nueva era. Dijeron entonces que el aire
debe oxigenar las ciudades, cuyas calles
tendrán que ser rectas, paralelas, perfectas,
perpendiculares, sin huecos ni meandros
que lo desvíen o favorezcan huecos a las putas
u otras fuentes infecciosas, y muchos árboles
que serán los pulmones de un nuevo amanecer.
La salud, la belleza, el orden y el progreso
serán la misma cosa. El nuevo urbanismo
tendrá por armas el jabón, la vacuna y la
ventilación, y por estandarte la salud,
contra la incivilidad y la barbarie. Fue así
que se levantó la nueva ciudad, en la nada completa,
donde se puso la piedra fundacional
junto a un cofre lacrado lleno de objetos
de valor –un estetoscopio, una jeringa,
sondas, vendajes, chatas, papagayos, medallas,
monedas, vino- ceremonia que tuvo
por testigos, dicen, a las más altas autoridades
de la política y la salud, y a un grupo de indios
que no entendían nada, aunque se supo:
hubo sólo funcionarios de segunda línea,
no vino el presidente y tampoco los ministros,
y hubo que dar encargo de dibujarlos
en los retratos que luego se difundieron
ante la historia, la posteridad, las generaciones futuras,
etcétera, etcétera.