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viernes, octubre 24, 2008

Poesía de Valdelomar

Tristitia

Mi infancia que fue dulce, serena, triste y sola
se deslizó en la paz de una aldea lejana,
entre el manso rumor con que muere una ola
y el tañer doloroso de una vieja campana.

Dábame el mar la nota de su melancolía,
el cielo la serena quietud de su belleza,
los besos de mi madre una dulce alegría
y la muerte del sol una vaga tristeza.

En la mañana azul, al despertar, sentía
el canto de las olas como una melodía
y luego el soplo denso, perfumado del mar,

y lo que él me dijera, aún en mi alma persiste;
mi padre era callado y mi madre era triste
y la alegría nadie me la supo enseñar…

Abraham Valdelomar

lunes, septiembre 24, 2007

"La ciudad de los tísicos"




EL IMPERIO DEL SOL

Si cabe idealismo en el arte, venid a buscarlo en los huacos. Venid a admirar símbolos, a interpretar miradas, a leer historias trágicas. ¡Interpretad la risa de los huacos! No busquéis la intensidad filosófica en ellos entre los que representan mazorcas de maíz o imitaciones de pelícanos, como no buscaríais ahora el arte entre las baratijas de un bazar de mercado. Id más arriba. Buscad el arte “con vuestros propios ojos”.
¡La risa de estas figurillas de barro, la mirada de estos ojos sin luz, la actitud de estos hombres que luchan! No es una risa sana, definida, risa de pueblo feliz bajo el sol fecundante. Es una mueca enfermiza, un gesto de ironía. Es la parte de caricaturas de aquellas edades.
Un arte original, porque hay en él la escritura simbólica, el culto a la verdad y la caricatura filosófica. Estos hombres del Gran Imperio del Sol, no tuvieron pinturas, ni libros, ni monedas, no tuvieron teatro, de manera que sus pensamientos, sus deseos, sus creencias, sus amarguras, su alma toda la pusieron en sus huacos. Estos objetos de arcilla son, pues, obras de filosofía, piezas estatuarias, lienzos heráldicos, libros de historia. En casi todos la risa es el motivo de la fisonomía. La risa en todas las gamas, desde el gesto imperceptible como una insinuación dulcísima de Monna Lisa, hasta el gesto doloroso y torturador de las grandes bocas abiertas que ríen a pleno pulmón, con sus dos filas de dientes enormes.


(Fragmento) Abraham Valdelomar


sábado, agosto 18, 2007

Nadie desearía morir como Valdelomar



La ciudad de los tísicos (fragmento)

La mirada de los ojos blancos

El huaco representa a un indio sin arreos, sin distinciones, sin aros en las orejas ni penachos en las sienes. Apenas tiene su ordinaria "uncju pacha" sobre los hombros que le llega hasta los muslos. Él está sentado, los brazos y las piernas cruzadas y la cabeza inclinada hacia abajo. Una gran semejanza en la actitud con los budas colosales y en la mirada algo del Pensador de Rodin. Pero los ojos son blancos, sin pupilas, como las estatuas griegas. La arcilla roja que da su color de carne es pintada de blanco en lo que imita el traje y en el blanco natural de los ojos y los dientes. Esta cabeza se ríe con su grande bocaza abierta y sus enormes dientes de caricatura. Pero la risa muere en los labios, porque la expresión del blanco de los ojos, perdidos bajo la frente inclinada, es trágica. Expresión de dolor inmenso, de impotencia fatal; el hombre ríe porque no puede o no debe llorar, pero lo hace comprender. En esa cabeza, y en esa actitud se está desarrollando una crisis psicológica.
La escena íntima, "se ve", se comprende, se interpreta. Y el pobre indio. Mira, piensa, medita, bajo su risa descarada y sus ojos trágicos.


Abraham Valdelomar Pinto
(Pisco, Ica, 15 de abril de 1888 - Ayacucho, 2 de noviembre de 1919) Narrador, poeta, periodista, ensayista y dramaturgo peruano.