Lo apócrifo no es lo falso
Los poemas no se resuelven en un abstracto discurrir por tales rumbos. Lo carnal se evidencia en episodios infantiles en toda su violencia, en las desatadas pasiones: “uno de los niños”, dice el Evangelio del Pseudo Mateo, “hijo del diablo, obstruyó por envidia las salidas del agua y destruyó lo que Jesús había hecho”. De ahí pasamos al poema que pone de relieve el cuerpo, “la caída en los intestinos, el estómago/ el diafragma, pulmones que colapsan/ durante la penetración/ desnudos entre líquidos tibios”. Y más, las correlaciones evangélicas se anudan con aquello que remite a experiencia vivida en el diálogo entre lo aludido y la implantación de una primera persona que evoca en este marco su propia historia. Se cuela entonces otra narrativa ligada a la virulencia donde los elementos minerales juegan su partida con el cuerpo fraccionado en denominaciones médicas, en la mención de concretas sustancias, siempre encarnadas: “Apófisis espinosas y bífidas bajo un pie/ Contusión que sucedió”.
Ríspido, acicateado, el cuerpo resiste las incursiones de la destrucción: “No opinen sobre la vida, engendros.” O en la invocación reiterada: “Por qué Simón, llamado Pedro/ hiciste que el enemigo viviera dentro de mí”, continuada hasta el final de este trayecto por recabar alguna sabiduría. No otra cosa parece proponer este poemario, en su desnuda revelación, en una cima u hondonada que no se requiebra en la tranquilidad de una salvación asegurada, sino que por el contrario, parece exponer la fractura, la desesperanza y, sin embargo, la quieta presencia de algo que garantice su sentido. Y todo esto plasmado en cortantes imágenes, en apelaciones que a veces son denuesto y otras ruego, con una lengua decantada y ofrecida a la intemperie de lo que esos textos dicen y de cuánto queda inscripto en actos que son pasiones, que son sacrificio u ofrenda, que son pura materia viva.

Marina Serrano leyendo
Mariana Kosmal, traductora de "La diástasis..." leyendo.
Vicente Muleiro, presentando "Entrevero"
Susana Cella, Cecilia Romana, Adolfo Nigro, Daniel Freidemberg y Marina Serrano
Mesa: Chirom, Cella, Muleiro.
Susana Cella
Soledad Castresana